Teoría del Quantum, por Raúl Ocampo

Enviado por admin el Lun, 2008-05-26 19:16

El aprendizaje en muchas de las disciplinas no se da de manera fluida y continua, sino en especie de saltos y períodos de aparente receso. Es como si a uno le llegase de pronto un rayo y lo que antes, ayer, no podía hacer, de pronto se despertó hoy y lo puede hacer.

El célebre estudioso, porque no quisiera llamarlo ni psicólogo ni pedagógo para no limitarlo en toda su grandeza, Lev Semionovich Vigotski, sin quien la enseñanza moderna no pudiera entenderse, manifestó que estos saltos eran explicables dentro de un proceso físico como pedagógico.

Los entrenadores de ajedrez, disciplina en que estos saltos son prácticamente regla natural, le denominamos a este fenómeno, la teoría del Quantum.

El desarrollo del ajedrez es un camino de picos y mesetas, donde pareciera uno ir en un carro no con ruedas circulares, sino ruedas “cuadradas”.

Avance, frenón, avance. Como para desanimar a cualquiera, porque en cada “receso” de ilimitada duración, surge la inquietud de que ya no haya un avance. Como podemos observar en muchos jugadores de la historia y de nuestro ámbito má cercano, sobran ejemplos de quienes tuvieron su avance y ya después de un receso no siguió otro, sino lo que continuó fue el retroceso.

Todos tenemos miedo de que el avance reciente fuese el último. La última carcajada de la cumbancha, como dijera el músico poeta Agustín Lara.

Esta serie de avances y recesos, ya lo expresé antes, no es particular del ajedrez, sino que se da en miles de situaciones del desarrollo humano. Lo vemos todos los días en niños que la noche anterior parecían que tardarían mucho en hablar y amanecen locuaces y parlanchines para volver locos de alegría a sus padres.

Se cumplió la teoría del Quantum.

Dicha teoría se explica de la siguiente manera: uno no avanza hasta que cumple el 100% de lo que necesita para pasar al siguiente nivel, esto lo vemos bien ejemplificado en los video juegos estilo Mario Bros. Si no juntamos todas las cositas, no “saltamos” al siguiente nivel. Si tenemos 999 de las mil necesarias, no pasamos a otro nivel. Es como subir escaleras, tenemos nuestro pie en un 90% del camino de pisar el siguiente escalón, pero sólo “saltamos” al siguiente escalón y subimos un poco más en la escalera hasta que el pie haya cumplido el 100% de la distancia entre el escalón en que estábamos y el siguiente hacía arriba.

Ahora, sabiendo como funciona la teoría del Quantum, nos quedará claro que tiene una máxima importancia saber que cosas suman el 100% de lo necesario para subir el próximo escalón, pues así sabremos lo que nos falta y no nos desanimaremos ni nos daremos por rendidos, como suele suceder al ignorar que tan lejos esta la cima.

Si escaláramos el Aconcagua, y desde donde estamos no vemos la punta, tal vez desistimos por ignorar que tanto nos falta y estemos ya muy agotados. Pero si supieramos que faltan diez metros, a lo mejor sacamos fuerzas de flaqueza y logramos la meta. Pero si no sabemos si faltan diez o mil, la zanahoria no está clara, y el burro ya se niega a caminar. Para que avance la bestia, es necesario que crea que la zanahoria es factible alcanzarla. La tiene que ver.

Es ese el problema con los estudiantes. No ven la zanahoria. Si yo ingreso al primer grado, puedo contar cuantos me faltan para ingresar a la Universidad, pero si nadie supiera cuantos años faltan para ingresar a la educación superior, tal vez después de ocho años, resignados de no llegar, y sin saber cuantos faltan, abandonamos los estudios. La incertidumbre de no alcanzarlos es la que mata los sueños. Si hubiera certezas absolutas, no se llamarían sueños.

Si yo a los 6 años comienzo a estudiar, se que tras unos 15 años, si lo hago regularmente, no brillantemente, sino simplemente, continua y fielmente, cumpliendo toda las exigencias de los profesores, obtendré mi título universitario. Pero si hago lo mismo, comenzando a los 6 años, nadie me garantiza que la FIDE, al cabo de 15 años, me otorgue un título de jugador. Uno de arbitro si, pero, me perdonen los árbitros, hay mas certidumbre en eso, aunque si se mete uno a la política… Así pasen veinte años, como dijera García Lorca.

Los que más se acercaron a establecer que tenía uno que hacer para pasar de un nivel a otro eran los soviéticos. Lograron establecer su fábrica de jugadores de línea, como en las franquicias de los McDonalds, se establecía la receta y los ingredientes y se trataba de llegar a un Sigma Seis, cero errores de carrera de vida. Lograron tal vez un nivel de tan pocos errores como un Sigma dos o tres a lo sumo. Lo que es un triunfo. Un error en miles.

¿Cómo establecer que tan cerca o lejos estamos de nuestro próximo salto de calidad? ¿O cómo estar seguros que habrá un avance y no un retroceso?

Ahí está la clave, pues ayudaría a no desanimarnos antes de tiempo. Pero el problema es que no se vale saberlo.

Cuando vemos esas películas en que un aerolito amenaza estrellarse en la Tierra y tienen precisado el minuto exacto en que millones perecerán, se ve como ante la sentencia reaccionan las personas.

La incertidumbre es la que mantiene andando el planeta. ¡Bendita Incertidumbre, porque sin ella no tendría caso tener fe!

Por supuesto que estoy de acuerdo que entre la fe, la esperanza y el amor, lo principal es el amor; pero aún para este, en todas sus versiones, debe estar presente la fe.

Vale que sepamos la mayor parte de cosas que debemos acumular para pasar a la siguiente etapa, pero es bueno que existan tantas variables que haya incertidumbre sobre cuanto nos falte para un salto de calidad.

En el ajedrez hay un buen grado de certidumbre, pero debe haberlo de incertidumbre. ¿Qué caso tendría realizar torneos, si supiéramos que es seguro que los que tengan mayor rating y título lo ganarían? Nos gusta contemplar esperando lo inesperado, la sorpresa de que un favorito sea superado por un “caballo negro”. Lo que interesa es la anormalidad. A lo cotidiano lo único que le pone la sal es la incertidumbre de algunas cosas. Gracias a la existencia de la paradoja, es imposible preverlo todo y tenemos, humildemente, que invitar a la incertidumbre a nuestras vidas, lo que da la oportunidad a que tengamos fe.

Ahora que tenemos la obligación de hacer que la incertidumbre sea la menor posible. Para esto, antes que nada, debemos monitorearnos. Suponemos que nos conocemos a nosotros mismos, pero como cambiamos continuamente (paradoja, cambio y humor, deben estar presentes siempre en la vida), tenemos que reconocernos continuamente. Y para tratar de ser objetivos tenemos que usar los parámetros establecidos por otros, si se puede lo mejor preparados posibles.

Los que fijan dichos parámetros tienen una gran responsabilidad, pues si los que son medidos pecan de poca fe, puede deteriorarles su autoestima un mal diagnóstico y este es un daño muy grave, sobre todo para un niño o un joven.

Los que diseñan exámenes escolares que se aplican nacionalmente en Japón han de tener noches muy difíciles cuando saben que por reprobar esos exámenes algunos niños se han suicidado en Tokio.

Cuando recibo un nuevo alumno en mis cursos email les pido me contesten un cuestionario para evaluarlos y así poder orientarme en como planificar las clases que les daré. Los cuestionarios son una cierta guía, pero no la considero ni remotamente definitiva. Algunas veces me preguntan acerca de cómo salieron en el examen, o que opino de las partidas que me enviaron. Por supuesto nada concreto les respondo, porque no cargare con la responsabilidad de las consecuencias de un mal diagnóstico, todo ser humano puede equivocarse y yo en eso soy muy humano, que pueda, cuando menos, hacerle pasar un rato desagradable. A mi me sirve para tener una idea, pues con algo tengo que empezar, pero por lo general el problema y el diagnóstico son muy comunes: falta de metodología y hábitos para elegir una jugada “jugable”, insuficiencias de algunos conocimientos básicos, etc. Pero hay indicaciones muy importantes: desean superarse y han sido capaces de tomarse el trabajo de contestar los cuestionarios, de buscarse un entrenador, de valorar entre los muchos que hay en oferta, y han hecho un compromiso con ellos mismos al pagar la cuota correspondiente, que en muchos casos no es sólo el dinero sino los trámites molestos para hacer el envío a un país extranjero.

Ahora bien, uno de los grandes tesoros de la escuela soviética de ajedrez es definir el currículo de cada categoría, cuantas horas de cada tema de ajedrez, que contenido debe tener cada hora, que perfil del docente debe tener cada nivel y que pertinencia tiene cada tema en el desarrollo del perfil del jugador a lograr. Toca al entrenador en particular, hacer las adecuaciones para cada grupo etario, para cada género y cada nivel cultural, si bien algunos manuales soviéticos llegaron a hacer esas consideraciones. Pero el Mundo ha cambiado mucho desde la desaparición de la URSS y ya los manuales similares en la Rusia post soviética no tienen los tirajes de aquellos tiempos y es muy difícil obtenerlos. Entonces tenemos que basarnos en textos publicados hace 18 o más años en esa URSS y hacer nuestras adaptaciones auxiliados únicamente con lo que se consigue en artículos por Internet de los sucesores de esa escuela soviética y lo que hayan aportado sus espontáneos sucesores por todo el mundo.

¿Cómo se orienta el lector en cuanto a la Teoría del Quantum? ¿Cómo saber si va avanzando?

Tan es importante contestar esto, que es notorio que los libros que más proliferan en la actualidad son los que tienen posiciones a resolver. Libros “interactivos” son los más útiles y los que más se ofertan hoy día. En ellos se posibilita hacer una bitácora con nuestros resultados día a día y observar la tendencia de superación.

Así como nadie se atrevería a salir a carretera con un automóvil que no tuviera velocímetro y medidor del tanque de gasolina, medidor de gasto eléctrico, de agua, etc. Un ajedrecista no puede salir a la guerra de los torneos sin una serie de medidores de desempeño. Además de otros de su estado físico como saber como anda de presión sanguínea, ritmo cardíaco, estado emocional, etc. No vaya a ser que gane el torneo y a continuación le de un infarto o se desquicie.

Conócete a ti mismo, era la sentencia pitagórica, pero conócete día a día. Tomate el pulso, la presión, conversa con los amigos para que te puedan decir si cada vez estás más loco. Pero sobre todo, analizar las propias partidas y medir el desempeño propio continuamente es lo que nos podrá decir si vamos para arriba o para abajo, si algo hay que corregir y dar una idea de cómo. La opinión de otros cuenta también mucho. Recuerdo un jugador que sentía que había subido mucho de nivel pero notó que estaba equivocado cuando en una posición igualada propuso tablas a uno que en anteriores y similares situaciones había aceptado presto, arrancándole la mano y ahora le negaba las tablas y lo obligaba a jugar un par de horas más antes de finalmente firmar el armisticio; para finalmente disculparse diciendo: “Te tenía que jugar a ganar, porque andas ahora a la baja”.

Si uno se examina, puede detectar la verdadera falla o el verdadero obstáculo a superar. Piense que debería saber y poder hacer para subir de categoría, haga su propia lista de 100 cosas y tenga fe en la teoría del Quantum, cuando cumpla los cien requisitos, subirá de nivel. Cuando uno pasa al escalón superior, lo nota enseguida, todo se ve de otro tamaño arriba. Como regla, mientras más arriba se llega, uno nota que hay menos personas ahí.

MI Raúl Ocampo Vargas©.

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