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No country for old men: la violencia como forma de vidaEnviado por Alan Moore el Mar, 2008-01-15 20:04
He estado a punto de iniciar esta reseña escribiendo que me entusiasma el cine de los hermanos Coen. Sin embargo me acabo de dar cuenta de que aunque en general ninguna de sus películas me desagradan, en verdad sólo dos de ellas me entusiasman realmente: Muerte entre las flores y Fargo. A las que ahora debo añadir esta No country for old men, sin duda a la altura de las dos anteriores.
La penúltima obra de los Coen – la última, bien recientita, es Burn After Reading – aúna a un guión tan impecable como el de Muerte entre las flores una dirección sosegada y de corte tan clásico como lo fue la de Fargo. Esa es en verdad su principal baza: la cámara de Joel Coen da todo un recital de dominio de la narración, con un trabajo sobrio que huye de los efectismos en los que suele caer habitualmente su cine, imprimiendo a la cinta por el contrario un ritmo pausado que se apoya más en el sonido ambiente que en los diálogos, además de en la hermosa fotografía de Roger Deakins que sirve de fondo perfecto sobre el que se recortan las escenas de acción. Un contrapunto que hace aun más efectiva la constante irrupción de la violencia entre esos paramos polvorientos y solitarios, una violencia que se erigirá en protagonista inexorable del film. El hallazgo de un maletín con dos millones de dólares servirá de punto de partida para una historia de caza humana con la que los Coen quieren dejar clara su visión de lo que es la condición humana, en donde el hombre será siempre un lobo para el hombre. El guión, muy cuidado y muy ambiguo, que adapta la novela del mismo título de Cormac McCarthy (autor de, entre otras, la afamada Meridiano de sangre), apenas nos deja entrever las razones que conducen a semejante carnicería, sospechándose de fondo que, al final, no hay más razón para tan cruento ejercicio de violencia que la del egoísmo visceral, el ansia de dinero y poder; esa locura que no repara en medios para conseguir lo que desea. Una enfermedad del alma que es propiciada y alentada por los valores de un país, EE.UU., que predica el más radical de los individualismos, la ambición desaforada como motor de la sociedad y el ejercicio de la violencia –en defensa propia, dicen ellos- como derecho inviolable. Una violencia que asienta sus raíces en el propio origen del país, es decir, que más que ser circunstancial es constitutiva del mismo, tanto como para ser recogida y elevada a la categoría de forma de vida en su propia constitución. Pero además de la memorable dirección y del guión impecable, No country old men destaca por sus soberbias interpretaciones, de entre las cuales yo me quedo, sin duda, y por encima del interesantísimo trabajo de nuestro Bardem, con la deslumbrante actuación de Josh Brolín, nada menos que el hijo de James Brolín, el protagonista de la televisiva e inolvidable Hotel. Sin menospreciar las ajustadas interpretaciones de Tommy Lee Jones y Woody Harrelson.
Total, una gran película. ![]() bitácora de Alan Moore | 651 lecturas
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