300, de Zack Snayder

Enviado por Alan Moore el Mar, 2007-06-19 18:27
Empecemos haciendo un poco de memoria: defendía yo, con motivo del estreno de V de Vendetta, la necesidad de que las adaptaciones cinematográficas se independizaran de sus fuentes primarias, de forma que pudieran constituirse en obras con identidad propia capaces, incluso, de matar al original. Sobre todo habida cuenta de la imposibilidad, sino de la estupidez misma, que supone intentar copiar literalmente lo que se ha hecho en un medio de expresión diferente, con sus recursos, necesidades y ritmos también diferentes. Claro que esto era antes de las traslaciones a la pantalla grande –ya no tan grande- de los cómic de Frank Miller, empeñadas de alguna u otra manera en demostrar que las distancias entre el noveno y el séptimo arte, esos dos artes de nada, son perfectamente salvables. Y puede que esta vez hasta tengan razón. Después de todo, tanto Sin City como 300 son obras de una concepción marcadamente cinematográfica e incluso palomiteras. Y si no me creen, fíjense en esta última, con su formato cinemascope y todo. Así las cosas, creo que si alguna deficiencia muestran ambas no es otra que la endeblez de los originales: la saga de Sin City es el fondo –y en la forma- la misma chorrada tontorrona que se ve en la película. Y 300 tres cuartas partes de los mismo. Lo cual, claro esta, no es una disculpa: de un mal original también se puede sacar una excelente película. Pero no es la cuestión; en nuestro caso habremos de conformarnos con hablar simplemente de buenas adaptaciones. Porque eso es 300, una buena adaptación del cómic y poco más. Buena porque en mi opinión sí alcanza a transmitir a los espectadores esa sensación de épica desaforada y –reconozcámoslo también- algo descerebrada que constituye la base y el sustento del relato de Miller. Además lo hace sin perder por el camino la fuerza visual y estética del cómic. Aceptado esto, carece por completo de sentido discutir la fidelidad histórica del film –repito, es una adaptación de la novela gráfica de Miller, no de un hecho histórico- o su discutible – sino detestable- ideología. Porque la propuesta de Snayder es además tan exagerada e intencionadamente irreal que pretender hacer ninguna lectura relacionada con la realidad es simplemente una estupidez y una perdida de tiempo. Tanto como querer criticar, por ejemplo, al realismo mágico porque en la vida real las niñas no puedan alimentarse de cal y tierra o las mujeres hermosas ascender a los cielos en cuerpo y alma. A lo más se puede renunciar a entrar en su juego y aquí paz y después gloria.

Con todo, me queda la sensación de que al film le sobra metraje: a pesar de que casi todo el mundo al que le he consultado afirma no haberse aburrido en ningún momento, lo cierto es que a mi me acabó agotando tanto persa que terminan por hacer de la película algo “persada” –perdón por el ridículo juego de palabras; no he podido evitarlo. Sin mencionar, claro está, la absurda inclusión de esa especie de ogro recogido del Señor de los anillos (hasta donde alcanzan mis muy modestos conocimientos históricos, la Tierra Media jamás fue conquistada por los persas).

Total, un film pasable, que da justamente lo que promete pero nada más. Una buena excusa, en definitiva, para pasar un ratito entretenido sin tener que avergonzarse demasiado.