El Secreto del Ajedrez - Tema extraido del foro de Ajedrez-Extremadura
Enviado por Roberto el Lun, 2006-07-17 20:36
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| Autor | Comentario | | Lamothe Posts: 5 (27/3/04 8:17 pm) | El Secreto del Ajedrez Me gustaría invitaros a participar en este tema que tiene como punto cardinal de reflexión los rasgos distintivos del ajedrez respecto a otros juegos de mesa. Quizá pueda parecer frívolo designar al ajedrez como un juego de mesa, y no faltarán quienes en el yunque de sus particulares prejuicios haya aprovechado la ocasión para, levantando la mirada, farfullar entre dientes alguna cosa de las que sirven de fundamento "idiosincrásico" en el decir figurado de los barrios. Puede. Sin embargo, quisiera pensar que se concede un margen al inminente desastre que en el afán exegético admite el intríngulis de cualquier exposición, en este caso, por lo demás, al amparo de un pseudónimo que tanto podría valer para un tirio como para un troyano. Pero yendo a lo que importa, y dejando al margen las naturales prevenciones que todo hijo de vecino tiene que guardar cuando sale a la palestra, considero que la mejor descripción que puede hacerse del ajedrez es precisamente esa a la que aludía antes: juego de mesa. Y es esta semejanza aparente, formal, que guarda respecto a otros juegos como el parchís o la oca, lo que hace más apasionante la indagación de su naturaleza. Porque, evidentemente, nadie que posea un mínimo de información podría admitir tal cosa, ¿o me equivoco? Adelanto que para mí el término "juego" tiene una profunda significación. No hay especie animal que no lo practique, y creo que constitutivamente se revela como un rasgo de nuestra antropogénesis, como la religión o el arte: No hay cultura que no posea juegos propios. Lo que hace distinto al juego de mesa de otros juegos es el hecho de que su desarrollo tenga lugar en un espacio topográfico bien definido: el tablero. Es decir, un marco simbólico que impone leyes operacionales a partir de las cuales tiene lugar el flujo de significantes y significados. Qué especificidad manifiesta el ajedrez más allá de esta descripción genérica que comparte con otros juegos de mesa, es la explicación que os animo me ayudéis a construir. Editado por: Lamothe fecha: 27/3/04 10:27 pm | | Alanmoore Posts: 32 (27/3/04 10:40 pm) | Secreto desvelado La principal diferencia que le encuentro yo al ajedrez con respecto al parchis, la oca, el monopoli o incluso el trivial, es que mientras en los demás juegos aveces gano, a veces pierdo, en el ajedrez invariblemente pierdo.
Asi pues propongo la siguiente definición del ajedrez: "Juego de mesa, tablero y fichas en el que dos contienden y pierde siempre Alanmoore".
Si con esta definición quedan excluido todos los demás juegos y practicas entonces habremos dado con la el secreto del ajedrez. Amén. | | Lamothe Posts: 6 (28/3/04 10:04 pm) | Del abandono Sr. Alan Moore, me temo que quienes le conocen pueden certificar que usted pierde invariablemente a más cosas -juegos de mesa incluidos- aparte del ajedrez. Su definición, en consecuencia, no alcanza a desvelar secretos o sueños de sultán, ni en la medida del más precario de los cuentos de Sherezade. Sin embargo, se cuela de matute al hilo de su intervención alguna observación no exenta de interés. En efecto, hay en esto del ajedrez un condicionante muy poderoso cuando se ha alcanzado un grado de dominio suficiente del juego: GANAR. Es cierto que GANAR no es un factor que sea privativo del ajedrez, ni mucho menos, pero me atrevería a decir que PERDER es, en ajedrez, algo más que un trance circunstancial del juego: algo se muere en el alma, a pesar de que se queden todos los amigos. Esta sorprendente implicación de nuestra subjetividad en el proceso creador de la partida es, me parece mí, uno de los rasgos específicos del ajedrez. Ahora bien, ¿por qué ocurre así? Tengo algunas ideas al respecto, pero de momento estoy abierto a otras sugerencias, sin duda más inteligentes. Por ejemplo, ¿podría alguien contarnos alguna derrota que recuerde con especial amargura? Serían iluminadoras contribuciones en esta línea de la investigación. Editado por: Lamothe fecha: 28/3/04 10:15 pm | | Alanmoore Posts: 33 (28/3/04 11:51 pm) | Por las sendas de oriente. Ilustrisimo e ilustradisimo Lamothe, creo que yerra de diana a la que dirigir sus disparos. Obviamente notó usted algo, pero no acaba de saber el que. No se preocupe, yo le orientaré.
¿Tiene algo el ajedrez que lo haga diferente? No, no lo tiene.
Ahora bien ¿tienen algo los que practican ajedrez que los haga diferente, no ya a los que practicas otros juegos, si no al resto de la humanidad? Creo que contestando esta segunda pregunta estaremos en condiciones de resolver todo misterio que sobre el ajedrez pueda plantearsenos. | | Mir Posts: 17 (29/3/04 11:16 pm) | Sendas de locos En el plan que dispones tus intervenciones, pedagógicas hasta reventar, y conociendo el mundillo del ajedrez en el que nos movemos, cualquiera diría que estamos tarados al leer tus preguntitas. Pero Sr Lamothe, despues de tantos lustros jugando, ¿todavía no sabes cual es el secreto del ajedrez? Y ¿tú eres licenciado en filosofía? a tús chicos en clase ¿les aclaras cosas o les complicas a mas no poder? Yo solo te digo una cosa, que cuando me siento a jugar una partida voy a ganar, eso de la belleza es tan relativo, creo que el 99% de los jugadores les importa más el resultado que la estética y si lo niegan mienten como villanos. Así que dejate de historias y vente a jugar el sábado que viene que te tengo guardado un tablero. Que te voy yo a decir en el oido cual es el Secreto... | | Lamothe Posts: 7 (31/3/04 1:28 am) | El Ajedrez y sus Secretos Querido Sr. Alan Moore, le quedo muy reconocido por el trato que me dispensa al llamarme "ilustre" e "ilustrado", pero le llamo la atención sobre el hecho de que no puede ser "ilustre" quien se cobija a la sombra de un apodo al tiempo que hace sus primeros pinitos en estos parajes; en cuanto a lo de "ilustrado" me parece que tal juicio de valor sólo puede revelar dos cosas: o bien que también usted lo es, y habla entonces desde la familiaridad de quien se atribuye para sí -y excuso indagar con qué fundamento- la condición que reconoce en otros; o bien que no lo es, y entonces, permítame señalarle las dificultades que le asistirían para, desde la inopia, atribuir a otro lo que tan manifiestamente debería desconocer. Siendo de natural modesto, mi primer impulso sería contradecirle en su afirmación, pero de hacerlo así temo que mi humildad haría buena su posible inepcia. No queda, pues, otro camino practicable que agradecer sus palabras. Pasando al tema que nos ocupa, y al que rogaría que desde ahora -más allá de ironías, sarcasmos o figuras retóricas que sirvieran para su adorno o como homenaje a Narciso- dedicáramos nuestros mejores esfuerzos, decirle que no hace con su último comentario sino refrendar lo que ya indicamos en nuestra intervención anterior. Si leyera con atención se habría percatado que es ese factor subjetivo que se pone en juego -pocas veces mejor dicho- lo que requiere de nosotros un tratamiento analítico diferenciado. Así que, en efecto, habremos de vérnosla con los motivos, las intencionalidades o, en último término, los elementos que componen el conflicto de intereses que tienen lugar en la partida de ajedrez: el factor psicológico. Pero no incurra usted, ilustrado e ilustre -cuando menos por la frecuencia y la diversidad de temas en los que se prodiga- Sr. Alan Moore, en la vieja falacia de la causa y el efecto, es decir, no se empeñe en que el carro tire de los bueyes. Si hay gente que juega al ajedrez o a las canicas, por poner el caso, debe haber ajedrez y canicas con las que jugar: el juego nos inventa, nos hace jugadores, querido amigo, y no al revés. Esta idea, quizá un tanto complicada para algunos y sin duda perogrullesca para otros, está a la base de cualquier indagación de carácter general o específico que se pretenda hacer con fundamento. En otras palabras, no tomaremos como principios o presupuestos de partida para nuestra investigación las confesiones inconfesables -pero traicionadas- que, según la noche, tiene a bien hacerle su almohada - o a la de menganito, fulanito, zutanito o perenganito: que no se trata de particularizar pese a que de eso, en su caso, se trate-; ni, desde luego, si el día tal o el día cual le ha sido propicio para estos o aquellos empeños: y entonces… Recojo, pues, lo que de razonable estimo se apunta en su propuesta y animo a quienes tengan la decisión se sumen a la tarea de bosquejar las líneas maestras de nuestro programa de investigación. Tal como ha derivado el intercambio de ideas, en este punto, creo que lo que se trasluce es el dilema "posición o rival". Existen, como es sabido, jugadores que se plantean la partida como un problema de lógica a resolver, un problema que va cambiando sus presupuestos de partida y que obliga, en consecuencia, a combinar procesos de análisis y síntesis, lo que en ajedrez conocemos como táctica y estrategia. He escrito "lógica" y no me gustaría tener que rectificar, considérese que empleo este término en un sentido muy amplio. En realidad, lo que quiero sugerir es extremadamente más ambicioso: creo que en las reglas del juego están los orígenes de los métodos empleados en ciencias (no creo que, a estas alturas, necesite justificar por qué empleo el plural, ni que, en el fondo, ese plural no sea más que las distintas expresiones de una singularidad: la racionalidad humana) Y esto, me parece, se evidencia en el ajedrez de un modo muy acusado. La causa por la que sucede así estriba en que el ajedrez es un juego de mesa, es decir, un juego cuyas determinaciones han sido establecidas y aceptadas tras un proceso de acuerdo racional compartido. Existen reglas, y esas reglas deben ser comprensibles para todos, sin excepciones (supongo que aquí hay un terreno abonado para la suspicacia); pero el juego no se limita a sus reglas, sino que éstas condicionan el método de su ejercicio. Lo condicionan puesto que imponen en sus operaciones ciertos invariantes, pero al mismo tiempo lo hace posible pues sin esas restricciones formales no habría variables con las que operar. Podría seguir extendiéndome, sin embargo, creo que la tesis es demasiado genérica y apunta más allá del objeto que nos habíamos propuesto abordar. Con todo, me parece útil exponer la tesis general pues ésta podría servir para que otros encontraran vías de acceso al reto que nos hemos marcado: el secreto del ajedrez ( o "el ajedrez y sus secretos", como muy bien podrían preferir otros). No obstante, no podemos ignorar que muchos jugadores juegan fundamentalmente contra el adversario. Si digo "fundamentalmente" es porque quiero significar que la lucha se convierte aquí en un fin en sí mismo: se juega para GANAR, pero se gana para LUCHAR. Pues sin el afán de ganar a toda costa -sin infringir las reglas, obviamente…- la lucha quedaría desvirtuada. En este extremo el factor psicológico cobra una especial significación. Esta vía de análisis, Sr. Alan Moore, es la que aparece connotada en su carta; y es, Sr. Mir, la denotada en su intervención. Quisiera agradecerle, Sr. Mir, que haya expuesto tan claramente su posición, lo que redundará, no me cabe la menor duda, en el progreso de nuestras pesquisas. Comete usted, desgraciadamente, un error típico: el reduccionismo. No hay en esta observación nada personal. Créame, cuenta con mi simpatía. No quisiera que piense que pese a todas mis cautelas por mantenerme en la equidistancia entre tirios y troyanos le tengo a usted en cuenta su descarado empeño por ubicarme en el más allá del Estrecho de los Dardanelos. No. Pero no puede admitirse que el ajedrez quede menguado, según pretende usted, a la componente competitiva, lo que Bronstein llamó (tematizó, me atrevería a decir) "ajedrez de torneo". Bastaría para desmentirlo acudir al rico terreno de las composiciones artísticas. Entre nosotros, por ejemplo, Escobar y Plantón, compositores ellos mismos, podrían dar fe de mis palabras (ojalá se interesen en participar en esta línea de investigación). ¿Y no hay nadie de entre nosotros, por no ir más lejos, que no prefiera analizar posiciones a jugar partidas? Ya ve, Sr. Mir, la "belleza", como dice usted, tiene poderosa pegada. Finalmente, Sr. Mir, asumo la crítica que me hace sobre mi exceso de pedagogía. Es verdad. Me preocupa ser comprendido. Otra cosa es que logre hacerme entender. Le diré, además, que por las respuestas que he recibido, la suya y las del Sr. Alan Moore, tengo la impresión de que la empresa se me hace por momentos más y más cuesta arriba: perdónenme estas limitaciones. Me he acogido hasta ahora a la idea de no dar nada por supuesto, a la "importancia de no verlo claro", ironía socrática que da paso a la mayéutica, al, en fin, "aprender a desaprender las cosas", en versión electroduende. Lamento, pues, si he podido parecer confuso. En mi descargo alegaré, parafraseando a Petrosian, que yo podría ser menos pedagógico, y también perder. | | Juan Antonio Montero Unregistered User (31/3/04 8:43 am) | El ajedrez y sus secretos Señor Lamothe -le voy a hablar de usted porque la verdad es que sus comentarios imponen-, creo que uno de los secretos o distintivos del ajedrez, entre otros muchos, es que el factor psicológico influye en este juego de una forma que no lo hacé en el dominó o la oca o las cartas o cualquier otro. Hay un libro de Reuben Fine sobre la psicología del jugador de ajedrez, creo que de los años 30 del pasado siglo. A mí, personalmente, me parece bastante desfasado; toma una óptica psicoanalítica muy superada ya, y a estas alturas del siglo XXI es difícil tomarse la defensa del propio rey como la traslación al tablero de un complejo fálico, por ejemplo. Sin embargo, el libro de Fine es un ejemplo de que al factor psicológico, o a la psicología, se le ha prestado atención por parte de los estudiosos del ajedrez. La psicología es algo que parece al alcance de todos. Se dice de algunas personas que "tienen mucha psicología", o | | juan antonio montero Unregistered User (31/3/04 12:26 pm) | el secreto del ajedrez (cont.) -perdonen por la interrupción, ha sido un error mío- continúo: o son "muy buenos psicólogos". Los profesionales de la psicología saben que estas personas no pueden explicar muy bien los porqués del comportamiento, ni establecer una terapia consecuente, pero saben que existe este tipo de intuición. Estos psicólogos aficionados de nuestro juego son los que han establecido una serie de categorías con unos nombres tan graciosos como esclarecedores: el tangador, el rácano, el especulador y algunos más. También habría, lógicamente, categorías mixtas, que serían la mayoría. La cuestión que se plantearon desde Fine hasta otros estudiosos es si un estilo de juego refleja una determinada personalidad: si el "tangador", por ejemplo, en su vida privada y profesional tiene la tendencia a aprovecharse de los errores de los demás para sacar tajada. Es difícil contestar a esta pregunta. No es sencillo distinguir cómo la tendencia a la extroversión, a la introversión, o la afectividad, por ejemplo, influyen el el juego. Sin embargo, hay muchos rasgos psicológicos, algunos cognitivos -que son fruto de un determinado modo de pensar y actuar creado desde la niñez- que sí influyen: la capacidad para la toma de decisiones, la facultad de resolución de problemas o la evaluación objetiva de la realidad (por ejemplo, una escasa capacidad para la toma de decisiones impide que un jugador emprenda un ataque, o la escasa capacidad para la resolución de problemas hace tomar decisiones erróneas a la hora de finalizar una combinación; una inadecuada evaluación de la realidad hará que sobrevaloremos o infravaloremos nuestras posibilidades). Otros rasgos, más psicosociales influyen sobremanera: los miedos y los prejuicios (el miedo a perder normalmente hace que se pierda; jugar contra un niño pequeño, contra una mujer ciertos varones, hacen que ciertas personas empeoren su juego). La imagen que se tiene de si mismo (el que de sí mismo tiene el concepto de mal jugador, normalmente jugará mal) la autoconfianza (el saber que al final se ganará la partida, o viceversa, el que tiene claro que por muy bien que esté, perderá, influye enormenente); la ansiedad anticipatoria (experimentar la sensación de perder una partida antes de que esto ocurra). Las aptitudes intelectuales, tales como la capacidad de concentración, de atención, de percepción, están siempre presentes de igual modo. Y esto ocurre entre los profesionales y entre los aficionados. En realidad en el ajedrez se lucha contra el contrario y contra uno mismo. Está claro que en algunos juegos de mesa (el póker es el de los pocos que puedo mencionar) el factor psicológico puede influir, pero es en mucha menor medida, con técnicas muy concretas, y con unos factores implicados mucho menores. Creo que uno de los secretos del ajedrez es que pone en juego todo nuestro bagaje psicológico. El Ogro de Bakú, Kasparov, no es solamente fuerte por su portentosa técnica, como todo el mundo sabe, sino por su tremenda fortaleza mental. Korchnoi, Karpov, por irse a ejemplos muy conocidos, pusieron en las técnicas psicológicas y parapsicológicas muchas de sus esperanzas para conseguir los títulos mundiales. Creo que cuando se dice que el ajedrez es deporte, ciencia y arte -esa frase tan manida y tan válida-, lo que se quiere decir que este juego tiene una riqueza de matices, facetas, implicaciones y variantes difícilmente abarcables. Hace poco un jugador aficionado pero con amplia formación cultural me dijo que él veía el ajedrez como un ballet, en el que las piezas se prestaban a un todo armónico y maravillosamente conjuntado. Otro, esta vez un profesional, me dijo que el ajedrez y el boxeo eran idénticos: se trataba em ambos casos de ver quién daba más fuerte. Muchos secretos debe tener este juego para que se preste a interpretaciones tan distintas. | | Alanmoore Posts: 38 (31/3/04 11:48 am) | Juego mágico. "La belleza es la cualidad de lo bello" Perogruyo.
Sr. Lamothe, no acabo de encontrar las costuras que hilan su argumentación sobre la ilustración ¿Quiere usted decir que, pongamos por caso, para apreciar y disfrutar de la belleza hay que ser, o bien bello, y por tanto reconocerla por su similitud con uno mismo, aun cuando se corra el riesgo de tomarla por norma y no por belleza; o bien ser inmisericordemente feo, de modo que se distinga por ajena, aventurandonos aquí a que la diferencia sea tan excesiva que se nos haga irreconocible por extraña? No me extendere más en el tema, creo que sus palabras son harto elocuente y dicen más de lo que callan.
Pasemos al ajedrez.
Evidentemente cuando indiqué que el secreto del ajedrez era menester buscarlo en los ajedrecistas más que en el propio ajedrez, estaba trantando de incluir la varible subjetiva y psicologíca en nuestras indagaciones (mal andan los tiempos si las mentes se desgastan en descubrir lo evidente). Pretender abordar el estudio de tan escurridiza materia desde la exclusiva perpectiva del paradigma positivista se me antoja, cuanto menos, condenado irremediablemente al fracaso, pues cualquier factor diferenciador que encontremos "objetivamente" en el ajedrez, podremos encontrarlo inevitablemente, en igual o mayor medida, en otros juegos. Así, quien pretendiera aducir, por ejemplo, que el secreto del exito del ajedrez se encuentra en su condición de juego intelectual, sería facilmente refutado, revatido y hasta humillado indicandosele juegos como el go, el othelo o las damas. Quien hallara en su complejidad la razón de todos nuestros desvelos, será ciertamente por desconocimiento de la existencia de versiones del ajedrez que cuentan con mayor número de casillas y piezas, y por tanto, de mayor complejidad y menor popularidad (notese aquí que designo tales juegos con el nombre de ajedrez, aun cuando en rigor no lo sean, por desconocimiento de los suyos propios o de si tal tienen). De modo que en mi opinión, nunca podremos encontrar una definición satisfactoria que incluya al ajedrez y excluya todos los demas juegos. Tendremos que conformarnos con acotar las posiblidades.
Descartado pues el analisis objetivo como único medio para encontrar el hecho diferenciador del ajedrez, adentremosnos en las nebulosas y pantanosas regiones de la subjetividad y la psicología. En este movedizo terreno, lo primero que yo quisiera aportar es la capital importancía que sobre la consideración del ajedrez tiene la tradición. La percepción del ajedrez, como de la vida misma, se me antoja más un acto de fe que la mera apreciación sensorial del mismo, es decir, que depende más de una serie de valores aprioristicos con los que se reviste la realidad (si tal existe), se la fecunda y enriquece, que de su naturaleza "per se". Y es aquí, en la aportación de valores donde creo indispensable contar con la tradición.
Concluyo pues, en lo que tal vez sea un salto mortal sin red, que el secreto del ajedrez se encuentra en su cualidad mítica, mística y mágica, en el exorcismo que en la noche de los tiempo transformó este juego en herramienta definitiva para el quimerico combate de las almas, en la imposible conversión en cuantitativo de lo que por naturaleza es cualitativo. Editado por: Alanmoore fecha: 31/3/04 4:22 pm | | Cesar Ajoblanco Colaborador Posts: 54 (31/3/04 3:20 pm) | Re: Juego mágico. Pues sí, te gustan los comics, sí...
P.D.: ... y a lo peor estoy contigo . | | Dionisoss Member Posts: 1 (31/3/04 6:40 pm) | Bienvenidas He de agradecer, pues agrado o interés si se quiere siento, las intervenciones de este, nuestro ahora, permítaseme, Merlín de los vocablos. Poderosa pegada en verdad tienen las bellas expresiones del amigo Lamothe y más por esta marmolea característica de su peculiar verbo, que por la futilidad de la trascendencia del mismo en el desempeño de su sentido existencial, a saber, la transmisión de las ideas, quiero airear mis incipientes canas como gesto de bienvenida afable y cordial. Con mi nueva piel de cordero, me despido. | | Mir Posts: 18 (1/4/04 3:30 pm) | El Ajedrez y sus bellezas No me malinterprete Vd. Sr. Lamothe, aquí a todos nos gustaría ganar con bellísimas combinaciones tipo Andersen y hacer nuestra "evergreen" cada vez que nos sentamos delante de un tablero, algo muy honorable sin duda, pero lo que en siglos pasados se podía hacer (gracias al menor nivel de los jugadores) hoy lo veo poco factible. Vd. nombra a Bronstein y yo le agradezco el que lo cite porque para mi es uno de mis jugadores preferidos, pero es obvio que no pasará al ajedrez como Campeón Mundial y todo por no saber jugar un final, al obsesionarse con la belleza olvidó ganar su match contra Botwinnik. Cita Vd. a dos jugadores extremeños que son compositores de problemas (Escobar y Plantón), lo cierto es que le deben de haber dolido las derrotas puesto que Plantón hace ya muchas semanas que ni se plantea el pasar por Mérida para jugar con su Club y yo me pregunto ¿no hubiese preferido Plantón ganar cualquier partida por muy mal que estuviese y no tirar su Rey una tras otra partida? Vi el otro día la cara de Escobar al perder su última partida y te puedo jurar que no estaba para chistes, a ver ¿dónde pega la Belleza sino ganas las partidas? Es cierto que es importante analizar posiciones, es muy interesante, pero como a todos nos gusta exhibirnos no creo que valga de mucho analizar en tú habitación sino puedes compartir tus descubrimientos y combinaciones, y para eso sí vale jugar partidas. Por otro lado no me importa que uses tu pedagogía con el fin de que aprendamos algo, lo que sí es cierto es que la estensión de tus textos lían al mas sabio. Mir | | Lamothe Posts: 8 (4/4/04 8:10 pm) | De bellezas y vellocinos No quiere usted, Sr. Alan Moore, salvarse de sí mismo cuando, al amparo de toda suerte de paralogismos, pretende concluir que los hilvanes de mis argumentos no resistirían los lavados a la piedra de su rigor. ¿Habla usted de "ilustración" haciendo mixtura de la síntesis anfibológica en la que recalarían al pairo de su "porque sí" los conceptos de "ilustre" e "ilustrado"?, y en tal caso, ¿sería para usted "ilustre" el resultado que, tras el eterno dilema de si pescado o si carne y la calculada elección esencial de hacer buena a la rosa, se alcanzaría al colarse en el orden de las ideas no al tun-tun, sino desplazando lo primero, las definiciones, para así convertir lo que en cualquier sistema taxonómico por elemental que fuere se designaría por "a", en lo que, por lo mismo, luego de su maniobra, habríamos de designar por "b", las proposiciones?, ¿y quiere, en la tesitura de hacer pasar por albur lo quedamente pergeñado (¿Será una grulla, será un pardal?: pero "pájaro que vuela a la cazuela"), seducirnos de que no pongamos etiquetas a ese postizo y especulado tun-tun evitando que rompiéramos el cristal pero sin poder impedir, a la postre, que rasgáramos la fina película de plata que, a la gracia, lo hipostasía?, y descubierto el subterfugio, ¿nos negaría a mí y al imaginario equipo que me asesora que llamáramos a su treta, bajo un sencillo sistema de notación alfa-miratúpordónde, "b-tun"?, y aplicando la fonética en su vulgar transcripción, ¿nos concedería, como poco, que de ese "betún" difícilmente podría verse beneficiado ningún zapato? Ya ve, Sr. Alan Moore, les falta lustre a sus fundamentos, no calza usted bien sus conclusiones. O quizá era justamente eso lo que pretendía decir con lo de i-lustración, y en justa aceptación de toda la línea argumental exhibida no sabría usted de lo que habla: Éste es el mejor retrato que puedo hacer de su particularísima lógica. Y no diga, por favor, en las cumbres del cinismo, que olvidó poner el guión, que sin guión, lo sabe muy bien, no hay película. De otro modo, "El Pisuerga pasa por Valladolid, luego ancha es Castilla." Basten estas líneas para decirle que "saber de lo que se habla" es condición necesaria, aunque aún no suficiente, del ilustrado. Por lo demás, indica usted lo "evidente" que resulta extraer de sus palabras la referencia al factor psicológico en ajedrez. Verá, no se engañe más, si dijimos que en su primera intervención podría connotarse esa idea, no es más que por el uso generoso que hicimos del "Principio de Caridad", de Donald Davidson. No creo necesario que le explique en qué consiste dicho principio, sobre todo cuando, a lo que parece, conoce usted tan bien la corriente positivista de pensamiento. Le diré, sin embargo, a quien no lo sepa, que es lo que haríamos con Pepito el de los Palotes si, tras leer la Kritik der Reinen Vernunft ("Crítica de la Razón Pura") y reflexionar sobre los "juicios sintéticos a priori", se acordara de los puntos suspensivos de su última lista de la compra y proclamara: "Justo eso es lo que yo quería decir." Dejando ya al margen estas u otras ocurrencias adimensionales, la verdad es que me he pensado mucho contestarle. Si en su última carta no parecía usted dudar en arrojarse en los brazos de la magia y la "tradición" (qué peligroso, confuso, oscuro e indeterminado concepto), e incluso hacerse cábalas sobre la existencia de la realidad, me pregunto qué no sería usted capaz de hacer después de leer estas líneas. En fin, si no cree que el objeto de nuestra investigación pueda ser dilucidado, le ruego que nos permita a quienes sí lo pensamos continuemos nuestra labor. Y serán bienvenidas, con todo, cualesquiera sugerencias que guste aportarnos, pues aunque no se lo crea, aquí cualquier contribución es muy de agradecer. Pasando al Sr. Juan Antonio Montero, a quien ruego me dé el trato que mejor le plazca, manifestarle mi simpatía y admiración por sus valiosos comentarios. Una maravilla leerle, estimado señor. Ha dado usted con una veta que necesitamos explotar en profundidad. Su tipología de casos me parece extraordinariamente iluminadora. ¿Conoce usted más bibliografía al respecto?, ¿podría ofrecernos algún resumen o comentario de alguna otra obra que apuntara en esta dirección? La idea de relacionar el estilo de juego con el carácter, y sus aplicaciones en el estudio de la personalidad es interesantísima. Añade que, a su juicio, las investigaciones de Fine, en la línea del psicoanálisis, le parecen obsoletas. Es cierto que a principios de la década de los noventa el psicoanálisis entró en barrena por la influencia, sobre todo, de cierta corriente de interpretación que veía en su praxis una larga aventura sin garantías de éxito. Hoy en día la consideración de esta disciplina está empezando a cambiar, y se nota su influencia en diversos campos, desde la antropología cultural hasta la historia de las religiones, pasando por la filosofía o la crítica literaria. Ahí están, por ejemplo, los nombres de Joseph Campbell, Hans Blumenberg o, entre nosotros, el psiquiatra extremeño Agustín Béjar, que prologó la primera traducción española del Versuch über die Krankenheiten des Kopfes ("Ensayo sobre las enfermedades de la cabeza"), de Immanuel Kant. He citado esta obra porque estimo productiva para nuestros intereses la clasificación que hace allí Kant: "Las dolencias de la cabeza trastornada se dejan agrupar en tantos géneros principales como capacidades del ánimo se ven afectadas por ellas. Pretendo poder ordenarlas en conjunto bajo las tres divisiones siguientes: en primer lugar, la inversión de las nociones de la experiencia en la alucinación (Verrückung); en segundo lugar, el desorden al que es conducida la facultad de juzgar, primariamente sobre esa experiencia, en el delirio (Wahnsinn); en tercer lugar, la razón invertida por lo que se refiere a los juicios más universales, en la manía (Wahnwitz)" (Op. cit. Trad. Alberto Rábano y Jacinto Rivera. Mínimo Tránsito. Madrid, 2001.) Creo que algunos de los procesos mentales involucrados en el transcurso de la partida de ajedrez pueden caer bajo la caracterización kantiana de "alucinación", "delirio" y "manía". Lo que propongo es un estudio comparado de estas patologías respecto de los errores típicos que tienen lugar en nuestro juego. Esta tentativa tuvo, hasta donde soy capaz de recordar, un meritorio precedente en el libro de Persits y Voronkov Errores típicos, publicado en Martínez Roca, dentro de su colección Escaques. Pero el estudio realizado allí tiene como eje fundamental el reconocimiento de posiciones-tipo, es decir, la idea de que el error se produce cuando el cerebro se topa con ciertas configuraciones que, por su especial naturaleza, tiene dificultades en interpretar correctamente. La clave, entonces, estribaría en detectar las clases bajo las que se agruparían estas particulares configuraciones. Es algo parecido a lo que pasa cuando creemos ver un palo quebrado por efecto de la luz refractada en el agua. ¿Podemos dejar de verlo partido una vez hemos palpado el palo y comprobado que sigue intacto? No, no podemos, pero podemos enseñar a nuestro cerebro, mediante razonamientos analógicos, a "ver" lo que el ojo no ve. Nuestra intención, sin embargo, es diferente. Queremos, para decirlo con Kant, encontrar las condiciones de posibilidad que están a la base de los errores. Me permito sugerir, de acuerdo con una de las teorías que más predicamento están teniendo en nuestros días dentro del ámbito de la filosofía de la mente, la teoría modular (cuyas concomitancias con la filosofía de Kant ha puesto de relieve Eugenio Moya), que el ERROR podría ser fruto de un DESACOPLE entre los distintos módulos cognitivos: SENSIBILIDAD, ENTENDIMIENTO, RAZÓN. Trabajos en este sentido serían muy bien recibidos. Una posible manera de abordar la investigación sería llevar a cabo estudios contrastados sobre la memoria del ajedrecista. Para ello podrían establecerse grupos experimentales de control en los que se evaluaran tres tipos de resultados: los obtenidos mirando el tablero, los de posiciones dictadas a la vista de un tablero vacío, y, por último, los de posiciones retenidas sin ayuda del tablero. Usted, Sr. Juan Antonio Montero, que es monitor de ajedrez y posee inquietudes y capacidades, dispone de recursos suficientes, caso que lo estimara conveniente, para llevar a cabo las primeras incursiones en esta línea de la investigación. Animo, asimismo, a que se sumen a la propuesta a todos los interesados. Sr. Mir, a estas alturas del discurso no tengo más remedio que aceptar, de nuevo, la crítica que me hace. Me extiendo demasiado, aunque no sé, utilizando su graciosa expresión, si habré liado al más sabio. Espero, al menos, haber marchado "hombro con hombro" con los más necios, en la ilusión de que algún día dejemos de serlo. No comprendo, por otra parte, qué supone usted que yo le malinterpreto. Nada, desde luego, en lo que no esté usted conforme en desdecirse, como hace usted en su último escrito, aceptando que sería muy deseable que cada cual pudiera rubricar su particular "evergreen". No me malinterprete usted a mí, querido amigo, y dése cuenta de que importa un pito que Bronstein no haya sido campeón mundial: su admiración por él le ha traicionado. Como dijera un asombrado Hamlet a su Horacio, le digo yo a usted: Hay más ajedrez, Sr.Mir, entre el cielo y la tierra, del que su filosofía ha soñado. Quisiera, en este sentido, recomendar vivamente la lectura de los trabajos de George Steiner Muerte de reyes , incluido en su Extraterritorial, publicado por Siruela; y la recentísima traducción de The Sporting Scene: White Nights in Reykjavic ("Campos de fuerza"), editado por La Fábrica (www.lafabricaeditorial.com). De este último, le cito un fragmento que no sabría precisarle si es de Steiner o de Nabokov -hace años que leí La Defensa, y Mnemosine me niega sus favores-, pues aparece allí a modo de cita sin atribución, que seguro será de su gusto: "Los poetas mienten al hablar del orgasmo. Es un asunto de poca monta, ocasional y pasajero, cuyas particularidades de inmediato se emborronan incluso en el más sonrosado de los recuerdos, por comparación con el crescendo de la victoria en el ajedrez, con la marea de luz y de liberación que corre desbocada en la mente y en el cuerpo hechos un nudo, en el instante en que el rey del adversario, inerte en medio de la telaraña fatal que uno ha tejido, cae sobre el tablero. Por supuesto que esto sucede más a menudo con el propio rey. Y una vez más resulta casi inútil buscar el modo de transmitir a quien no sea adicto cómo sienta la desolación de la derrota. Tal como no sucede ni puede suceder en ningún otro juego, en ninguna otra modalidad de combate, la derrota en el ajedrez persigue al ego hasta su más recóndita guarida. (…) Las secuelas son la abyección, una humillación corrosiva que se arrastra en uno cada vez que se recuerda la posición, cada vez que se vuelve a analizar. Horas después de concluida la partida, uno despierta y se encuentra con que en la noche bullen formas burlonas. El movimiento adecuado estuvo terriblemente cerca, sumamente llamativo en su apremiante obviedad. Cualquier mirón desocupado, cualquier principiante ciego habría tenido que verlo a la fuerza. Ahora clava sus garras en el cráneo de quien no lo hizo. No hay derrota que pueda tener reparación. El tiempo hace de cada pifia garrafal, de cada metedura de pata de pura farsa, algo ya inmutable, inamovible. Antes morir que sentarse de nuevo ante esos escaques torturadores, que sentir de nuevo en espiral por la espalda inclinada, por la nuca húmeda de sudor, el agrio ardor de la derrota. Pero llega la mañana siguiente y con la primera luz del alba esperan las piezas, magnéticas, con su traicionera promesa de que el día será mejor. Pues ¿qué otra cosa existe en el mundo, además del ajedrez?" (Op. cit. Trad. Miguel Martínez-Lange) Ya ve, Sr. Mir, que no le malinterpreto. La relación entre música, matemáticas y ajedrez es la piedra de toque con la que Steiner expone su tesis fundamental: No puede ser casual que la precocidad creativa se dé únicamente en estos tres ámbitos: "Hay numerosas esferas en las que los niños muy pequeños son capaces de realizar esfuerzos de emulación muy brillantes, pero no pasan de ser meras imitaciones. El joven Picasso imita con tremenda exactitud la técnica compositiva y la paleta de su padre. Las composiciones escritas por Mozart y Rossini antes de la adolescencia son genuinamente inventivas. Gauss se adentra en lo más profundo de ciertos aspectos relativos a la teoría de los números primos y de las series algebraicas antes de cumplir los diez años de edad. Capablanca y Reshevsky registran combinaciones ajedrecísticas de una soberbia originalidad antes de cumplir nueve años. Esto hace pensar que existen dos clases de afinidad entre la música, las matemáticas y el ajedrez. En primer lugar, las tres son actividades no verbales. Parecen depender de la combinación, de la interacción de una comprensión de las relaciones dinámicas sumamente abstracta, y de un énfasis muy especial en las agrupaciones espaciales (…) El segundo tipo de interrelación que se da entre los tres campos puede ser de orden neurofisiológico en un sentido más obvio, por no hablar de la genética. Parece probable que los tres entrañen la participación de zonas de la corteza cerebral enormemente poderosas, pero especializadas al máximo. Estas zonas de alguna manera entran en acción cuando la persona aún tiene muy corta edad, y pueden desarrollarse aisladamente del resto de su psique." Vea, pues, Sr. Mir, por favor, que no me malinterprete. Muchos son los frentes que podrían aún abrirse en nuestro programa de investigación. Así, por ejemplo, el pujante desarrollo de modelos informáticos que tratan de "imitar" (aunque en realidad ahí está el debate, ¿verdad, Sr. Gautama?) los procesos de nuestro pensamiento durante el transcurso del juego, o, por ejemplo, la vía hacia un acercamiento historiográfico del problema, lo que quizá el Sr. Alan Moore quiso decir cuando aludía a la "tradición", o, por qué no, la recepción que de nuestro juego ha tenido la literatura, el cine, o el cómic. Es una labor intrincada que requiere de la energía y el entusiasmo de todos. Aquí todos seréis bienvenidos. Por último, Sr. Dionisoss, agradezco su bienvenida, aunque tenga usted una extraña forma de manifestarla. Y mire de no haberse puesto por piel el vellocino de oro, que por el hontanar se ve a Jasón aparecer.
Editado por: Lamothe fecha: 5/4/04 1:04 am | | Mir Posts: 19 (4/4/04 10:04 pm) | Bellezas!! He leído de un tirón tú exhiguo texto, perdí la concentración un par de millones de veces, yo me pregunto ¿de que nos hablabas antes de empezar a narrar el no se qué? ¿qué dirección toman tus monólogos? por lo que leo este es un camino sin fin. No puedo llegar a una conclusión definitiva de nada entre tantos argumentos y palabras que en sí no me llegan. Nuevamente veo que tú pedagogía es una herramienta que entorpece en vez de ayudar.Si pretendes hacer algo constructivo y en el que toda la gente participe baje usted su nivel literato, porque despues de hablar con muchos usuarios -ya ve lo que hace tener contacto con la gente de a pie- desisten de leer algo que no pueden comprender. Yo por lo menos admito mi ignorancia y te pido que te bajes a la tierra. Por otra parte he de reconocer que me ha gustado el breve texto que nos ofreces -¿Nabokov ó Steiner?- y me recuerda mucho todas las partidas ganadas que he tirado sin saber porqué, cansancio, relajación ó simplemente incompetencia ¿por qué no? Por cierto ya que tú sabes tanto de tantas cosas, dime un jugador de ajedrez que haya sido plenamente artístico y nada pragmático que haya tenido el título mundial de Ajedrez, si lo consigues te deberé un enorme favor. Como eres una persona que "pica" en tantos temas me es imposible responder a todos, ahora me sueltas las imitaciones de los niños, pues claro, desde que nacemos no hacemos nada más que imitar a nuestros padres, ellos nos enseñan y guían nuestro camino, el principal problema es encontrar la 1ª fuente de información, el "creador", ese es el que no imita, ese es el original --hasta tú con tus textos que parecen tan originales son una mera imitación de alguien que ya escribió así-- esa debe de ser la parte de investigación que nos demostrará que los módulos no piensan, tal vez nos ayuden a comprender mejor el juego y con ello a nosotros mismos, eso es lo que deseo y que este noble juego sea fuente inagotable de combinaciones y ataques fantasiosos por siempre. Esperaré con deseo tu amable respuesta. | | Lamothe Posts: 9 (4/4/04 10:30 pm) | Fealdades Sr. Mir, siento parecerle pedante, plagiador, arrogante, pretencioso y no se sabe cuantas cosas más. No estaba en mi ánimo ofenderle con mi jactanciosa y bastarda erudición. Y esto es todo lo amable que puedo ser después de su precipitada respuesta. | | Mir Posts: 20 (4/4/04 10:40 pm) | Re: Evidentemente, esa no es la respuesta que deseaba de Vd, Sr Lamothe, de una persona académica, generosa y compasiva, como yo creía que era , ha pasado al mal gusto, a la metedura de pata y alnoseporqueYosiempretengolarazónynosemepuedediscutir nada, ese es un muy mal camino y tú has abierto la puerta, a partir de ahora todo vale. Saludos | | Alanmoore Posts: 41 (4/4/04 10:04 pm) | Por Dios, un momento, que me ponga al día Pues eso, que se me ha acumulado el trabajo, pero no se preocupen, que todos recibiran oportuna respuesta. Editado por: Alanmoore fecha: 5/4/04 12:19 am | | Lamothe Posts: 10 (4/4/04 10:11 pm) | Creatividad Vale, Sr. Mir, le pido disculpas por mi anterior mensaje. A ver, ¿qué es lo que me pregunta?, ¿por el origen de nuestras ideas ajedrecísticas o por lo que, en ajedrez, hace que a alguien se le ocurra una combinación o un plan de juego geniales? Es difícil responder sobre el origen de la genialidad. En la teoría modular de la mente el desajuste entre los distintos módulos sirve para explicar tanto la patología -llamémosla sin reparo "locura"- como la genialidad. La única diferencia está en que la genialidad seguiría manteniendo la coherencia interna de las ideas, la armonía entre las mismas, mientras que en la locura se producirían asonancias, errores. Entrar a fondo en esta cuestión me llevaría ahora demasiado tiempo, y estoy seguro de que habría quien la expusiera mejor que yo. El tema que nos invita a investigar tiene mucho interés, procuraremos desarrollarlo. Editado por: Lamothe fecha: 4/4/04 10:33 pm | | Alanmoore Posts: 42 (5/4/04 12:58 am) | Matizandome a mi mismo (¿Automatizandome?) "La claridad es la cortesia del filosofo" Jose Ortega y Gasset.
Renunciaré en esta ocasión a todo intento de desarticular sus emborronados comentarios sobre mi lógica, pues en verdad nada entendí. Solo señalarle, señor Lamothe, y a modo de propuesta para su reflexión, pues a mi ciertamente el hecho me tiene bastante inquieto, que habiendolo leido a usted preso de un intenso sabor a deja vu y oteado el horizonte de mi conciencia, solo he hallado la imagen, que de manera residual debe haberme impregnado la contemplación de tantos documetales de la 2, de un calamar en situación desventurada y peligrosa. Huelgan las palabras, se impone la meditación.
A lo que no estoy dispuesto a renuncia -no lo haré, tengalo por seguro- es al bano esfuerzo de matizar, rematizar y hasta remasterizar si fuera por caso necesario la intención de mis comentarios a fin de que usted pueda regresar indemne del imprudente viaje que tan alegremente ha emprendido. Apuntaba yo en mi último post a la imposibilidad de encontrar un grupo de caracteristicas en la naturaleza objetiva del ajedrez que puedan considerarse exclusivas del mismo. ¿Significa esto pues que el ajedrez carezca de caracteristicas propias que justifiquen su exito? Rotunda y categoricamente no, pues es obvio que las tiene y pueden ser objeto de estudio como usted pretende. Pero nunca, y esto debería tenerlo siempre presente en sus ruegos y plegarias, espere encontrar en ellas el motivo ÚNICO -si, con todas las letras en mayusculas, a ver si así se apercive de la llave que abre todas las puertas de mi razonamiento- de su popularidad. Lo que he tratado de indicar -con nulos resultados, compruebo- sacando a la plaza pública, al agora, el concepto de la tradición es que solo podremos entender lo que el ajedrez significa si somos capaces de situarlo en un contexto historico y social, si rastreamos su evolución y buceamos en el conjunto de necesidades que el ajedrez ha venido a satisfacer. Porque sean cuales estan fueren, y no niego yo que ajedrez lo haga, bien podrían ser satisfecha por otras manifestaciones lúdicas que tan dotadas o más estan para hacerlo. Y es precisamente en este conjunto de necesidades en cuya tarea de saciado el ajedrez ha usurpado el protagonismo, es donde, en mi opinión, radica el verdadero interes de nuestro estudio, y no en el por qué de esta usurpación. Dicho de otro modo, el ajedrez no surge de la nada, no se inventa en la mas absoluta inocencia, sin más objeto que el de su propia invención. No busquemos las claves del ajedrez en motivos tan peregrinos como que el alfil mueva en diagonal, o que el peón coronado pueda promocionarse en dama. | | JMacias Colaborador Posts: 3 (5/4/04 9:32 pm) | Esencia de ajedrez Antes de aceptar sin más la línea general de las intervenciones que dan por buena la imposibilidad de establecer unas características propias y únicas que distingan al ajedrez del resto de juegos y ponernos a bucear en la casuística psicológica de los jugadores, quisiera hacer un intento, propongo tres elementos que, tengo la impresión, pueden servir para definir la esencia o los secretos del ajedrez y actuar como criterio de demarcación respecto a otros juegos. 1. Es un juego determinado por reglas abstractas que responden a conceptos geométricos (o de un modo más amplio matemáticos); por lo tanto el azar está descartado de modo directo. Como prueba os recuerdo que una vez alcanzado un nivel de destreza es posible jugar sin tablero ni piezas, puesto que ambos son sólo ayudas, materializaciones de conceptos geométricos. Esta característica hace que ser derrotado no tenga paliativos directos y el ego de cada uno salga tan mal parado, es tu mente la que se enfrenta contra otra mente en igualdad de condiciones y no se puede achacar el perder a una mala tirada de dados o una mano desfavorable de cartas. 2. El objetivo final del juego es una condición abstracta, dar jaque mate al rey contrario. A pesar de que tener ventaja es el camino más seguro para obtener la victoria esta no se consigue hasta que se ejecuta el jaque mate, dicho de otro modo, el elemento material que son las piezas dependen absolutamente de la posición relativa en que se encuentran respecto al rey enemigo y no existe “un mate” sino una definición general a la que se adaptan los casos particulares. Esta característica permite el sacrificio de material, en sus diversas variedades o como dice Spielmann, la transformación de la materia en energía. Aventurándonos un poco más lejos, podríamos sostener que esta característica hace que los límites lógicos-matemáticos del ajedrez se amplíen con conceptos como sacrificio posicional, estrategia, plan, etc, puesto que no solo hay que atender a la cantidad de piezas que se poseen sino a las cualidades que adquieren en cada posición. Y tengo la impresión de que son esta característica y la anterior la que hacen del ajedrez un formidable instrumento pedagógico. 3. Es un juego con una fuerte carga simbólica (en la cultura occidental pero quizás no solo en ella a estas alturas de la historia) y por lo tanto estética, como lo demuestra el uso generalizado ( y demasiadas veces descuidado) que del ajedrez han hecho y hacen el cine, la pintura, la literatura, etc. Sobre esto podríamos aportar más datos pero baste lo dicho para el objetivo que nos propusimos al comienzo.
No conozco otro juego que reúna estas características ( y si lo conociera lo practicaría) y si se argumentara que esos mismos requisitos los cumplen el ajedrez circular o la modalidad propuesta por Fisher, u otras formas, contestaría que no son más que variantes del ajedrez normalizado que conocemos y no aportan ninguna novedad significativa a la esencia del juego. | | Alanmoore Posts: 44 (5/4/04 10:23 pm) | Suerte maestro. Antes de nada, celebrar que se brinde jmacias a lidiar en esta plaza, donde -cortesia es avisarlo- son bravos todos los morlacos, fieras las envestidas y punzantes los astados. Bienvenido de todas formas, y que caiga siempre bocabajo tu montera en el alvero de este nuestro ruedo. Editado por: Alanmoore fecha: 5/4/04 10:39 pm | |
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| Autor | Comentario | | honinbo Member Posts: 7 (5/4/04 11:33 pm) | de soliloquios y ajedrez Estimado señor Lamothe, no sé si le sobra escepticismo, pero de soliloquios nos tiene abrumados (Soliloquio: Habla o discurso de una persona que no dirige a otra la palabra, Dle de la Real Academia), porque parece que sólo se hable a sí mismo. No obstante, el tema por Vd. propuesto es de lo más interesante, y quisiera aportar una pequeña reflexión (tal vez otro soliloquio): ¿qué pueden tener en común el juego del ajedrez y un juego de llaves? La palabra juego, claro está, pero ¿por qué? En mi modesto entender, creo que en ambos casos nos encontramos ante un conjunto (de objetos, de reglas, de situaciones, eso es secundario) que nos ofrece alternativas a considerar. Eso me parece a mí el ajedrez, un jardín de senderos que se bifurcan (con su permiso, don Jorge/Georgie), en el que tiempo y espacio se refunden, se transforman, y en el que buscamos una salida, sea la victoria, sean unas tablas, tras haber recorrido parte de sus caminos. Por último, para JMacías, indicarte que hay otro juego, más puro matemáticamente, incluso, que el ajedrez (y son comunidades de matemáticos de todo el mundo las que lo afirman, de hecho el último open de España fue organizado por el departamento de matemáticas y estadística de la Universidad Politécnica de Cataluña), y que con gusto me ofrezco a poner en conocimiento de los interesados, pero este es un foro de ajedrez, y no voy a citar ni siquiera al gran Emmanuel Lasker al respecto. Saludos a todos | | Tierra de Barros Unregistered User (7/4/04 4:01 pm) | El Secreto del Ajedrez Anda el filósofo despistado y nos introduce en un tema que no tiene ningun sentido. Su pregunta, sr. Lamothe, no tiene fundamento, de ahí que el debate se disperse tocando diferentes puntos muy manidos en el mundillo ajedrecístico.
Y digo que no tiene sentido por ser el Ajedrez un juego finito, y por tanto realizable físicamente. Es decir, el Ajedrez no tiene ningun secreto, sólamente nos hace falta la máquina que pudiera completar todas las posibles partidas que se pueden jugar. Desde ese mismo instante el Ajedrez sería completamente descubierto. Más o menos lo que ha ocurrido con el código genético humano.
Sin duda, y aunque esto ocurra, el Ajedrez como actividad humana seguirá siendo apasionante, debido a lo limitado de nuestro intelecto. Y precisamente, en nuestra incapacidad reside el mágico encanto que nos embarga cuando comtemplamos aquello que nos resulta incomprensible. Este es el fundamento de su oficio sr. Lamothe. Un filósofo hoy en día es un aprendiz de brujo de aquellas viejas tribus que poblaban antiguamente nuestro mundo. Dedíquese a la Matemática o a la Física Teórica Sr. Lamothe, o simplemente mejore su ajedrez.
O lo que sería mejor para toda nuestra comunidad ajedrecística, vuelva usted a su pueblo, cultive unas viñas y ofrezcanos un buen vino, ese elixir que empalaga la conciencia y nos hace clarividentes.
Un saludo a todos los filósofos que pululan por estas páginas de un reconvertido Tierra de Barros | | Tierra de Barros Unregistered User (7/4/04 5:25 pm) | Re:El Secreto del Ajedrez Coño! el Montero me a plagiado el nombre.........
Monteroooooooooooo, si quieres insultar buscate tu propio nombre melondro y no copies el de nadie que yo no soy el que ha escrito lo de arriba que quede claro!!!!!!!!!
Donde vamo a llegar.................... | | Mir Posts: 21 (7/4/04 7:30 pm) | Re: Bienvenido a la formalidad Tierra de Barros, ahora para que te conteste sólo necesito que te registres formalmente y pidas disculpas por todos tus desvaríos anteriores, hasta entonces "na de na". | | Alanmoore Posts: 46 (9/4/04 7:48 pm) | Aportaciones He intentado en mis anteriores post fijar la idea de que no es el ajedrez en verdad juego impar, si no mas bien guía y parte de una familia o tronco de manifestaciones lúdicas que participan de características comunes. Dentro de esta línea de investigación he señalado a la tradición y la historia como causa de que sea el ajedrez abanderado de esta gama de juegos. Cierto es, además, que no he dedicado de momento ningún esfuerzo a determinar las características de esta familia. Lo haré ahora.
Es a mi entender el ajedrez un sistema cerrado y centrado sobre sí mismo, regido como bien apuntaba Jmacias por reglas abstractas y que se desarrolla en un espacio imaginario y delimitado. De esta definición quisiera destacar dos conceptos fundamentales a la hora de analizar el ajedrez: su condición de sistema cerrado, es decir que se constituye en universo completo y determinado en el que todo las posibilidades están ya fijadas de antemano por sus reglas. Así cabe aquí darle la palabra a Thomas Huxley para que el lo diga con más estilo : "El tablero es el mundo; las piezas son los fenómenos del Universo; las reglas del juego constituyen lo que conocemos como leyes de la naturaleza." Y por otra parte el hecho de que sea abstracto e imaginario, es decir de ser una invención que no necesita de su materialización física para ser desarrollado. Ilústrenos ahora De Saussure: “...si me sirvo de piezas de marfil en lugar de piezas de madera, el cambio no afecta al sistema, pero si aumento o disminuyo el número de piezas, esta modificación ejerce un efecto profundo en la gramática del sistema. Es preciso, por tanto, distinguir siempre lo interno de lo externo. En otras palabras , el aspecto de un Peón no tiene ninguna importancia, sino que lo que importa es que su aspecto sea distinto del de, por ejemplo, el Alfil. Y si se pierde un Peón, se lo puede sustituir por cualquier otra cosa, un botón o un salero por ejemplo, a los que se considera idénticos a la unidad sustituida."
De ambas características quiero concluir yo que es el ajedrez en verdad un lenguaje; una secuencia de imágenes, una dispersión de palabras a medio recordar; jeroglíficos deshilvanados desenvueltos en nuestra memoria. Y es que para percibir una forma, incluso la de nuestras propias vidas, hay que disfrazarla de lenguaje porque el lenguaje es la materia de la forma. El ajedrez es un lenguaje, una invención humana, una ficción y aun así crea una forma elegante, crea esplendor, crea verdad. En el ajedrez hay siempre un creador, un artista.
Es por tanto el ajedrez una hoja en blanco a la que robarle con esfuerzo y dedicación todo lo que es dable expresar. ¿Pero que es lo que se quiere expresar en ajedrez, que es lo que tratan de comunicarse los ajedrecista en el desarrollo de una partida? Dejemos ahora hablar a Arturo Capdevila: "...siéntome a jugar frente a mi maestro, por libre y mutua voluntad; lo que enseña, no bien se “trascendentaliza”, que si en el mundo estoy moviendo las piezas de la vida, nadie, sino yo mismo me lo impuso así. Estamos frente a frente, dotados de idénticas posibilidades. Esto me da la noción del frente a frente que es de rigor en la vida, y de la originaria igualdad que es de su esencia. Más como la acción a que se está consagrado no puede realizarse sin la modificación, la absoluta igualdad se destruirá muy pronto, mediante los actos libres - hay que decir de algún modo - de cada jugador. Igualdad absoluta significa treinta y dos piezas en reposo: así no se juega. Así no se vive tampoco. Más la desigualdad proveniente de la acción no será ni casual ni arbitraria, ni siquiera fatal en el sentido desolante: se fundará en la ley de la estricta justicia. El que resuelva mejor su problema, y no el que por ante sí lo imponga, será el superior. Como en la vida, todo es problema en el ajedrez, desde la apertura hasta el mate. Pero todo es equidad y todo es ley." Es decir, en completa igualdad de condiciones lo que los jugadores - los dialogantes - tratan de dirimir es la forma que rige al mundo, la mejor forma de desenvolverse en él, y en última instancia se discute la esencia misma de la realidad.
Para terminar quisiera recomendar una interesantísima página web, www.metajedrez.com.ar/ , en la que a través de diversos artículos, poemas, cuentos e imágenes se trata de recoger la influencia que el ajedrez a ejercido en disciplinas como la filosofía, el cine, la novela, el comic, la historia, etc.
Editado por: Alanmoore fecha: 15/4/04 10:22 am | | Lamothe Posts: 11 (17/4/04 4:43 pm) | Del Dechado de Fortuna Algunos pueden llegar a pensar, Sr. Honinbo, que esta afición suya a citar del académico listín monárquico es algo así como la versión carpetovetónica del "más allá del bien y del mal" en que se quiere todo "brindis al sol". Otros, sin embargo, podrían ver en la dicha suso actitud los anhelos recompensados de pizpiretas oes que, dejados atrás los años de estricta y entera soltería, al fin encontraran a sus altivos y macizos canutos. Es posible, incluso, en el colmo de la desconsideración, que ciertos otros, no aquéllos ni éstos, luego de la perfecta dicción castúa del término "soliloquio", respetaran, pero no compartieran, la oportunidad de su científico esclarecimiento en lo que bien podría haber servido para evitar la no por imaginada menos hiriente burla perpetrable en una de esas rondas vespertinas de consabidos cafés entre conocidos: descafeinado de sobre, descafeinado de máquina, cortado, manchado, con leche… y, ah, sí, para el Ambrosio de las Marías, un soliloquio con hielo. Es posible, sí. No yo entre ellos. Para mí es usted, sépalo bien, un pedagogo "de primera" que sólo pretende, pero además consigue, llamar a las cosas por su nombre: "soliloquio". Le faltó decir, tan enfrascado como se hallaría usted en su encomiable esfuerzo por sacarnos de las tinieblas y en no darnos más información de la que nuestros espíritus fuesen capaces de digerir, que el equivalente griego de soliloquio es "monólogo". Para su tranquilidad, aclaro a la concurrencia que esta palabra no quiere dar publicidad esquemática de ningún cercopiteco coqueto dispuesto a promocionarse ("de ese mono no quiero ver ni el logo"), sino únicamente hacer más genérico el referente hacia el que apunta la expresión latina por usted exhibida. Pero ni por esas. Lamento, por otra parte, que no ampliara usted sus explicaciones hacia otra palabra que, a mi entender, habría necesitado de mayor atención porque, créame, no sé qué quiere decir usted con eso del "escepticismo". ¿Habla del escepticismo de un Pirrón de Elis o de un Timón de Fliunte?, ¿se refiere acaso al escepticismo metódico de un Sexto Empírico?, ¿apunta la alusión, quizá, hacia la Academia media dirigida por Arcesilao y heredada por Carnéades?, ¿piensa en Montaigne?, ¿en Hume?, ¿en Butragueño? No sabemos. Con todo, Sr. Honinbo, agradeciéndole los servicios prestados, quiero sacarle de un error: no hago soliloquios, tampoco monólogos, sencillamente contesto a quien me atribuye falsedades o entes imaginarios, o a quien me toma como pretexto para iniciar sus, ahora sí, quizá no del todo reconocidos monólogos, o a quien hace de la lógica un sufrido pañuelo de usar y tirar; o, en fin, a quien "diciendo que digo" -pero no digo sino lo que digo- hace befa, mofa y estrofa del soniquete o cantinela que le pareció percibir, a falta de una lectura más atenta, en mis intervenciones. ¿Le abrumo? No me lea o tome más el sol. No obstante lo anterior, distinguido señor, quería agradecerle muy de verás su colaboración en el tema que nos trae aquí. Estas ideas suyas sobre la fusión del tiempo y del espacio que acaba dando como resultado otra cosa, así como la red de alternativas a que tiene que enfrentarse el jugador antes de concluir el juego, me parecen extraordinariamente reveladoras. Por favor, siga desarrollándolas y no tema transitar ese "puente". Ábsit.
Sr. Alan Moore, rememorando los tiempos galantes, "¿cómo lo diría y cómo diciéndolo emplearía las palabras adecuadas?" Parece usted empeñado en presentarnos su visión particular del "sostenella y no enmendalla" con estas continuas matizaciones que tienen por mayor virtud ligar lo dicho y su contrario mediante subrepticios "o sea, es decir, o sea". Hay que felicitarse, sin embargo, de que al fin se haya decidido usted en decir algo y que lo haga, además, apuntando maneras literarias. La página web (www.metajedrez.com.ar) que indica usted me ha parecido interesantísima, sobre todo los artículos de Jonathan Webber y Arturo Capdevila que parecen signados allí con los números 16 y 82, respectivamente. Recomiendo encarecidamente la lectura de los mismos para mejor valorar la enjundia de las propuestas que hace usted. En lo que a mí toca, en este frente de la investigación historiográfica quisiera mencionar el texto compuesto entre 1300 y 1330 por Jacobo de Cessolis Liber de moribus hominum et de officiis nobilium, sive super ludum scacchorum ("Libro de las costumbres humanas y de los oficios nobles, a la manera del juego del ajedrez"), más concretamente, la traducción española que del mismo hiciera el licenciado Martín Reina en 1549 y que hoy conocemos por "El juego del ajedrez o dechado de fortuna", a través de la excelente e inencontrable (pero accesible a través del préstamo interbibliotecario) edición crítica de Marie-José Lemarchand para Siruela, en Madrid, año 1991. Me permito citar de las solapas un breve extracto: "El libro, (…), es una especie de Libro de los Estados que, a través de las piezas del ajedrez, examina las distintas clases sociales de su época. El primer tratado hace historia del juego. El segundo habla de las piezas nobles del mismo: el rey, la reina, los alfiles o jueces, los caballos o caballeros y los roques u oficiales reales. El tercero se ocupa de los peones del juego, que representan diferentes oficios y profesiones, desde labradores, carpinteros, sastres y comerciantes hasta médicos, taberneros, recaudadores de impuestos y bandidos. El cuarto tratado hace referencia al movimiento de las piezas, lo que da pie a De Cessolis para tratar de la subordinación de unas clases y oficios a otros. La obra tuvo una difusión enorme en toda Europa, traduciéndose al alemán, al francés, al catalán, al inglés, al neerlandés y, por último, al castellano. Tanto en el siglo XV como en el XVI la imprenta propició que fuera objeto de numerosas ediciones. Contribuyó, sin duda, a su difusión la gran cantidad de ejemplos que contiene, extraídos en su mayor parte de autores clásicos, como Valerio Máximo, Séneca, San Agustín, Horacio y Cicerón, y medievales, como Pedro Alfonso y Juan de Salisbury." Y en el estudio preliminar que acompaña al texto leemos lo siguiente: "Con el libro (…) tenemos un instrumento modélico para observar en la sociedad medieval, y en la prerrenacentista que se anuncia, el curioso fenómeno de un cambio de mentalidades entre épocas distintas (…) Habría que estudiar este cambio de mentalidades que nuestro texto revela, de acuerdo con una metodología que a continuación se apunta, en torno a dos ejes, uno referido a la función racionalizadora y formalista de las reglas (de juego, evidentemente) y el otro, en cierto modo contradictorio, motivado por el efecto mágico que se atribuye a unos códigos que atesoran el saber antiguo, siempre esotérico y de difícil acceso. (…) Durante la Edad Media, mientras el ajedrez iba penetrando en Occidente, a partir del mundo persa y árabe, tanto por la Europa del norte comoo por el Mediterráneo, ese juego sufrió varios procesos de aculturación. Así se transformó la interpretación simbólica de las piezas (…) y se integró el ajedrez en la herencia de la cultura occidental, según una versión mítica que atribuía su origen a los griegos."
Relata también Lemarchand, allí mismo, que los primeros textos europeos sobre ajedrez son testamentos del siglo XI que provienen de Cataluña, siguiendo en esto a J. Brunet. En la voz "ajedrez" de la Enciclopedia Espasa -fácilmente disponible en cualquier biblioteca pública- podemos leer un fragmento de uno de esos testamentos, atribuido a la condesa doña Ermesindis, en 1056, legando el ajedrez de su marido, Borrell III, conde de Barcelona, a la iglesia de San Egidio, en Nimes: "Et dimissit domino Papae suos sciphos ligneos ornatus auro. Et Sancto Egidio Neumasensi suos Schacos christalinos ad tabulam. Et dimissit Sancto Quirico praefacto tantum argenti et auri ex quo possit esse una optima Crux." ("Y se enviará al Papa soberano sus copas de madera decoradas con oro. Y a San Egidio de Nimes, su ajedrez de cristal con el tablero. También se enviará a San Quirico tanta plata y oro como sea necesario para hacer una magnífica cruz." -traducción de Lamothe-). Y un poco más abajo, en un documento datado en 1061, una carta del cardenal Damiano, obispo de Ostia, al Papa Alejandro II, podemos leer como aquél le refiere a éste el castigo que se vio en la necesidad de infligir a uno de sus subordinados por haberlo descubierto jugando al ajedrez, calificando el suceso de "pasatiempo sacrílego para un ministro de Dios". Afortunadamente, no parece que el cardenal Damiano lograse imponer sus criterios al resto de la Cristiandad. Con el tiempo, pese a que el juego fuese prohibido por algunos monarcas y autoridades eclesiásticas, fue adquiriendo un valor añadido de estatus social: "Chess and dice games were periodically banned by kings and religious leaders. For example, King Louis IX forbade the game in France in 1254. However, the game's popularity was helped by its social cachet: a chess set was often associated with wealth, knowledge, and power. It was a favourite of Kings Henry I, Henry II, John, and Richard I of England, of Philip II and Alfonso X the Wise of Spain, and of Ivan IV the Terrible of Russia. It was known as the royal game as early as the 15th century." ("El ajedrez y los juegos de dados fueron recurrentemente prohibidos por reyes y autoridades religiosas. Por ejemplo, el rey Luis IX prohibió el juego en Francia en 1254. No obstante, la popularidad del juego se vio alentada por su prestigio social: el juego de ajedrez se asociaba muy a menudo con riqueza, conocimiento y poder. Fue el juego favorito de los reyes Enrique I, Enrique II, Juan y Ricardo I, en Inglaterra; de Felipe II y Alfonso X "el Sabio", en España; y de Iván IV "el Terrible", en Rusia. Se popularizó como juego real nada más comenzar el siglo XV." (Encyclopaedia Britannica. "Chess".Traducción de Lamothe)
Para terminar con el texto de De Cessolis, al que lamentablemente apenas si podemos hacer aquí justicia, la editora del mismo nos llama la atención sobre los paralelismos entre sociedad y ajedrez que animan el espíritu de la obra, lo que lleva al autor a "establecer equivalencias simbólicas o de signos (…) con una correspondencia término a término entre situaciones o movimientos de piezas sobre el tablero y vicios/virtudes propios de la alegoría moralizante. La literatura de ajedrez se inscribe en esta corriente desde los primeros textos, como el Moralitas de Scaccario, de autor anónimo, incluido en el siglo XIII por Juan de Gales en su Breviloquium de virtutibus antiquorum, que sin duda serviría de modelo a De Cessolis. (…) Es cierto que ya en la Edad Media existieron repertorios de problemas de ajedrez y estudios de fines de partidas, pero los libros de ajedrez tardarían mucho en separar las consideraciones morales de las técnicas de juego." Y habría que añadir al comentario de Lemarchand que no sólo de índole moral, sino también política. A este respecto, me impresionó profundamente un comentario de De Cessolis acerca del comportamiento del soberano para con sus súbditos que bien podría haber servido como precedente a teóricos de la política de la Ilustración: "Mejor se rige con liberalidad y libertad que con la violencia y el poder de las armas, (…). (…), los señoríos que se adquieren o poseen con violencia, quiero decir, que se rigen sin virtud ni título de justicia, no pueden durar ni sostenerse mucho tiempo. Con virtud y bondad, en cambio, sujetarás a todo pueblo universalmente." (Op. cit. Segundo tratado: De las hechuras de los trebejos nobles. Capítulo I: De la figura y atributos del rey.)
Sirvan estas líneas, Sr. Alan Moore, para impulsar investigaciones en el sentido que usted ha indicado y del que luego, a tenor de este bosque literario en el que ha decidido refugiarse, no sé si se querrá desviar. Para los interesados en continuar esta labor historiográfica podría resultarles muy útil la lectura del artículo "Échecs" que aparece en la Encyclopédie Diderot et D'Alembert, escrito por Diderot, que, recordamos, era jugador asiduo en el café La Régénce, de París.
Sr. JMacías, antes de nada permita que le dé la bienvenida. Acepto, en líneas generales, los presupuestos de partida que indica usted para esta línea de la investigación, algunos de los cuales ya apuntaba, sin demasiada concreción, en alguna de mis intervenciones anteriores. Sin embargo, considero que no debe ser éste un camino único, y estimo, en no menor medida, productivas las indagaciones que al efecto gusten realizar otros en el terreno, por ejemplo, de la psicología, que no en el de la "casuística psicológica de los jugadores". Usted mismo, estimado señor, hace mención de estos efectos psicológicos en el primero de los puntos de su, por otra parte, magnífica sistematización. Pero toda sistematización, lo sabe muy bien, debe probar su consistencia en el análisis circunstanciado, y eso es lo que ahora procederemos a hacer, si bien muy brevemente, en esta ocasión. Necesitamos, Sr. JMacías, precisar más el concepto de "azar" al que pretendidamente parece oponerse el ajedrez en razón de los "conceptos matemáticos" que se legislan por las "reglas abstractas" que usted, y no está solo en esto, atribuye a nuestro juego. No veo que haya conexión lógica entre reglas y conceptos involucrados en el ajedrez, por un lado, y, por otro, la conclusión derivada de ahí en el sentido de que el azar quedaría descartado. Es más, sostengo que el elemento azaroso está presente y es constitutivo de la esencia de nuestro juego. Con tal, claro, que no se interpreten como conceptos antitéticos "azar" y "previsión". Y no deben interpretarse así. Por ejemplo, en el billar se tiene la previsión de hacer una carambola, cosa diferente es si se logra. Me responderán que si fuera posible controlar todas las variables físicas de la ejecución, tales como la inclinación del taco, el estado de la mesa y las bolas, la fuerza imprimida, por no mencionar el pulso del jugador, etc, sería posible prever sin el menor margen de error todas las carambolas posibles. Y así es, en efecto, pues en el billar rigen leyes geométricas y conceptos matemáticos en sentido estricto. La analogía entre matemática y billar, funciona. Pero el azar no desaparece, pues la concreción -léase el choque fáctico de las bolas- de nuestras abstracciones tiene lugar en un marco físico, real, cuya complejidad de factores no pueden aislarse por completo. Pues bien, en ajedrez el azar no responde a ninguna concreción física, sino conceptual, mejor dicho, de relación de conceptos que van construyendo un discurso, una arquitectónica si se prefiere, que tienen sus criterios de contrastación en las sucesivas valoraciones posicionales que se llevan a cabo, y como justificación última de éstas el "jaque mate". Mientras que la estructura matemática responde al par "abstracción/abstracción", la estructura del ajedrez lo hace en términos de "abstracción/concreción" Desde mi punto de vista sería mucho más productivo establecer analogías entre ajedrez y física que no entre ajedrez y matemática, pues creo que la física funciona con el mismo esquema que el ajedrez, o para decirlo de una vez, el ajedrez, como la física, no es un sistema deductivo "more geometrico", sino un sistema hipotético-deductivo que necesita, de continuo, ser contrastado. No es este lugar para ofrecer una explicación detallada de los sistemas epistemológicos a los que he aludido, pero me gustaría llamar simplemente la atención sobre el hecho de que lo que conocemos como "análisis postmortem" no son sino contrastaciones que permiten a los jugadores saber cómo debiera haberse jugado, en el reconocimiento tácito de que no era posible, sin esa contrastación, saberlo. Es la experiencia (ensayo y error en la facticidad del "discurso"), Sr. JMacías, la que va determinando el carácter de nuestras leyes ajedrecísticas -muchas de ellas en pañales-, y no la inmanencia de los "conceptos matemáticos" desplegados en la invarianza de las "reglas abstractas" (¿acaso alguna regla no lo es?) que constituyen el ajedrez. Y si digo que es la experiencia, digo también que no sólo es la experiencia, pues toda contrastación supone un marco general que determine su operatividad. O dicho en términos ajedrecísticos, toda jugada necesita de una posición en que expresar su significado: concordancia con el plan estratégico y, en consecuencia, conveniencia táctica de su realización. En resumen, mi tesis fundamental es que el ajedrez se diferencia de otros juegos porque responde al método hipotético-deductivo de la ciencia natural y porque lo hace de acuerdo con la estructura "abstracción/concreción" (y no a la inversa) a la que antes hacía referencia. Esta tesis no está en contradicción con la tesis general que sostuve en la primera de mis intervenciones, según la cual, los métodos científicos habrían extraído sus fundamentos de las reglas provenientes de los diferentes juegos desarrollados en las diferentes culturas. Porque hay juegos y "juegos", y el ajedrez es un juego de segundo grado que mantiene con los modelos nomológicos-deductivos (o nomológicos-probabilísticos, que aquí sí estaría la auténtica médula de la discusión) una curiosa relación de "retroalimentación". Me perdonará usted, Sr. JMacías, que no me extienda más, lo dejo, si acaso, para posteriores intervenciones. Le agradeceríamos, estimado señor, nos aportase bibliografía que nos permitiera seguir avanzando en la línea de investigación que tanta atención nos ha suscitado. No deje de hacerlo, por favor.
Por último, Sr. Tierra de Barros, admito que es muy fuerte la tentación de entrar a saco sobre esta cuestión del sentido, o del sin sentido, o del sentido del sentido, o del sentido del sin sentido, o del sin sentido del sentido, o del sin sentido del sin sentido, o de todos los meta- (sin) sentidos que quepan imaginarse. No lo haré. Dice usted cosas interesantes, o lo que es lo mismo, ejerce usted muy coherentemente su propia contradicción. Verá, lo que está en juego en su pertinente apreciación acerca del carácter teóricamente finito del ajedrez es lo que un poco más arriba indicaba sobre la diferencia entre modelos nomológicos-deductivos y modelos nomológicos-probabilísticos. Precisamente por eso me he inclinado a defender la primera opción sobre la segunda, teniendo en cuenta, por lo demás, que el horizonte de los sucesos posibles (partidas jugables) tiene un límite, aunque un límite de un orden de magnitud que quizá exceda al del número de átomos en el universo. Pero lo que en términos de meta-teoría puede aceptarse, en términos de teoría no tiene porqué cumplirse, pues los ámbitos de aplicación de una y otra son distintos (no funciona esto como las matrushkas, en una especie de dinámica de inclusión fractal, por así decirlo). Y me parece legítimo, por tanto, defender el modelo probabilístico desde el ámbito puramente teórico. Justamente por la imposibilidad de cálculo efectivo de todas las variantes.
Para concluir, Sr. Tierra de Barros, las limitaciones de nuestro intelecto no es un rasgo que se presente sólo en el ajedrez o en la filosofía, también, me temo, en la matemática o en la física teórica, como dice usted. Pero puestos a aconsejar profesiones, habría preferido que me adjudicara la de talabartero, porque no sólo conviene llevar bien las riendas de lo que uno dice, sino asegurarse de que éstas aguantarán.
Estamos empezando a perfilar algunos de los secretos del ajedrez, pero la tarea es ardua y las colaboraciones, de la índole que sean, imprescindibles. Ninguna contribución es desdeñable, pues incluso los errores nos permiten avanzar. Hago un llamamiento a los indecisos para que sumen su esfuerzo en nuestro programa de investigación. "Gens una sumus". Qué lema tan hermoso.
Editado por: Lamothe fecha: 17/4/04 4:51 pm | | Juan Antonio Montero Posts: 5 (18/4/04 12:23 am) | enhorabuena Estimado sr. Lamothe: Participar en este Foro de debate que usted ha propuesto se está poniendo cada vez más exigente. Por lo menos para mí, que necesito frecuentemente leer más de una vez muchas de las intervenciones que aparecen, para llegar a la conclusión de que he entendido algo. Pero creo que el problema es del receptor (o sea, mío), no de la mayoría de los que escriben. Creo, y sin ánimo de adular, que es muy meritorio lo que está usted consiguiendo: que participe mucha gente distinta en el tema; que los que participan, cuiden el estilo, el fondo y las maneras a la hora de escribir; que se escriba sin prisas y sin dejarse llevar por un calentón; y que la gente (y eso se percibe fácilmente) intente sacar de sí misma lo mejor que tiene. Se le ha reprochado que se extienda en demasía, y también que su habla sea excesivamente erudita. No entiendo que estos sean defectos. Hoy en día es de agradecer que alguien no te hable del mismo modo que si te enviara un mensaje de texto por el móvil. Pensar independientemente y poseer una cierta cierta cultura, no creo que sean asuntos de los que haya que avergonzarse demasiado. Se está manteniendo mucho tiempo en el Foro el debate propuesto, no solo gracias a usted, sino a todos los participantes; y los francotiradores habituales de la página web (salvo alguna aparición esporádica, que para colmo ha sido simpática), no han querido aparecer. Yo echo de menos que se piense un poco más en los secretos psicológicos del ajedrez, pero bueno, a lo mejor uno es como esos historiadores de los años setenta, que explicaban la historia en términos de cosechas de trigo o de cosechas de maíz. Enhorabuena a todos y un cordial saludo. | | ManoloMagic Boss Posts: 100 (18/4/04 2:42 am) | Ajedrez y Matematicas Sigo con vivo interés todo lo aportado y debatido en el sugerente tema propuesto por mi estimado amigo Lamothe.
He de advertir que no me encuentro en situación de abordar tan "suculento bocado" pues mi mente se encuentra ocupada en cuestiones mucho más triviales y considero que para realizar el esfuerzo de investigación que este tema requiere se necesita una buena dosis de curiosidad intelectual, de orgullo y de ambición. Tres características necesarias para el buen investigador, y también para el buen ajedrecista, aunque en este último considero que las dos últimas son las fundamentales.
Si quiero realizar una pequeña incursión en el campo vislumbrado en algunas de las intervenciones, apoyando la tesis fundamental de Lamothe "el ajedrez se diferencia de otros juegos porque responde al método hipotético-deductivo de la ciencia natural" y no al método y estructura matemática.
En primer lugar quiero aclarar que la tesis expuesta por JMacias viene a decir, "de alguna manera", que el ajedrez forma parte de las matemáticas y efectivamente podríamos afirmar que el Ajedrez es matemática "trivial". Los problemas que se pueden plantear en ajedrez no son importantes y no hablo desde el punto de vista práctico, tanto el ajedrez como la mayor parte de las mejores matematicas son "inútiles". La "seriedad" de un teorema matemático no descansa en sus aplicaciones prácticas, generalmente mínimas, sino en el significado de las ideas matemáticas que enlaza. Así sucede a veces que un importante teorema matemático conduce a importantes avances en las matemáticas o en otras ciencias. Sin embargo nunca el desarrollo general del pensamiento científico se ha visto influido por un problema ajedrecístico, si bien he de admitir que el ajedrez ha servido como paradigma en las discusiones sobre inteligencia artificial, tema muy interesante que espero sea acometido en esta apasionante investigación.
Por lo tanto podemos dar por supuesto que la superioridad del teorema matemático es abrumadora. El defecto principal del problema de ajedrez es su "trivialidad". Generalmente un teorema matemático es apreciado por su falta de "variaciones", la enumeración de casos es una de las formas menos apreciadas de razonamiento matemático, una demostración matemática es apreciada en función de su simplicidad y sobre todo cuando es claramente delimitada. El problema en ajedrez puede tener sus sorpresas y una cierta economía, sin embargo siempre es acumulativo, donde cada movimiento es seguido por un árbol de variantes, y por lo tanto simplemente se trata de una enumeración de casos o posibilidades, de ahí mi apreciación como matemática trivial. De hecho todos los intentos de construir la axiomática ajedrecística han fracasado, aunque han aportado al ajedrez avances significativos en la práctica y maestría del juego.
Si se acerca más el ajedrez al método de la ciencia natural, al método hipotético-deductivo. Esto lo ha demostrado la evolución del juego a lo largo del último siglo, desde Steinitz y Lasker hasta Kasparov. Me parece interesante la última aportación de Watson en su libro "Los Secretos de la estrategia moderna en ajedrez" (editorial Gambit) donde se explica con maestría la evolución de los conceptos estratégicos desde Nimzowitsch.
Y para finalizar quiero aportar otra linea de investigación, tambien perfilada en algunas aportaciones. El ajedrez es un juego de combate y su evolución no es más que el resultado de la lucha por la supervivencia, por la victoria. Podríamos afirmar que las piezas y sus habilidades han evolucionado como han evolucionado las especies. La lucha está en los orígenes del ajedrez, en su fundamento, en su evolución y en su práctica.
Quizás el secreto del ajedrez radique en la "pureza" de la lucha que refleja, esta es la característica del juego que mejor se engarza con la "naturaleza" humana. De ahí que el juego del ajedrez sobreviva tras miles de años. Desengañémonos, el ajedrez no es una ciencia ni un arte. El ajedrez es un combate donde los elementos científicos, artísticos e intelectuales son los dominantes. Editado por: ManoloMagic fecha: 18/4/04 2:50 am | | honinbo Member Posts: 8 (19/4/04 2:17 pm) | ajedrez,feudalismo y matemáticas Sr. Lamothe Lamento que no encuentre relación entre el escepticismo y los soliloquios, pues era un pequeño homenaje a su homónimo francés del s. XVII, uno de aquellos eruditos que lucharon por erradicar la superstición y lo sobrenatural a favor de la filosofía y la ciencia. Lamento también que me reproche el recurso a instituciones monárquicas, máxime si poco después cita por extenso a un autor medieval, quizás dando así la razón a quien criticaba el ajedrez como "un juego feudal, basado en la desigualdad social y en la exaltación del torneo y el duelo". ¿Ha llovido mucho desde entonces o algunos añoran las nieves de antaño? Sobre la relación entre ajedrez y matemáticas, me parece pertinente recoger, extractada, una aguda reflexión de Edgar Allan Poe, el cual, creo que muy acertadamente, distingue entre cálculo y análisis, no dejando muy bien parado a nuestro ajedrez, pero ahí están los programas informáticos (gran potencia de cálculo, escaso análisis) para demostrarlo con su dominio sobre la mente humana común, y cito: "Esta facultad de resolución está, posiblemente, muy fortalecida por los estudios matemáticos, y especialmente por esa importantísima rama de ellos que, impropiamente y sólo teniendo en cuenta sus operaciones previas, ha sido llamada 'par excellence' análisis. Y, no obstante, calcular no es intrínsecamente analizar. Un jugador de ajedrez, por ejemplo, lleva a cabo lo uno sin esforzarse en lo otro. De esto se deduce que el juego de ajedrez, en sus efectos sobre el carácter mental, no está lo suficientemente comprendido. (...). En ajderez, donde las piezas tienen distintos y 'bizarres' movimientos, con diversos y variables valores, lo que tan sólo es complicado, se tomo equivocadamente -error muy común- por profundo. La atención, aquí, es poderosamente puesta en juego, Si flaquea un solo instante, se comete un descuido, cuyos resultados implican pérdida o derrota. Como quiera que los movimientos posibles no son solamente variados, sino complicados, las posibilidades de estos descuidos se multiplican; de cada diez casos, nueve triunfa el jugador más capaz de concentración y no el más perspicaz." Pues bien, tal vez el secreto del ajedrez no sea tal secreto, sino algo tan humano como el error. Por eso el ajedrez se asemeja tanto a la vida, con sus tres leyes: 1. No puedes ganar 2. No puedes empatar 3. Tienes que jugar Saludos a todos | | Cesar Ajoblanco Colaborador Posts: 66 (19/4/04 9:22 pm) | Re: ¿El secreto del ajedrez? Hola a todos. Da un poco de miedo entrar a opinar en este tema pero ¡bueno!, vamos a allá.
En primer lugar, creo que es imposible que nos pongamos de acuerdo en dar respuesta a una pregunta que, si no defectuosa, es al menos incompleta.
Yo he sido siempre un poco perrillo para "empollar", pero creo que había un tal "Paco Tocino" que hablaba algo a cerca de las "ídolas del lenguaje" (perdonadme si no lo expreso bien ... ¿ein?), y por lo poco que yo aprendí de este señor, creo conveniente que nos pongamos de acuerdo en relación a qué se está planteando.
¿El secreto del ajedrez?
Esta es una lista no exhaustiva de distintas interpretaciones que, sobre la marcha, se me irán ocurriendo mientras escribo:
- ¿Cuál es la clave para jugar bien al ajedrez?
- ¿Qué tiene el ajedrez para seducir a un colectivo tan numeroso?
- ¿Cómo es posible que el ajedrez, siendo un juego de mesa, no pase de moda a lo largo de los siglos, y siga presente en muchas de las culturas dominantes del mundo?
- ¿Cómo es posible ver arte en un juego de mesa?
- Etc.
Sugiero que nos pongamos de acuerdo sobre un tema concreto.
Por otro lado, me gustaría aportar mi punto de vista sobre algunos aspectos:
Para empezar creo que hay que distinguir entre "ajedrez" y "ajedrez y hombre" (o mujer ). Creo que hablar exclusivamente de ajedrez, por lo que es en sí, independientemente de la existencia del hombre, queda fuera de lugar (al menos yo no me atrevo, de momento, a acometer ese tema). Es el ajedrez y sobre cómo interactúa con el hombre, lo que llama profundamente mi atención. Quiero decir con esto, que es el conjunto de sensaciones que nos provoca, lo que nos hace sentir que el ajedrez es especial.
Por poner un ejemplo, tórnase obvio por su incuestionable evidencia (lo siento, he hecho el intento de expresarme como vosotros pero no se me da nada bien, y además me canso...), ¡vamoh !, quesevedevení - que hay, entre otras, una característica humana que resulta transcendental, a la hora de buscar un atractivo en el ajedrez: la capacidad analítica.
Desde el punto de vista matemático, como bien decía mi amigo Manolo, es un juego trivial, dado que puede expresarse mediante un limitado árbol de posibilidades. Desde este punto de vista, ¿por qué entonces es especial? Porque la relación capacidad/complejidad es muy pequeña, hecho que no sucede con otros juegos - de ahí que sea muy aburrido jugar a las tres en raya.
Entonces surge la idea de la inteligencia artificial, la "estrategia" y todo un compendio de conceptos que, a falta de una capacidad analítica suficiente para trivializar el juego, "educan" nuestra intuición y nos ayudan a mejorar el nivel de juego.
No me cabe la menor duda de que los algoritmos que utilizan actualmente los programas informáticos de ajedrez tienden a basarse en la inteligencia artificial porque a corto plazo es lo más rentable, pero antes o después, cuando la tecnología lo permita, se producirá un cambio cualitativo; cuando la analítica alcance el 100 % de posibilidades será infalible.
Pero el ajedrez es muchas cosas más ...
Han opinado matemáticos, filósofos, ... y ahora opino yo, como ingeniero: El ajedrez es, entre otras cosas, una herramienta estupenda.
¿Que para qué sirve?:
- Es una forma de diversión que exige muy pocos condicionantes, no importa la edad, ni el nivel económico, ni la posición social, no se requiere apenas espacio, ...
- Es una forma de evasión del "mundo real", aunque en verdad esté contenido en el mismo. Mientras juegas, no existe más que la partida en juego.
- Sirve para entrenar distintas cualidades relacionadas con la inteligencia (entendiendo ésta como capacidad para resolución de problemas).
- Sirve para propiciar la formación de amigos "afines" (os recuerdo que el Ajoblanco es, ante todo, un club de amigos).
- Tal como está planteado en nuestra sociedad, sirve de excusa para viajar, conocer lugares, costumbres, ...
- Sirve para decorar (tengo en mi salón uno tipo "Tifani" que es una pasada - no, no es porque lo haya hecho mi madre, no).
- También sirve para ganarse la vida (aunque esta vertiente la conozco más bien poco).
- Hay quien lo utiliza para resolver "diferencias" personales sin mancharse las manos.
- La sociedad lo utiliza para "medir", aunque no tiene ni idea de cómo se maneja el instrumento.
- Es una herramienta para alimentar el ego (¡joder, cómo nos gusta ganar!)
Resumiendo, es una herramienta multifunción y cada ajedrecista, de forma consciente o inconsciente, tiende a orientar el aprendizaje de la función que más le compensa.
¡Bueno! Ya está bien por hoy, que se hace muy largo.
ClNaU2 | | Cesar Ajoblanco Colaborador Posts: 67 (19/4/04 9:51 pm) | Para Lamothe Quería recordarle a Adolfo (saludos, viejo amigo), que para que haya comunicación, el emisor debe utilizar un canal adecuado, en función del receptor del mensaje. Entonces o una de dos: O bien no eres consciente de que casi ningún lector posee el conjunto capacidad-paciencia lo suficientemente desarrollado como para comprenderte (al menos yo y otros 1000) , o bien sí eres consciente de ello y no te importa lo más mínimo .
Amigo Adolfo, no pongo en duda que expones información interesante pero, con seguridad que si quisieras, podrías exponerla para todos. La forma en la que te expresas es muy rica en vocabulario y está llena de indicios que reflejan tu elevada formación cultural , pero, según mi modesta opinión, peca de “afectación” (como curiosidad apunto que Rubén Darío censuraba de “afectado” a Pereda porque éste había llamado “relieves del yantar” a las migajas de la comida); creo que no tienes necesidad alguna de apartarte tan viciosamente de lo natural .
Sería plausible, desde mi punto de vista, si los complejos términos que utilizas fueran necesarios para expresar las ideas que conllevan, pero lo cierto es que no creo que esto sea así.
Por otro lado, te felicito por esa desarrollada capacidad .
Saludos y a ver si te animas a jugar algún torneo ¡hombre! | | Alanmoore Posts: 52 (20/4/04 9:19 pm) | Mis encuentros con lo invisible. "Desapareceran los ajedrecistas, mas seguirá habiendo ajedrez" Thomas Sutpen en su lecho de muerte ante la atonita mirada de Rosa Coldfied. Absalom, absalom de William Faulkner.
Ciegos vienen los años y más malos nos haremos nosotros si a la virtud la vestimos con ropajes pordioseros y de nobles prendas es el vicio recubierto. ¿A la victoria por la seducción, señor Lamothe, o mejor a la convicción por la razón? Ninguna duda albergo yo; otras cosas y otros casos se me antojan simples perversiones del lenguaje. Obscuro para que entiendan, claro para que no comprendan; ningún inconveniente tendrá usted en abonárselo a Machado. Yo mientras seguiré matizándome, tal vez convenza a alguien.
Y para ello retomare el hilo de mi anterior post en el que apuntaba a la consideración del ajedrez como un lenguaje para enlazarla con lo que señalaba Manolomagic en su primera intervención - bienvenido sea - es decir, que puede residir el secreto del ajedrez en su carácter combativo y en la pureza de este combate. Ciertamente parece -solo parece y además solo al observador poco avisado - un combate, pero obligado es tambien reconocer que si combate fuera el ajedrez, combate muy singular en todo caso, pues no encontraremos en su desarrollo el más mínimo contacto físico entre quienes contienden. Mas todas sus disputas las hallaremos en otro nivel distinto al meramente físico, es decir, en el plano de las ideas, de las abstracciones. ¿Habrá combate de esgrima sin espadas? No. ¿Y combatirán los tiradores sin sus armas? Tampoco. ¿Los países sin ejércitos, los boxeadores sin puños, los futbolistas sin balón o los amantes sin reproches? No, no y no. ¿Y los ajedrecistas sin tablero ni fichas? Pues mire usted por donde, estos sí, estos si que pueden seguir combatiendo aunque un mal viento se les lleve los trebejos. He aquí, supongo, lo que Manolo llama pureza. Y he aquí - esto no lo supongo, lo se - lo que yo llamo metáfora. Llamar combate al ajedrez no deja de ser una buena metáfora capaz de aclarar algunos - solo algunos - de sus aspectos, más no nos la tomemos a pies juntillas. No es en verdad el ajedrez combate. Sin embargo sirva esta metáfora para bienencaminarnos, pues si no es combate la partida, si que es dialéctica. En ella se produce un intercambio de ideas y apreciaciones sobre un mismo hecho, la mejor forma de operar con las fichas. ¿Acaso no podemos concebir la evolución de la teoría ajedrecística como la síntesis de la constante pugna entre tesis y antítesis? Debate más que combate, lenguaje más que juego.
Pongamosnos poeticos y digamos que es el ajedrez manifestación del Espíritu, que como bien aclaró San Agustin, alienta donde le viene en ganas. Y si es manifestación del mismo, acabaremos por convenir que sobran incluso los ajedrecistas. Desapareceran los ajedrecistas mas seguirá habiendo ajedrez.
Lo dejo ya no sin antes prometer liberarme del influjo de Sánchez Dragó en próximos post.
Editado por: Alanmoore fecha: 23/4/04 10:02 pm | | JMacias Colaborador Posts: 4 (29/4/04 9:21 pm) | La pertinencia del asunto Saludos a todos los compañeros de afición y colaboradores de este apartado del foro, son tantos los aspectos que han salido a relucir a lo largo de la discusión que resulta imposible atenderlos todos, eso es señal de riqueza en las intervenciones, aunque algunos lo vean como dispersión o confusión y proponen como César que se aclaren las lineas de partida; mi opinión es que eso hubiera limitado y condicionado el debate que a través de este medio (el foro) sólo puede depurarse con el tiempo, ahora cada uno aporta lo que quiere o puede y se reflejan las diversas concepciones que tienen del ajedrez, Manolomagic y Mir ven el ajedrez sobre todo como una lucha, un combate con implicaciones artísticas, deportivas e intelectuales; otros inciden en el carácter psicológico de los jugadores caso de J.A.Montero, Alanmoore (en sus primeros posts), otros han puesto el acento en su carácter lúdico y formativo, etc. En general se trata de resaltar más un aspecto que otro dentro de un núcleo de características que todos podemos compartir. También hay quien opina que el tema propuesto no tiene mayor interés o es demasiado abstracto y no lleva a nada, respecto a esta opinión, muy generalizada, creo que olvida lo necesitado que está el mundo del ajedrez de reflexiones de este tipo, si las autoridades políticas y nuestros dirigentes federativos tuvieran claro en qué consiste el ajedrez y las ventajas que proporciona, sus actuaciones serían distintas y pongo dos ejemplos actuales, respecto a los políticos la propuesta del gobierno vasco de eliminar el ajedrez como modalidad deportiva (sólo desde el desconocimiento más absoluto se puede plantear esa barbaridad), respecto a los dirigentes federativos que el campeonato mundial se haya devaluado hasta los niveles actuales; que con la intención de publicitar el ajedrez a través de los medios de comunicación (sobre todo la televisión) se haya reducido la competición por el título mundial a un torneo eliminatorio ha provocado una inflacción de campeones mundiales que repercute en el prestigio del juego y por lo tanto en el interés de los patrocinadores, los cerebros de la FIDE han olvidado congujar los intereses comerciales y la esencia del juego. Me explico, la televisión es un medio visual, ágil, que valora mucho el tiempo por su rendimiento económico exclusivamente y esto equivale a audiencia y contratos publicitarios, pretender que las personas se acerquen al ajedrez por la televisión además de inviable en las circunstancias actuales es comenzar la casa por el tejado. El ajedrez se ve con los ojos y con la mente, pero sólo se entiende con esta última, si no se enseña a la audiencia a jugar al ajedrez sólo verán a unos jugadores moviendo piezas a diferente velocidad, esto es evidente para cualquier aficionado y sin embargo los dirigentes federativos encaminan sus esfuerzos a comercializar el ajedrez olvidándose de crear antes “la audiencia”, es decir promoviendo primero la enseñanza del ajedrez a todos los niveles. Y no estoy diciendo que se dejen de lado las posibilidades publicitarias a través de los medios de comunicación sino que esa tarea no puede sustituir a la otra más difícil y sacrificada, pero también más rentable a largo plazo, de enseñar el ajedrez y promover la cantera. | | Loparanda Member Posts: 6 (1/6/04 11:19 am) | EL SECRETO Yo creo que el secreto del ajedrez es que no tiene secretos. | | Lamothe Posts: 12 (5/6/04 1:29 am) | De la censura (un paréntesis necesario) El alegato en favor de la libertad de expresión como derecho fundamental que no puede ser vulnerado bajo ningún concepto tiene a su favor lo que el liberalismo y la teoría contractualista aportan al pensamiento político desde la construcción peraltada que sitúa al individuo en el alfa y omega de su reflexión. La invocación al derecho al honor retrae, por contra, del nudo ejercicio de la libertad las condiciones de posibilidad que tejen el universo de discurso en el que cualquier forma de comunitarismo habría de asentarse, esto es, la práctica de la acción concertada de los distintos agentes sociales, o, para decirlo en una apuesta de tinte universalista que pretende acoger la traducibilidad de un paradigma en otro, el ejercicio de la responsabilidad en el marco de las libres interrelaciones mutuas. Libertad y responsabilidad se constituyen así en conceptos conjugados. Si en el requerimiento a la “auctoritas” (sólo desde un profundo desconocimiento de la teoría política se podrían ver en este concepto connotaciones negativas) se exhibe la violación de libertad individual de expresión para la reposición del derecho fundamental común, no puede quedar al margen de esta solicitud la carga de la prueba de que no se hacía con lo anterior sino “expresar” responsablemente la propia libertad individual. Y sólo al afectado cabe probar su expresión responsable, pues de otra manera habría de admitirse la impostura de una libertad en permanente tutelado. Cuando en las funciones de representante de la “auctoritas” se vela por la correspondencia entre libertad y responsabilidad se está, en buena lógica, conciliando el uso de dos cuantificadores: el “para cada uno” y el “para todos”. No se ve que el régimen identitario de ambos operadores no se encuentra al alcance de la mano, tanto en la aspiración a sacudirse del carácter cerrado del segundo como en el vértigo agorafóbico producido por el primero, si en la inclusión de un nuevo elemento se acepta la pertenencia al conjunto del mismo sin la prueba no sólo de que las relaciones entre los elementos restantes permanecerá inalterada, sino también de que éste, en su reciente inclusión, se regirá según esas mismas relaciones. Y no se ve que el primero es condición suficiente del segundo si los criterios de pertenencia al conjunto, vale decir, la definición de “este conjunto” en cuanto tal, no se muestra alterada por las nuevas relaciones armónicas que el nuevo elemento ha creado: un conjunto redefinido, pero conjunto. Mi apreciado amigo ManoloMagic se ha mantenido en el “espíritu de la lógica” cuando se ha visto en la necesidad de redefinir el conjunto según las ideas de que he hecho uso. Espero que el coste personal que esto le haya supuesto no le lleve a abandonar su encomiable labor pues somos muchos los que trabajamos con ilusión en proyectos a largo plazo, proyectos que necesitan del marco de libertad y respeto que en esta página hemos encontrado. Gracias. | | Lamothe Posts: 13 (13/7/04 8:51 pm) | De la lucha Sr. César Ajo Blanco, cualquiera que lea despaciosamente las críticas que hace a mis intervenciones se habrá convencido del espíritu constructivo que las anima, en lo que debe ser, por lo demás, la pauta de quien hace buena su condición de "colaborador". Así, estimado señor, no debiere hacer caso si, en su oscuro deseo por mantenerse en el terreno de la objetividad y evitar el psicologismo, aparecen en el horizonte aguafiestas que pretendieren poner en evidencia la quinta esencia de su identidad sometiendo a escrutinio minucioso el padrastro aquel que, con las prisas, se olvidó cercenar. Y encójase de hombros si, aprovechando la burda homonimia con ese pellejo reseco, le acusaren de deriva paternalista por cuanto a su preocupación para que aquellos hijos, incluso los de los vecinos, pudieren mascar los grumitos que se ventilan en éste nuestro intercambio de “potitos” epistolar. No puede usted imaginarse, distinguido señor, lo muy lejos que puede llegar la maledicencia de ciertas lenguas viperinas, y el acopio de toda suerte de cauciones y desvelos que uno debe manifestar para mantener intacto el palmito de una reputación cuya fragilidad se tasa, si hemos de creer a nuestros mayores, en la resistencia al quebranto que acompaña al cristal. Por eso, o también por eso, no debiera usted resoplar cuando, ejerciendo la “imitatio”, le sale al paso la fatiga o el aburrimiento tras utilizar dos subjuntivos y encabalgar un reflexivo entre un infinitivo y un pleonasmo destinado, pero no, a ser moebius: que después de partir se le ve “de llegá”. Créame, todo esfuerzo por afinar el discurso se queda corto en estos vergeles de los jaques a la descubierta, y si me permito en lo que sigue hacerle alguna observación no debe tomarlo por otro motivo más que por el que aconseja predicar con el ejemplo. Así, y aquí, empezar por su invocación a quien sin duda de modo amable y desenfadado refiere como “Paco Tocino”. Es verdad, no sabe usted, a lo que parece y según nos cuenta, gran cosa sobre el particular pero resulta admirable que, no pudiendo comer lomo, lo intente con el tocino tan lejos como se lo permiten las vetas del jamón. Porque, ¿qué se pretende decir cuando en el planteamiento de un problema se hace acuse de recibo del carácter lingüístico de su enunciación? Si las restricciones que impone el lenguaje natural en cuanto a su resistencia a dejarse formalizar, de acuerdo como nos enseñó el clamoroso fracaso de Carnap y sus muchachos y en la línea de un positivismo lógico que pliega sus velas ante la tempestad de un “mundo” que no se muestra dispuesto a dejarse inteligir ni en la estela de pecios en que un Gödel convirtió el bajel de la matemática –ancilla physicae-, si esas restricciones, digo, se exhiben como objeción a nuestra propuesta de formulación del problema, entonces haríamos mejor en remitir al interesado a cualquier tratado elemental de lógica o de filosofía del lenguaje o, en su defecto, luego de una “actio” a la sazón (enarcado de cejas, sonrisa pudorosa, carraspeo enfatizado, etc) decirle, quitándole todo el hierro que se pudiera a la cosa, “pero hombre, que tampoco hay para tanto”. Y es que, apreciado señor, el modo en que se planteara el asunto no le ha restado, según puede comprobar en las intervenciones de nuestros queridos colaboradores y aun en la suya propia, la menor claridad. Otra cosa es la forma en que cada cual se ha aproximado al tema, lo que, y creo otros me prestarán su asentimiento, ha resultado, resulta y resultará –en eso confiamos- muy enriquecedor. Le diré, sin embargo, que, dado que reclama algún tipo de asidero categorizador en sus particulares pesquisas, no me duele en prendas aportarle al respecto alguna materia a su consideración. Y con mucho gusto lo haré “para todos”, también para mí. Verá, y seré muy esquemático, Aristóteles nos enseñó hace mucho, mucho tiempo, en un país de leyendas, que podemos definir cualquier ente en relación a cuatro supuestos: causa eficiente, causa formal, causa material y causa final. De este modo se cumple con el requisito del saber epistémico, que atiende a las nociones de existencia (si es), esencia (qué es) y causalidad (por qué es: síntesis de las dos nociones anteriores). O sea, que si decido beberme una cerveza, tiene que haber cerveza, ha de tener las propiedades organolépticas de la cerveza y debe haber sido elaborada de acuerdo con los ingredientes, procedimientos y propósitos que hacen a la cerveza, cerveza. Y si pretendo definir a la cerveza en tanto que ente, entonces podré valerme de su causa material (agua, lúpulo y malta), de su causa formal (líquido de color amarillento y espumoso), de su causa eficiente (la fábrica que tiene Heineken en la Avda. de Andalucía, en Sevilla) y, por último, de su causa final (el placer que obtengo al beberla bien fría en una terracita en la playa, por ejemplo). Pues bien, a este último supuesto queda reducido el Mediterráneo que tan amablemente ha tenido usted la bondad de descubrirnos: el “para qué” de la cosa, en este caso el ajedrez.
Hay otras afirmaciones en su intervención que encontramos interesantes, y me refiero ahora, en particular, a la distinción que establece entre “ajedrez”, por una parte, y “ajedrez y ser humano”, por otra. El lector avisado habrá colegido sin demasiada dificultad que este distingo responde al carácter finalista con el que usted define el ajedrez. Claro, si el ajedrez “es” en función de para qué sirve, debe haber una entidad a la que servir, puesto que la finalidad responde siempre a una intencionalidad, y esa intencionalidad, evidentemente, es humana (hasta que se demuestre lo contrario, y los gatos no se enfaden, concedámoslo). De tener, por así decirlo, el “mapamundi” de la intencionalidad humana, vale decir, su naturaleza, definir el ajedrez consistiría sencillamente en demarcar la región o regiones que hacen buena su conquista. Vea, pues, que la objeción que pasaré a plantearle no tiene nada que ver con la coherencia de su discurso, sino que se centra en el carácter sesgado del mismo. Entonces, apartando el reduccionismo que supone limitar el alcance de la definición a uno de sus tipos y aceptando la consistencia del caso, lo que aún habría que dilucidar es nada más y nada menos que el tipo de teoría del conocimiento en el que se inscribiría esa definición (y no entro, por razones obvias –no quiero parecer un funámbulo en la línea del horizonte-, en si habría que considerar o no este tipo de definiciones desde un punto de vista estrictamente instrumental). Porque, desde luego, a lo que nos aboca su preferencia a definir el ajedrez solidariamente al ser humano es a un “fenomenalismo”, en su versión suave, o a un “idealismo”, en su versión fuerte. No tengo la más mínima intención de desarrollar estas teorías, tranquilícese, pero si las menciono es porque en último extremo a ambas se les puede achacar la misma fundamental debilidad: su tendencia al solipsismo. No así en las diversas variantes de realismo a la que se han adscrito la mayoría de nuestros compañeros de investigación. En estas circunstancias, le estaríamos muy agradecidos si nos indicara qué estrategia ha diseñado usted para oponerse “in extremis” a la indicada dificultad. Le esperamos con las puertas abiertas. Diferente asunto, y vamos terminando, es su apreciación respecto a nuestro “modus scribendi” o la cierta “afectación” que dice usted percibir en mi estilo. Puede ser. En tanto que juicio de valor, no me cabe la menor duda; en tanto que crítica técnica a los usos y maneras de la estilística, habría que revisar, entre otras cosas, el contexto. Así, si tratamos de escribir un manual para usuarios avanzados del “arte de hacer migas” con proyección internacional, sería muy aconsejable acudir a la impoluta descripción de Rubén Darío “migajas”, evitando zozobrar así entre la Escila de los “relieves del yantar”, de Pereda, y la Caribdis del extremeñísimo “el miajón, joío, el miajón”. Pero vea que es la coyuntura quien decide sobre estas cuestiones estéticas, pues si en una exposición fotográfica apareciera en una de las obras citadas en el catálogo el sugerente título “Relieves del yantar”, estaría asegurada la concurrencia. Y no es menos importante en estos vericuetos de mensajes, emisores, receptores y hermeneutas el asunto de los códigos compartidos. Sería lo mismo que si pretendiéramos que no pasa nada si “el Javié”, de visita en el Carnegie Hall, en New York City, reconociera, en un rapto de lucidez, en el protagonista del espectáculo a su muy querido amigo de la infancia emigrado hace años y, en una expresión espontánea de sus más hondos sentires que buscara la complicidad, le dijera a grito “pelao” para pasmo y asombro del público circundante en tanto que el coro entonara un premonitorio “yes, I do it; yes, I do it”: “¡Jeromo!, ¡Acho!, no hables tan “fisno” que la Sole no te parió asín.” Sí.
Por lo demás, Sr. César Ajo Blanco, manifestarle mi alegría y satisfacción por contar con su inestimable talento en la dura empresa en que nos hemos aventurado. Tenerle con nosotros nos enorgullece y alienta. Por favor, siga aportando lo que estime oportuno, ha iluminado usted aspectos del problema que, de otro modo, habrían quedado en la oscuridad. Le estamos, en consecuencia, muy agradecidos. Y recuerde que, tal como se dijo en una ocasión, je m’appelle François de La Mothe Le Vayer, homme de lettres libre d’esprit et de tournure. No me confunda, por favor, con otros.
Estimado Sr. Honinbo, no se le calibra ni el ápice de un comino la sutileza con la que puede usted llegar a dibujar los trazos de lo que tiene a bien llamar “pequeño homenaje” a mi “homónimo francés”. No estaríamos sino siguiendo la senda por usted transitada si pretendiéramos, con medido rictus de seriedad y proclama hierática, hacer creer a propios y extraños que, obedeciendo el imperio de la naturaleza y regalando a Don Manuel Martí, autor de una desternillante “Defensa del pedo”, un magnífico ejemplar con el que poner a prueba su sesuda clasificación (pedo brutal, pedo disminuido, pedo almibarado, pedo albardado, pedo musical y pedo tímido), no hacíamos con ello otra cosa más que rendir un cumplido “homenaje” a la cívica conciencia ecológica, tanto más cuanto que estuviéramos en condiciones de asegurar que al “efluvium” le habría servido de compañía un nada desdeñable pósito escatológico dador-(tiempo al tiempo)-de-vida. Pero usted lamenta, lamenta, y nos deja huérfanos del poleo. Y así ocurre cuando parece darnos a entender que la relación entre escepticismo y soliloquio “va de suyo”. Equivale a decir que “va de suyo” la relación que podría establecerse entre los donuts y el cine, o entre leotardos color bermellón y cine, o entre globos aerostáticos y cine. Claro, porque a veces salen todas estas cosas en las películas. Con argumentos así nos deja usted a la merced de su retórica. Pues eso. Por otra parte, quiero dejarle sentado que no le reprochaba nada en mi anterior intervención, menos que nada el recurso a lo que usted menciona como “instituciones monárquicas”. Soy consciente del peso que tiene la monarquía en este país, y de lo intensamente que viven algunos los avatares reales. Cuenta usted con mi respeto a sus afinidades electivas, y no debe avergonzarse si, por un acaso, engrosara usted el nutrido grupo de ESPAÑOLES a los que se les erizan los pelillos de la nariz cuando ven saludar a su majestad la reina. Y, en fin, quiero creer que bromea cuando le parece considerar que habría lugar para un paliativo a su formación ideológica, en los tantos reproches como dice usted ver, en la hipótesis –falsa, se lo aclaro ya- de que yo compartiera su nunca negada devoción por la realeza, al ocuparme en investigar por razones historiográficas a un autor medieval. Otra cosa es la costumbre un tanto molesta, lo confieso, que tiene usted de jugar a las adivinanzas. Se nota, sobre todo, en las citas de textos sin su consiguiente referencia bibliográfica, o en la información que aporta a medias tintas, con la noticia, eso sí, de que si alguien desea saber cómo termina “la historia” no dude en ponerse en contacto con usted. Pero hay que alegrarse, en cambio, de las perlas que sabe tan bien seleccionar, en esta ocasión, un impagable texto que ha tenido la deferencia de citar junto con el autor, pero no la obra, al que pertenece. Y yendo al mismo le diré que lo que manifiesta la reflexión de Poe es, para decirlo rápidamente, el conocimiento extraordinariamente superficial que tenía de nuestro juego. El error esencial estriba en no diferenciar a efectos analíticos entre táctica y estrategia. Lo que Poe llama cálculo complejo es sólo un aspecto del ajedrez, la táctica. En este error incurren otros, incluso dignos representantes del ajedrez extremeño, como el Sr. César Ajo Blanco, cuando hace alusión al cociente capacidad/complejidad y dice que el final del ajedrez es tan sólo cuestión del avance tecnológico; o como el Sr. Gautama que, aunque aún, y no sabe lo mucho que lo lamentamos, no ha intervenido en este foro, tenía como “leit motiv” de sus clases de monitores la idea de que, en realidad, todo el ajedrez podía quedar reducido a su aspecto táctico. Es una pena que algunos no se hayan dado cuenta de que, por ejemplo, en un ordenador la inteligencia está del lado de afuera de la pantalla. O de que las categorías de “sentir”, “pensar” o “actuar” derivan de nuestro aparato perceptual y conceptual sin que sea necesario, a esta altitud, recurrir a ningún test de Turing que sirviera para levantar acta notarial del caso. Porque es el contexto de descubrimiento y no el contexto de justificación lo que la ceguera de Poe y de estos otros, citados y por citar, escatiman al blanco bastón orientador. No ve Poe que lo que llama “análisis” es lo que los ajedrecistas conocemos por estrategia, con la salvedad de que la estrategia aunque también es análisis no sólo es análisis. Y no van más allá el resto de las cavilaciones cuando miden el alcance del ajedrez al arrimo de una concepción consecuencialista. No importan tanto los resultados, Sr. César Ajo Blanco, Sr. Gautama, Sr. Honinbo, Sr. Mengano, como los procesos, y es en esta vertiente creadora en donde el ajedrez no se deja atrapar: aunque fuese posible reproducir todas y cada una de las partidas jugables y construir una máquina que calculara –es lo único que hacen, calcular- sin error todas las jugadas aún valdría la pena, y mucho, jugar al ajedrez por lo que este magnífico juego puede reportar a la construcción de la personalidad, por ejemplo, o por sus concomitancias y estímulos en otros campos de nuestra actividad cognitiva. No digo nada nuevo, algunos ya han anticipado, a falta de un más detenido desarrollo, estas ideas. Sepa que le quedamos muy reconocidos, estimado y apreciado Sr. Honinbo, por el fino olfato que le ha llevado a detectar uno de los aspectos más decisivos que habremos de acometer con más extensión y profundidad en nuestra investigación.
Le dejo ya, Sr. Honinbo, no sin antes decirle que las “leyes de la vida” que nos refiere dicen mucho de su talante e idiosincrasia, pero que no pueden ni por asomo pretender adquirir un estatuto ontológico. Quizá haya ocasión para abundar en esto otro día. Quizás, quizás, quizás.
Sr. Alan Moore, distinguido señor, nos tiene maravillados con su elocuente capacidad para, al modo de las sepias, transformar sus argumentos en cualquier cosa con tal de colarnos las obsesiones, filias y fobias de su formación cultural. Lo que hasta la fecha de su última colaboración –“post” lo llama usted, despreciando no diré que la lengua de Cervantes pero sí la de la madre que lo parió- denunciábamos como un “non sequitur” atrabiliario y contumaz que aparecía en cada intervención que hacía respecto a su precedente, ahora lo transforma usted en el “más difícil todavía”, seduciendo a Diego de que llevaba un buen rato llamándolo. Enhorabuena. Pero quizá haya entre nosotros quienes deseen sinceramente comprender algo y necesiten del auxilio de toda la pericia explicativa que pueda venirles a su encuentro. Y aquí le recuerdo lo que dijo en su “Por las sendas de oriente”, publicado el 28 de Marzo de los corrientes: “¿Tiene algo el ajedrez que lo haga diferente? No, no lo tiene. Ahora bien ¿tienen algo los que practican ajedrez que los haga diferentes, no ya a los que practican otros juegos, sino al resto de la humanidad? Creo que contestando esta segunda pregunta estaremos en condiciones de resolver todo misterio que sobre el ajedrez pueda planteársenos.”; o lo que escribió en su “Juego mágico”, del 31 de Marzo: “Evidentemente cuando indiqué que el secreto del ajedrez era menester buscarlo en los ajedrecistas más que en el propio ajedrez, estaba tratando de incluir la variable subjetiva y psicológica en nuestras indagaciones (mal andan los tiempos si las mentes se desgastan en descubrir lo evidente)”: juzgue el lector cómo casa todo esto con la nueva tesis “matizada” que nos presenta ahora: “Desaparecerán los ajedrecistas, mas seguirá habiendo ajedrez.”
Sería conveniente, Sr. Alan Moore, que nos aclarara qué tiene “in mente” cuando nos habla de “dialéctica” y dice preferirla a la metáfora. No es lo mismo hablar de dialéctica en Hegel que en Platón, y puede apostar lo que quiera a que tampoco lo es si preguntáramos al lotero de la esquina. La precisión ni es gratuita ni responde a un “quítame de allí esas pajas” cuando el discurso tiene como arquitrabe conceptos que han sido sometidos a transformaciones diversas en sus avatares históricos. Otrosí sucede con la idea de “metáfora”. Lo que nos gustaría saber es si para usted todo quedaría subsumido, a fin de cuentas, en la metáfora. Mire si no cómo, después de convencernos de que la metáfora es un pobre recurso en términos comparativos y elevar la dialéctica a las cumbres de la actividad cognoscitiva, se deja caer con eso del “pongámonos poéticos” que recapitula el argumento principal –llamémosle así- para concluir nuevamente en la tesis de reminiscencias becquerianas.
Con todo, no me resisto a citar un texto a mi juicio muy revelador del carácter prominente que adquiere la metáfora en relación con la idea de “disputa”, concepto que nos acerca al tema que nos ha dado cita en esta ocasión: la lucha. Se trata del capítulo que abre el libro “Metáforas de la vida cotidiana”, de George Lakoff y Mark Johnson, editado en Cátedra, Madrid, 1995:
“Sobre la base de la evidencia lingüística ante todo, hemos descubierto que la mayor parte de nuestro sistema conceptual ordinario es de naturaleza metafórica. Y hemos encontrado una forma de empezar a identificar detalladamente qué son exactamente las metáforas que estructuran la manera en que percibimos, pensamos y actuamos.
Para dar una idea de lo que podría significar que un concepto es metafórico y que ese concepto estructura nuestra actividad cotidiana, comencemos con el concepto DISCUSIÓN (…) y la metáfora conceptual UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA. Esta metáfora se refleja en nuestro lenguaje cotidiano en una amplia variedad de expresiones:
UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA Tus afirmaciones son indefendibles. Atacó todos los puntos débiles de mi argumento. Sus críticas dieron justo en el blanco. Destruí su argumento. Nunca le he vencido en una discusión. ¿No estás de acuerdo? Vale, ¡dispara! Si usas esa estrategia, te aniquilará.
Es importante ver que no es que nos limitemos a hablar de discusiones (…) en términos bélicos. Podemos, realmente, ganar o perder en las discusiones. Vemos a la persona con la que discutimos como un oponente. Atacamos sus posiciones y defendemos las nuestras. Ganamos y perdemos terreno. Planeamos y usamos estrategias. Si encontramos que una posición es indefendible, la abandonamos y adoptamos una nueva línea de ataque. Muchas de las cosas que hacemos al discutir están estructuradas parcialmente por el concepto de guerra. Aunque no hay una batalla física, se da una batalla verbal, y la estructura de una discusión -ataque, defensa, contraataque, etc.- lo refleja. En este sentido, la metáfora UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA es algo de lo que vivimos en nuestra cultura, estructura las acciones que ejecutamos al discutir.
Tratemos de imaginar una cultura en la que las discusiones no se vieran en términos bélicos, en la que nadie perdiera ni ganara, donde no existiera el sentido de atacar o defender, ganar o perder terreno. Imaginemos una cultura en la que una discusión fuera visualizada como una danza, los participantes como bailarines, y en la cual el fin fuera ejecutarla de una manera equilibrada y estéticamente agradable. En esta cultura, la gente consideraría las discusiones de una manera diferente, las experimentaría de una manera distinta, las llevaría a cabo de otro modo y hablaría acerca de ellas de otra manera. Pero nosotros seguramente no consideraríamos que estaban discutiendo en absoluto, pensaríamos que hacían algo distinto simplemente. Incluso parecería extraño llamar «discutir» a su actividad. Quizá la manera más neutral de describir la diferencia entre su cultura y la nuestra sería decir que nosotros tenemos una forma de discusión estructurada en términos bélicos y ellos tienen otra, estructurada en términos de danza.
Este es un ejemplo de lo que significa que un concepto metafórico, por ejemplo UNA DISCUSIÓN ES UNA GUERRA, estructura (al menos en parte) lo que hacemos y la manera en que entendemos lo que hacemos cuando discutimos. La esencia de la metáfora es entender y experimentar un tipo de cosa en términos de otra. No es que las discusiones sean subespecies de guerras. Las discusiones y la guerra son dos cosas de diferente tipo -discursos verbales y conflictos armados respectivamente- y las acciones ejecutadas son diferentes tipos de acciones. Pero una discusión se estructura parcialmente, se piensa en ella, se ejecuta y se describe en términos bélicos. El concepto se estructura metafóricamente, la actividad se estructura metafóricamente, y, en consecuencia, el lenguaje se estructura metafóricamente. Por otra parte, esta es la manera ordinaria en la que mantenemos una discusión y hablamos de ella. La forma normal en que hablamos de atacar una posición es usar las palabras «atacar una posición». Nuestras formas convencionales de hablar sobre discusiones presuponen una metáfora de la que raramente somos conscientes. La metáfora no está meramente en las palabras que usamos -está en nuestro concepto mismo de discusión. El lenguaje de la discusión no es poético, imaginativo o retórico; es literal. Hablamos de discusiones de esa manera porque las concebimos de esa manera- y actuamos según la forma en que concebimos las cosas. La afirmación más importante que hemos hecho hasta ahora es que la metáfora no es solamente una cuestión del lenguaje, es decir, de palabras meramente. Sostenemos que, por el contrario, los procesos del pensamiento humano son en gran medida metafóricos. Esto es lo que queremos decir cuando afirmamos que el sistema conceptual humano está estructurado y se define de una manera metafórica. Las metáforas como expresiones lingüísticas son posibles, precisamente, porque son metáforas en el sistema conceptual de una persona. (…)”
Supongo, Sr. Alan Moore, que algo de eso quería decir usted con la expresión “constante pugna entre tesis y antítesis” aplicada a la dialéctica. O si no, no (como dice la canción). Sírvase, por favor, en despejar nuestras dudas. Con todo, y con eso, no puedo permitirme desaprovechar la oportunidad para mostrarle mi admiración por el prometedor camino que nos ha abierto al considerar el ajedrez como un tipo de estructura lingüística y sugerir que empleemos los procedimientos analíticos desarrollados en esos ámbitos especializados en nuestro juego. Una brillante intuición, lo admito. Sr. JMacías, sus intervenciones en este foro se tienen en gran estima y son muestras, por lo demás, de un inteligente tratamiento pedagógico. Así, no quisiéramos parecer postmodernos si declaramos que “La pertinencia del asunto” se nos ha antojado “muy pertinente”. Quizá al Sr. Loparanda, a quien aprovecho para dar la bienvenida, no le parezca otro tanto, e imagine que en ajedrez, como en la vida, se hace buena la sentencia de la Vulgata, en el Eclesiastés 1, 10, “Nihil novum sub sole”, que no hay necesidad alguna de traducir. No lo sé. Quiero creer, hacerlo es mi elección, que siempre es posible encontrar algo nuevo y progresar. No me aparto en esto de las enseñanzas de John Bury en su “La idea del progreso”, Alianza, Madrid, 1971: “Se puede creer o no en la doctrina del Progreso, pero en cualquier caso lo que indudablemente posee interés es analizar sus orígenes y evolución histórica, incluso si en última instancia resultase no ser más que un “idolum saeculi” porque de hecho ha servido para dirigir e impulsar toda la civilización occidental.” Mutatis mutandis podríamos decir nosotros lo mismo sobre el ajedrez, pues no han sido pocos los que han enriquecido sus vidas practicándolo. Y no hay en esto el menor asomo de ingenuidad o de crítica abotargada, pues: “(…), ¿no sugiere el Progreso por sí mismo que su valor como doctrina es tan solo relativo, que se corresponde con un estadio no muy avanzado de la civilización; del mismo modo que la Providencia, en su momento fue un valor relativo correspondiente a un estadio algo menos avanzado? ¿O se dirá que este argumento es tan solo una desconcertante astucia de la dialéctica, que se utiliza al amparo de la oscuridad, en la que el prudente dios de Horacio ha dejado a salvo el término del futuro?”, conclusión de un libro francamente recomendable. Pero no acaba uno de tomarse en serio su afirmación, Sr. Loparanda, (“Yo creo que el secreto del ajedrez es que no tiene secretos.”) a la vista del seguimiento que hace usted a las piezas de ajedrez encontradas en el yacimiento de Cancho Roano, en Zalamea de la Serena. Es ésta una importante contribución a nuestro programa de investigación y le damos las gracias, lo mismo que al Sr. Plantón por el valioso material pictórico aportado. Pronto se organizarán equipos dispuestos a estudiar estos hallazgos y no me cabe duda que su labor no tardará mucho en dar sus frutos. Es una gloria ver nuestros proyectos crecer.
Apreciado Sr. ManoloMagic, es muy grato verle colaborar en nuestra investigación en la medida de sus fuerzas y circunstancias actuales. Acepta usted, de manera sumaria, la tesis fundamental que aporté en mi anterior intervención y pasa a discutir, en términos comparativos, el ajedrez y la matemática en cuanto a su estructura, métodos y significado. No me va a ser posible, por el momento, desarrollar la tesis que ya expuse entonces, sin embargo sí quisiera matizar alguno de los argumentos que usted emplea para mostrar que “el ajedrez es matemática trivial”. La única posibilidad interpretativa que alcanzamos a adoptar para escapar a la contradicción lógica de sostener la tesis de que el ajedrez es matemática trivial al tiempo que se asume nuestra tesis de que el ajedrez responde a la estructura y metodología de la ciencia natural, consiste en establecer muy claramente que, UNO, usted quería con ello mostrar las consecuencias negativas que se derivarían de comparar el ajedrez con las matemáticas; y DOS, distingue para ello, tácitamente y con ambigua explicitud, entre “ajedrez”, considerado de manera general, y “problema de ajedrez”, acotando ya una faceta más específica del ajedrez, que es de la que usted se ocupa . Cuando me refiero a “problema de ajedrez”, no estoy pensando exclusivamente en las composiciones que se construyen para ser resueltas en un número determinado de movimientos, sino en cualquier dificultad de carácter estructural y funcional que pueda atribuirse a nuestro juego en su EJERCICIO y reclame una SOLUCIÓN CONCRETA; es decir, no incluimos en este sentido las reflexiones o teorías -vg., lo que nos viene ocupando en estos meses de trabajo- que sobre el ajedrez puedan hacerse. Se hace referencia a los problemas del ajedrez, no al ajedrez como problema. Si he escrito más arriba que incurre usted a veces en cierta “ambigua explicitud” es porque no queda del todo claro si piensa en los problemas de ajedrez en términos estrictamente compositivos –posiciones cuyo pronóstico es predecible según una serie de prescripciones que se nos enuncian y a las cuales responde la solución- o si lo hace en el sentido más amplio que arriba he indicado. Si no fuera lo segundo, la argumentación sería inaceptable. Pero si lo fuera, entonces el argumento tendría, me duele decirlo, muy corto alcance. El precio que tendría que pagar, distinguido señor, para salvarse del absurdo me temo que le dejaría en la más completa insolvencia. Una vez más, lo que se nos ha colado de rondón es la concepción que hace del ajedrez una actividad meramente calculadora. Por eso se nos representa como “matemática trivial”, porque según ese planteamiento las posibilidades estarían ya DADAS, de manera que el modo correcto de resolver un problema no tendría mayor misterio que el de seleccionar las adecuadas ramas desplegadas e inscritas en los ingentes árboles de variantes, descartando las demás. Advertimos de este error en nuestra réplica al Sr. Honinbo, en el comentario al texto de Poe que se encuentra más arriba, y ya hacíamos ver entonces que se trata por desgracia de una idea falaz muy extendida y generalizada. El aspecto positivo radica en que usted, Sr. ManoloMagic, desarrolla el equívoco coherentemente, y eso nos permitirá efectuar su refutación con más claridad. Verá, la matemática, como usted bien sabe, es un sistema deductivo abierto. Esto significa que obedece a una jerarquía lógico-discursiva que tiene como base las definiciones, nociones comunes y axiomas (“definiciones disfrazadas”, según decía Poicaré) independientes, y sobre la cuál se edifican proposiciones y corolarios. Si quiero demostrar una determinada proposición, entonces deberé acudir para ello a otras proposiciones anteriormente demostradas, que a su vez se apoyarán en otras que también lo fueron, y así sucesivamente, hasta que, siguiendo el hilo del ovillo de Ariadna, iremos a parar a los axiomas, definiciones y nociones comunes que sostienen toda la construcción. Ahora bien, la matemática asume implícitamente los principios de identidad y no contradicción y, al moverse en un entorno de lógica bivalente, también el de tercio excluso. Lo que permite el enlace de unas ideas matemáticas con otras y la riqueza de su significado, Sr. ManoloMagic, es que las reglas o invariantes lógicos a las que se somete se reducen simplemente a los principios que acabo de exponer, y el margen de generación y maniobra, por tanto, es extraordinario. Basta con que la definición de un concepto matemático no viole esos principios para que ya tenga asegurada su existencia, pues los principios lógicos empapan la construcción de los conceptos. No son un simple pegamento que vincule las ideas, sino que las mismas ideas matemáticas están ya interpenetradas por ellos –es célebre el ejemplo de la imposibilidad de un círculo-cuadrado: imposibilidad lógica y, entonces, matemática-. Soy consciente de que no es fácil separar ambos ámbitos, ni siquiera reconocerlos como tales, menos si se tiene un cierto conocimiento de las “álgebras de Boole”: el debate entre logicistas, formalistas e intuicionistas está servido. Pero yo, “con perfecto criterio burgués”, que dijera Nimzovich, me quedo con los de en medio y, admitiendo el maridaje, no acepto la identificación entre lógica y matemática. Si me permito indicar esto es para que mejor se entienda el argumento que trataré de exponer y para que, supuesto el caso que alguien deseara impugnarlo, puedan saberse cuáles son los presupuestos desde los que parto. Me parece necesario hacerlo así aun cuando sólo fuera para mostrar que no podemos hablar de “matemática” como si hubiera univocidad de criterios respecto a su fundamentación y sentido. Y he escogido la perspectiva formalista asumiendo que es el marco desde el que puedo establecer una más fructífera discusión con usted considerando, en parte, que las otras dos propuestas no gozan de mayor aceptación o no son susceptibles de menores objeciones o no han contribuido en mayor medida que aquélla al desarrollo de las matemáticas. Pero, sobre todo, si lo hago así es para poder vincular el ámbito matemático con el ámbito ajedrecístico, pues en este último los candidatos a axiomas tendrían un carácter simbólico o convencional, bien lejos de los planteamientos intuicionistas. Por otro lado, he eludido entrar en la fascinante pero inabarcable cuestión de la naturaleza de los conceptos matemáticos para escudriñar su relación con los ajedrecísticos, hacerlo nos desviaría sin remedio de nuestro problema y nos llevaría a inciertos paraderos. Pues bien, Sr. ManoloMagic, la clave de todo el asunto que nos proponemos desarrollar nos la proporcionó usted mismo cuando escribió que “De hecho todos los intentos de construir la axiomática ajedrecística han fracasado, (…)”. Hilbert nos enseñó en sus famosos “Grundlagen der Geometrie” (Fundamentos de geometría, 1899. Existe una traducción editada por nuestro CSIC, en Madrid, 1996), que los diferentes tipos de objetos que caían bajo el ámbito de la geometría definían sus relaciones mutuas mediante axiomas distribuidos por grupos (éste no es lugar para explayarse, así que iré directo a lo que nos importa. Si alguien, no obstante, desea una exposición más detallada, puede acudir al texto de Hilbert reseñado o a cualquier buena “Historia de la matemática”, como la de Carl B. Boyer, la de Pastor y Babini, o la de Morris Kline, entre otras) Lo novedoso del caso es que Hilbert no se limitó a exponer sus axiomas sino que los sometió a tratamiento lógico para establecer dos inexcusables resultados: la compatibilidad entre los mismos, es decir, que no existieran contradicciones internas, y su INDEPENDENCIA, o sea que unos grupos de axiomas no se dedujeran a partir de otros. Esto último permitiría obtener una gran libertad al construir nuevos sistemas de matemáticas en los que se negaran algunos de los axiomas antes incluidos. Pues bien, forzando una analogía con el ajedrez, lo que haría muy difícil llevar a efecto su axiomatización sería el hecho de que no se ve cómo a partir de las propiedades coyunturales de las piezas podría obtenerse una definición de las mismas aplicadas a las estructuras geométricas que generarían. Esto significa que si dispongo de la información –y partimos de la condición previa de que haya sido definida la composición del tablero-, y es un ejemplo, de que un objeto incide de c4 a d5 no sería posible determinar unívocamente si lo que ha acontecido es una CAPTURA de peón, o un DESPLAZAMIENTO de rey, dama o alfil. O si se incide de e4 a e5, si ha tenido lugar una jugada de peón, rey, torre o dama. Alguien podría estar pensando que el lío se resolvería si asignáramos restricciones a las jugadas que pueden realizar las piezas de acuerdo con las casillas que ocupasen al inicio de la partida, pero eso obligaría a mantener esas propiedades “especiales” a lo largo de todo el transcurso del juego y nos llevaría a casos tan exóticos como el de una torre que ocupando b1 viajara a c3. Otros matizarían quizá, en este supuesto, que lo que hay que mantener no es la restricción de jugada en las casillas iniciales, sino que la pieza x, que ocupa la casilla b1, puede realizar p tipos de movimientos o incidir en un cierto número de casillas. Pero si adoptáramos esta propuesta ya nos estaríamos desviando del camino de la axiomatización y estaríamos adoptando implícitamente una definición del objeto (la pieza x) “qua tale” que tendría que vérselas con las restricciones contingentes que otras piezas, no en tanto que objetos potencialmente jugables a determinadas casillas, sino en tanto que objetos que ocupan un determinado espacio, les impondrían. No pretendo con en el bosquejo que acabo de realizar sobre las dificultades de la axiomatización del ajedrez ser ni mucho menos exhaustivo ni, desde luego, sentar las bases para agotar el tema. De hecho, tampoco, como se ha podido apreciar, se ha cuidado el rigor técnico y expositivo; pero espero que esta incursión en “terra incognita” haya servido para proveer a nuestros queridos amigos lectores de algún tipo de representación mental que les permitiera entender mejor estos asuntos. Otros, y pienso en usted sobre todo, Sr. ManoloMagic, podrían desarrollar con más propiedad estas ideas o criticarlas: para eso, aunque no sólo para eso, las someto humildemente a su consideración. Pero sí deseo, es de rigor, concluir con la exposición de mi argumento. Y lo haré volviendo sobre una de las características que Hilbert imponía a sus grupos de axiomas para garantizar la vasta fertilidad de la disciplina (en contraposición con la “trivialidad” a la que quedaría reducido el ajedrez, en su exposición), me refiero, naturalmente, a su INDEPENDENCIA. Quizá desde el ajedrez pudiera avanzarse un paso hacia la riqueza productiva de la matemática, en el plácet de una axiomática independiente, si pudiéramos aceptar cualquier tipo de pieza cuyos movimientos –los estipulados y otros muy diversos- se atuvieran a los principios básicos reguladores del juego: captura, ubicación en sólo un escaque en el origen y en el destino, obligatoriedad de turnos simultáneos, jaque mate, etc; pero de hacerlo así estaríamos jugando a otra cosa más bien que al ajedrez: son las diversas modalidades que, no oculto el maravillado asombro, carecen de los alicientes de nuestro juego pese a presentarse en muchos casos como “novedad”. En conclusión de toda nuestra argumentación, claro. Desde la perspectiva menguada que considera el ajedrez como mero cálculo de posibilidades ya dadas, el ajuste con el modelo axiomático que nos proporciona la matemática no resulta practicable. Sólo así, presentando el ajedrez como una tortuosa aventura de descubrimiento de lo DADO, y no como un apasionante ejercicio “poiético” de lo PUESTO que demanda constantes CONCRECIONES en su maremagno abstractivo, se podría proponer un intento de axiomatización que lo dejara, ya desde el inicio, reducido a una “caricatura” de sí mismo. Y le recuerdo, Sr. ManoloMagic, que ni siquiera la matemática está a salvo de esa óptica de rayo láser: “La matemática de Hilbert puede ser un bonito juego con fórmulas, más divertido aún que el ajedrez, pero qué relación tiene eso con el conocimiento, dado que se reconoce que sus fórmulas no tienen ningún significado material en virtud del cual pudieran expresar verdades intuitivas.” (Weyl, citado en “El pensamiento matemático de la Antigüedad a nuestros días”, de Morris Kline, Cap. 51) Pero nosotros, que nos queremos “formalistas” a través de una estrategia traslaticia que ha tenido por objeto el ajedrez, hemos tratado de contestar a esta objeción en la senda marcada por el maestro alemán: “A su vez Hilbert acusó a Brouwer y a Weyl de intentar arrojar por la borda todo lo que no les convenía, promulgando de manera dictatorial un embargo, y calificó el intuicionismo como traición a la ciencia.” Y no queremos, con todo, olvidar el carácter limitado de nuestro argumento pues, y así continúa el texto, “Sin embargo, él mismo, en su metamatemática, se limitó a principios lógicos intuitivamente claros.” (Op. cit. Ibidem) Mas aún le queda una alternativa que tomar, apreciado señor, si no quiere verse refutado a la presente manera. Diga que cuando exhibía la ya famosa tesis “Podríamos afirmar que el Ajedrez es matemática trivial”, en realidad estaba haciendo uso de un contrafáctico, y que toda su exposición, en consecuencia, no era otra cosa que una encubierta “reductio ad absurdum”. Y dado que nosotros hemos procedido a demostrar que “no es el caso”, concluir con serena firmeza que “el Ajedrez NO es matemática trivial, pues ni siquiera es, dicho sea afinadamente, matemática”. No quisiera terminar sin manifestarle mi contento por su recomendación del libro de Watson “Los secretos de la estrategia moderna en ajedrez”, que leo con placer y espíritu crítico, -pues tengo grandes reservas sobre el hecho de que sirva para avalar mi tesis fundamental (procuraré desarrollarla en una próxima intervención) tal como usted sugería-, y del que, a lo mejor, sería posible dedicar unas líneas otro día. Esperemos que sí. Finalmente, Sr. ManoloMagic, la idea de asimilar el ajedrez a un correlato de la teoría evolutiva que tuviera como motor rector la “lucha”, necesita, tal como usted mismo nos advierte, de un tratamiento detenido al que ahora no procederemos. Habría que abordar, entre otras cosas, si la “evolución” del juego se rige por los postulados de la adaptabilidad a las condiciones culturales y sociales de las distintas épocas, o si hay, en cambio, una especie de estructura de la lucha que respondería a una determinada dinámica interna y de carácter universal. Lo primero nos llevaría a un análisis de la selección artificial; lo segundo, a una selección “natural” de la que participaría el lúdico convencionalismo al que llamamos ajedrez. Por otro lado, y en paralelo con lo anterior, tendríamos que revisar las diferentes variantes de la teoría evolutiva de las que hoy disponemos, y echar mano, una vez concluido el análisis comparado, de aquélla en la que mejor se “adaptara” el juego. Difícil. Sugiero para los interesados en desarrollar esta línea de la investigación una lectura del reciente libro de Stephen Jay Gould “La estructura de la teoría de la evolución”, publicado en Tusquets en su excelente colección “Metatemas”. Se trata de un texto capital para entender estas cuestiones, y aporta una idea metodológica fundamental: la necesaria interrelación de los diversos ámbitos disciplinares. Y a este respecto me gustaría decir que ya va siendo hora de que el ajedrez se sume sin complejos a esta labor interdisciplinar y ocupe el puesto que merece. Gould hace referencia a algunas de las dificultades señaladas cuando reinterpreta la teoría evolutiva de Darwin: “De hecho, y por repetir mi resumen desde esta otra perspectiva, la larga argumentación de este libro podría encapsularse en un formato hegeliano. Los conceptos de la evolución predarwinianos nunca acabaron de superar el estadio especulativo y no operacional, en gran medida porque estaban atrapados en la paradoja del contraste entre una fuerza de progreso a escala cósmica, incognoscible a todos los efectos, y una fuerza a pequeña escala, ortogonal, palpable y verificable, capaz de generar adaptación y diversidad a escala local, pero incapaz, en principio, de explicar la pauta macroevolutiva de la vida. La tesis de Darwin (a su vez una antítesis de estas construcciones estériles previas) sostuvo brillantemente que la supuesta fuerza a gran escala no existía, y que toda evolución podía explicarse por extrapolación de la fuerza a pequeña escala, ahora concebida de manera apropiada como una selección natural. En una primera etapa del debate que va de finales del siglo XIX a principios del XX, la mayoría de críticas al darwinismo (que pueden verse como un primer asalto de antítesis en última instancia destructivas) simplemente negaban un comportamiento, una eficacia y un alcance suficientes a la selección natural, y reafirmaban la vieja dualidad al relegar la fuerza darwiniana a la trivialidad y al contemplar alguna fuerza contraria como “la” explicación de los principales rasgos de la evolución. Al final el darwinismo estricto se impuso a esas críticas destructivas y se reafirmó en la triunfante e inicialmente (y generosamente) pluralista forma de la Síntesis Moderna, aunque luego se calcificó en una versión “endurecida”. Más adelante, a lo largo del último tercio del siglo XX, en un segundo asalto de antítesis de signo claramente diferente y en última instancia fructífero, se replanteó un renovado debate sobre los temas teóricos centrales que condujo a una remodelación de la disciplina al reconocerse la necesidad de expandir, reformular y vigorizar la selección natural mediante la consideración de otras causas no contrarias a ella (como mucho ortogonales) que ya no pueden rechazarse como equivocadas o desdeñarse como triviales. La larga argumentación de este libro sostiene que este debate reciente ha cuajado en una nueva síntesis (todavía en marcha) que proporciona una comprensión mejor, renovada y más rica, de la estructura de la teoría de la evolución, sobre la base, eso sí, de una lógica darviniana que se mantiene firme” (pag. 47) O para dar un nuevo golpe de tuerca, un fragmento de “Punctuated equilibrium comes of age”, de Eldredge y Gould para “Nature”, publicado en 1993 en su número 366, y que aparece citado en la página 1000 de la obra referida arriba: “A la hora de resumir el impacto de las teorías recientes sobre los conceptos humanos del orden natural, aún no podemos saber si hemos asistido a una imponente ganancia de luz sobre el mundo natural (en contra de los anhelos y sesgos antropocéntricos que siempre nos oprimen) o sólo otro destello fugaz en la historia de la correspondencia entre las percepciones equivocadas de la naturaleza y las realidades sociales imperantes de la guerra y la incertidumbre. No obstante, la ciencia contemporánea ha incorporado masivamente las nociones de indeterminación, contingencia histórica, caos y puntuación en sustitución de las convicciones previas de determinismo gradual, progresivo y predecible. (…)”. Apuntado lo anterior, quiero dedicar las últimas líneas de mi intervención a comentar muy resumidamente el libro de Lasker “Lucha” (va acompañado por una valoración de Albert Einstein sobre la persona y méritos del Campeón del Mundo prusiano), que es deudor en ciertos aspectos, a menudo implícitos, de la teoría evolutiva darwiniana, y que no tiene en cuenta, en consecuencia, las revisiones indicadas por Gould. El ejemplar que manejamos procede de La Roda, Albacete, en Ediciones Merán, en una versión española del inglés “Struggle”, a su vez traducción del original alemán “Kampf” de 1907, traducida y prologada por Ricardo Calvo, y aparecida en febrero de 2003. Tal como Calvo nos relata en la introducción, “se trata de un intento fascinante sobre el misterio filosófico de la lucha, ceñido a los más rígidos principios de la lógica, en los que Lasker se había educado en las germánicas aulas de su tiempo.” Esfuerzo colosal que tendría como uno de sus efectos colaterales, en modo alguno anecdótico, servir de fundamento a la definición que ofrece Lasker del ajedrez en su El sentido común en ajedrez, de 1895 y que usted, Sr. ManoloMagic, nos ofreció parafraseada: “El ajedrez ha sido siempre conocido, podríamos decir que desconocido, como simple juego o pasatiempo. Pero si hubiese sido sólo eso, el ajedrez no habría sobrevivido a las duras pruebas a que ha sido sometido a lo largo de su existencia. Algunos espíritus entusiastas lo han elevado al rango de ciencia o arte. Nada de esto es cierto. La característica del ajedrez que viene más estrechamente ensamblada con la naturaleza humana es la de la lucha. Naturalmente, no la clase de lucha que conduce al derramamiento de sangre y a asestar golpes mortales, sino a un combate, a un enfrentamiento en el cual el elemento científico, el artístico y el exclusivamente intelectual asumen el poder preponderante.” (citado en “Lucha”, reseñada más arriba, pag. 12) Los propósitos de Lasker, pues, son ambiciosos y pueden leerse en lo que constituye “la declaración de principios” de la versión inglesa: “Este libro, aunque versa sobre las leyes que rigen en general la lucha, es el resultado de reflexiones sobre el significado de los principios aceptados para ese combate en términos de igualdad entre dos cerebros que se llama ajedrez. El resultado de la confrontación sobre el tablero de ajedrez es mucho más claramente discernible que lo que ocurre en otros combates, teniendo en cuenta que el jaque mate no admite ninguna tergiversación. El ajedrez ofrece tantas oportunidades para el estudio, su teoría está tan bien comprobada, que como educador en estrategia no tiene rival. Por ello, mi actividad durante los últimos dieciocho años ha supuesto una ventaja considerable para mi empeño, extendiéndose hasta el punto de expresar las reglas estratégicas que son válidas en el tablero de ajedrez a una generalización aplicable a cualquiera de los combates de la Naturaleza.” En la tarea Lasker se ve en la necesidad de emplear neologismos para articular su discurso, nociones como la de “maquia”, “maqueida”, “stratos”, “jonts”, “armoostia”, etc , que, una vez dominados, permiten comprobar con creciente sorpresa lo muy lejos que llegó Lasker en sus reflexiones. El texto está estructurado en los siguientes apartados: El problema, estrategia, el postulado del trabajo, el principio de la economía, equilibrio y ventaja, suerte, el principio de la lógica y la justicia y, por último, suficiencia de las leyes. La descripción del estado de cosas del que parte se realiza del siguiente modo: “Es un viejo dicho el de que la vida es un combate. Darwin ha expresado esta idea más profundamente. Demostró que la raza, e incluso el individuo, son el producto de la lucha por la vida de sus antepasados. En consecuencia, sólo hay una manera de resolver los enigmas del cosmos y es investigando las leyes y principios que determinan el curso y el resultado de las luchas.” (pag. 23) Descripción que retoma más adelante para sentar las bases del problema: “Los enigmas de la existencia son descifrables solamente con un estudio de la lucha, y tenemos que oponernos decididamente y pelear contra las concepciones místicas del combate. ¿Qué es la lucha y qué es la victoria? ¿Obedecen a las leyes que la razón pueda comprender y formular? ¿Cuáles son las leyes? Ese es el problema.” (pag. 31) Como puede verse, Lasker, tal como señalamos más arriba, está operando desde los presupuestos de la teoría de la evolución de Darwin, imaginando que la lucha de las especies determina la supervivencia de los mejores. El programa laskeriano tendría que ser revisado de acuerdo con las transformaciones que han tenido lugar dentro y a los márgenes de dicha teoría, en la línea, por ejemplo, de lo expuesto por Gould, tal como indicábamos antes. En particular, y por servir como muestrario, se podría proponer, como hizo Kimura, un factor directriz más potente aún que el de la selección natural en los procesos evolutivos, lo que se conoce como “teoría neutra de la evolución”. Según este planteamiento, “las fluctuaciones estadísticas al azar han sido más importantes incluso que la selección darwiniana en la evolución de las especies. La evolución mediante fluctuaciones estadísticas al azar se denomina “deriva genética”. Kimura sostiene que la deriva genética impulsa a la evolución de forma más poderosa que la selección natural.” (“Los orígenes de la vida”. Freeman J. Dyson. Cambridge University Press, Madrid, 1999, pag. 24) En la misma definición laskeriana de lucha se pueden apreciar las taras de su teoría del combate: “Una lucha surge siempre que algo vivo desea lograr un propósito en contra de una resistencia.” (pag. 35) Pero el deseo más que a una intención, como sugiere Lasker, que hubiera de alcanzar un fin más o menos impuesto mediante unos medios resultado de una voluntad consciente, es una intencionalidad descrita a posteriori, donde los factores conscientes raramente han emergido. Lasker, bien avisado de sus debilidades, se cura en salud eludiendo la ineludible fundamentación: “Muchas preguntas pueden surgir aquí. ¿Qué es la voluntad? ¿Qué significa un propósito? Etc, etc. Estos problemas se plantearon ya hace dos mil años y todavía no ha sido encontrada una solución satisfactoria. Aquí no vamos a hacer ningún esfuerzo para erizar los cabellos con la lógica. En un futuro puede salir quizás algún filósofo que examine nuevamente estas preguntas y siente unas bases totalmente rigurosas para fundar la teoría de la “maquia”. Ahora no se pretende ningún otro intento que el de hacer accesibles algunas consideraciones y reflexiones que puedan tener utilidad para propósitos prácticos de la vida. Y el autor intenta lograr este fin por el camino menos tortuoso.” (pag. 35) Una lástima que Lasker abandone la lucha que tan prometedoramente nos planteaba. Con todo, más adelante intenta Lasker la axiomatización de su teoría (pag. 70): “Nuestra primera suposición: cuando todos los bandos de una “maquia” están conducidos por “maqueadas”, ninguna proposición, sea de la clase que sea, puede ser bienvenida para todos ellos. (…) Nuestro segundo axioma es el de la continuidad. De acuerdo con un proverbio latino, la naturaleza no da saltos. La transición de un estado de cosas a otro es un continuo.” El libro contiene, así mismo, interesantes observaciones: “La facultad crítica es, como todos los instintos, una memoria subconsciente de anteriores fracasos y éxitos, a los cuales la herencia ha contribuido con la mayor cuota y el esfuerzo individual con la menor” (pag. 82), o bien esta otra, en la que se pone de relieve su ya referida adscripción al marco darwiniano: “Nuestros médicos y nuestros maestros son sustitutos de órganos que la naturaleza hasta ahora no ha tenido tiempo de desarrollar.” Aunque, por otra parte, no dejen de resultarnos, al menos en parte, un tanto contradictorias con otras ideas desarrolladas en la misma obra, “rara avis” donde las haya, por el Gran Maestro de Brandenburgo. Lo dejamos aquí, estimado señor ManoloMagic, y le conminamos a que se ofrezca a “entrar en liza”, por utilizar una expresión que, a buen seguro, le resultará simpática. Apreciado señor Juan Antonio Montero, le quedo muy reconocido, en lo que me toca, por sus amables apreciaciones sobre la labor que venimos realizando en este apartado del foro. A ello han contribuido, como bien hace usted notar, todos los participantes en el mismo, entre los cuales ocupa usted un papel destacado. Una crítica constructiva como la suya, en la que se elogian públicamente los méritos que en otros se creen percibir, es cosa que escasea –y es muy revelador- en los tiempos que corren. Hemos aprendido mucho de las aportaciones de los demás y de las suyas. Le animamos, en consecuencia, a que continúe contribuyendo con los materiales e ideas que estime oportunos, serán especialmente bienvenidos.
Es hora de concluir por hoy. Hemos tratado de acercarnos a algunos de los secretos del Ajedrez en las líneas que, sobre ésta, se alzan como testimonio. No es cosa fácil, ni desde luego trivial, por más que una ingenuidad que rindiera pleitesía a la “vanitas” quisiera convencernos de lo contrario. Pensamos, sentimos, actuamos en este asunto, a diferencia de ciertos críticos, quién sabe si malintencionados, muy al contrario de cómo ellos se jactan en predicar. Nuestra actitud ante el ajedrez está orientada por la curiosidad, el asombro y la extrañeza. Piedras de toque que nos enseñan lo hambriento que estamos de conocimientos. Lo canta Polífilo en su “Hypnerotomachia”, en la traducción que Jean Martin hiciera en mi lengua materna, presentada por la princesa Emanuela Kretzulesco-Quaranta: “Qui sembloit chose bien nouvelle et merveilleuse, au moins a moy qui n’avoie accoutumé de voir telz mystères dont tant plus profondement je les consideroie, plus je me trouvoie ignorant et esbahy.” (Parecía cosa nueva y maravillosa, al menos para mí, que no estaba acostumbrado a ver tales misterios; cuanto más profundamente pensaba en ellos, más me encontraba ignorante y pasmado. Trad. Miguel Mingarro) VALE.
Francois de la Mothe le Vayer, alias Orosius Tubero. Paris.
| | Alanmoore Posts: 56 (19/7/04 10:15 pm) | De metáforas, dialecticas y otras chicas del monton Ilustrísimo Lamothe, celebro con regocijo el que su voz vuelva a resonar entre los acantilados y despeñaderos de esta arida región digital que, por inhóspita, se ha hecho no ya inhabitable, sino inhabitada. Espero que entre vote y rebote, refracciones y ecos, inunde su verbo todos los espíritus permeables, enardezca las voluntades enardecibles (curioso, no me reconoce la palabra el Word, ¿será pues un neologismo? ¿tan profundo y complejo es ya mi pensamiento que necesita de ello para ser expresado?) y sea devuelto trasformado en clamor de multitudes. Vamos, que a ver si se vuelve a animar el foro, o en su defecto, al menos este nuestro concienzudo estudio ajedrecístico.
Hechas las presentaciones, o re-presentaciones en nuestro caso, que viene ya de viejo la amistad, pasaré a desmontar todas y cada una de sus objeciones en un complicadisimo proceso de aclaraciones que denominare en esta ocasión, y para no abusar de su paciencia, como puntualizaciones.
1-Me acusa usted de incoherencia en los planteamientos por mi defendidos. Bien, no negare que efectivamente en un plano puramente formal, es decir haciendo una lectura meramente superficial y bajo la luz de un análisis somero y ramplón, puedan las líneas por mi esgrimidas entrar en conflicto entre sí. Mas permítame que agarrándole de la nariz (dios me libre de agarrarle nunca por otras partes de su anatomía) le lleve a dar un paseo por las fosas abisales de mi razonamiento. Cuando apunto con el dedo acusador a los ajedrecistas, los pongo en la picota y culpo de nuestros desvelos; cuando sugiero que nos adentremos en las pantanosas regiones del subjetivismo y aun cuando propongo revisitar la tradición y la historia estoy, créame, intentado fijar donde hemos de hallar las claves del existo del ajedrez. Trato de la necesidad de contextualizarlo, pues es obvio que para que el ajedrez, o cualquier otra actividad, ya sea la pela de gambas o la depilación por láser del bello púbico, pueda disfrutar de éxito debe existir invariablemente un sujeto otorgador y un sujeto merecedor de tal. Es decir, con las personas habemos de jugárnoslas. Pero, y tengo que insistir en ello, todo esto para cuando busquemos las CLAVES DEL EXITO DEL AJEDREZ. Otro será, es y fue mi cantar a la hora de incarle el diente a lo que el ajedrez es en sí mismo, es decir a la hora de buscar una definición de sus características en la esfera de lo abstracto. A estilo y forma de usted mismo, y venciendo los rubores y precauciones que exigen la modestia y el buen gusto, me citaré a mi mismo a fin de arrojar más luz. Así en el post intitulado "Matizándome a mi mismo (¿Automatizándome?)" y fechado el día 5 de marzo de 2004 escribo lo siguiente: "Apuntaba yo en mi último post a la imposibilidad de encontrar un grupo de características en la naturaleza objetiva del ajedrez que puedan considerarse exclusivas del mismo. ¿Significa esto pues que el ajedrez carezca de características propias que justifiquen su éxito? Rotunda y categóricamente no, pues es obvio que las tiene y pueden ser objeto de estudio como usted pretende. Pero nunca, y esto debería tenerlo siempre presente en sus ruegos y plegarias, espere encontrar en ellas el motivo ÚNICO - sí, con todas las letras en mayúsculas, a ver si así se apercibe de la llave que abre todas las puertas de mi razonamiento- de su popularidad." Ya lee que hablo de las claves del éxito del ajedrez y de que además insisto en que lo único que pretendo es quitarle el completo protagonismo al estudio objetivo de las características del ajedrez. Sin embargo es a partir del post de fecha 9 de abril de 2004 y de título "Aportaciones" cuando, y tras una declaración de intenciones ("He intentado en mis anteriores post fijar la idea de que no es el ajedrez en verdad juego impar, si no mas bien guía y parte de una familia o tronco de manifestaciones lúdicas que participan de características comunes. Dentro de esta línea de investigación he señalado a la tradición y la historia como causa de que sea el ajedrez abanderado de esta gama de juegos. Cierto es, además, que no he dedicado de momento ningún esfuerzo a determinar las características de esta familia. Lo haré ahora") es cuando, como iba diciendo, he comenzado a tratar el análisis del ajedrez como un tipo de estructura lingüística y del que tirando, tirando de la madeja me ha llevado a afirmar, en un juego poético de, como usted mismo ha apuntado reminiscencias becqueriana, que "Desaparecerán los ajedrecistas mas seguirá habiendo ajedrez." Ciertamente parece que me contradigo, mas, como espero haberle aclarado, estoy hablando de cosas distintas.
2-Afirma usted, le aseguro que no se en base a que, que yo he tratado "de convencernos de que la metáfora es un pobre recurso en términos comparativos y elevar la dialéctica a las cumbres de la actividad cognoscitiva". Se me escapa por completo en que momento de mi último aserto he realizado tan execrable jerarquización, que ciertamente de haberla realizado merecería rápida represalia. Estoy plenamente deacuerdo con usted en el papel primordial que juegan las metáforas en nuestra percepción y capacidad cognoscitiva. Decía Borges, uno de los escritores que me son más caros, que la historia del mundo es la historia de las metáforas que han intentado explicarlo. Ahora bien, con esto y con todo, por muy útiles que puedan ser las metáforas - que los son -, y por mas pertinente y acertada que nos pueda parecer la metáfora de la guerra en ajedrez, ninguna agota la realidad a la que pretende dar forma, y esta, por supuesto, tampoco. Esto es lo que creo haber querido expresar en mi anterior post y no menoscabar la utilidad de una herramienta y glorificar la de otra. 3-Con respecto a la dialéctica, y a riesgo de que me vuelva usted a acusar de arribismo conceptual, le diré, le aclararé que efectivamente lo que pretendía era apuntar al hecho de que cuanto tiene el ajedrez de combate lo tiene a cuenta y deuda de su carácter dialéctico (entendida esta más o menos como la entendiese Hegel) y que más avanzaremos por tanto si enfocamos nuestros misterioso juego desde la perspectiva lingüística que desde la perspectiva militar. Y es que, aunque es verdad que ilustres militares fueron apasionados practicantes de ajedrez, aun no he visto a ninguno de nuestro contertulios tirar de la moderna teoría militar para tratar de aclarar alguna de nuestras dudas. Por algo será.
Finalizo ya este farragoso post, que no es en verdad más que una defensa de mi validez como interlocutor y de la coherencia, sino formal, al menos si conceptual de mi discurso. Prometo para próximas ocasiones más sustancia y menos defensa. | | Juan Antonio Montero Posts: 11 (24/7/04 1:44 pm) | En defensa del lenguaje Hay algo en este debate, que por lo demás creo que está plagado de estupendas intervenciones, que me subleva bastante, y es la reiteración en el reproche hacia el lenguaje empleado por el señor La Mothe. Parece que este caballero tiene que pedir perdón cuando maneja una cita, disimular cuando quiere exponer una buena idea o utilizar palabras comodín en vez de utilizar la palabra exacta. Salvando las distancias, es como pedirle a Vargas Llosa que hable como el ínclito locutor de fútbol Míchel (ex del Real Madrid) bajo el pretexto de que así lo puede entender todo el mundo. Igualando la cultura por abajo, vaya, para evitar discriminaciones hacia los más burros y que nadie se sienta ofendido. Ha habido multitud de intervenciones en el Foro (creo que casi ninguna en este tema) plagadas de crímenes hacia el castellano: maltratadores de frases, violadores de verbos, proxenetas de la "K", ladrones de acentos y de comas, profanadores de la "b"... Casi nadie ha protestado, solo se ha hecho en ocasiones contadas y cuando se trataba simplemente de insultar al contrario. Sin embargo, molesta a muchos el magnífico lenguaje que alguno emplea aquí. A mí me parece, humildemente, un lenguaje excelente, con un vocabulario riquísimo y que debíeramos agradecer todos. Si hay cierta recreación en el estilo, que es posible que lo haya, es absolutamente legítimo cuando se domina el castellano con tanta pericia y cuando se posee una cultura tan vasta. Cuando Ronaldo hace una filigrana, se merece todos los aplausos y es digno de elogio; cuando se hace con las palabras, en cambio, se es un pedante y un pretencioso. Yo no entiendo muchas cosas de las que expone La Mothe, pero creo que mayormente el demérito es mío, no de quien lo escribe. Voy a dejar ya las alabanzas, porque no quiero que parezca esto una especie de "hoy por ti, mañana por mí". Como decía el Señor Lobo en la película Pulp Fiction, de Tarantino, -y esta no es precisamente una cita fina-, "bueno, ya está bien de chuparnos etc, etc". Sé que hay alguno del gremio del ajedrez que conoce bien la fineza. Un saludo a todos. | | Mir Posts: 31 (26/7/04 12:27 am) | Compendio “Haber marchado "hombro con hombro" con los más necios, en la ilusión de que algún día dejemos de serlo” Lamothe(4/04/2004)
Ay, aquella frase me dejó “tocado” por que siempre que a alguien le toquen el orgullo le duele, desde aquel día escribir en “El secreto del ajedrez” se me hizo más y más difícil, la verdad costaba ser original entre tantos “escritores”, psicólogos, filósofos, poetas, mendrugos, no sé pero creí que estaban todos los ángulos copados y que Yo no podía aportar más de lo que había escrito hasta esa fecha. Pero estamos en verano y cuando a todo el mundo le cuesta reflexionar a mi me llega la LUZ a este ilustre cerebro, trabajo costó, pero aquí llega mi reflexión. Lo primero que he de decir que las intervenciones del señor AlanMoore intentan ser polémicas, provocativas y originales pero siempre he creído que son imitaciones de alguien, -hasta al ilustre Joaquín Vidal crítico taurino de EL PAIS, éste no deja ni a los muertos-podemos ver citas de Huxley, Capdevila, Faulkner, Ortega y Gasset é incluye enlaces de donde saca argumentos para poner en sus mensajes .Y últimamente se cita hasta él mismo en anteriores posts, ¿para cuándo una opinión propia AlanMoore?
En esta sección pienso que caben todas las personalidades incluido el “pacifismo” de JMacías el cuál parece querer siempre llevarse bien con todo el mundo y sacar conclusiones positivas hasta de donde no las hay, es una forma de ser poco agresiva , transparente como el agua y lógicamente eso no debería de criticársele, pero la verdad que me pone de los nervios que haya un “santo” defensor de todos.
Algo que temí desde el 1er día que se expuso “El Secreto del Ajedrez” es que se mezclase con las matemáticas, tardó en llegar para alborozo mío, pero lo inevitable llegó, el Gran ManoloMagic no se pudo contener y sacó a colación lo del Ajedrez y las Matemáticas afortunadamente no se extendió en demasía pero si alguien de verdad quisiese hablar acerca de este “apasionante” tema que salga a un Foro de Matemáticas, Por Dios que esto iba de Ajedrez.
A mi amigo Montero decirle que no se como se pudo leer el libro de Fine: La psicología del jugador de ajedrez, si con solo ver la portada de ese libro uno ya está mareado, el tema es interesante y me gustaría que aportases cosas de jugadores de ajedrez derivadas con el tema que supuestamente dominas. Ah y me hace gracia que defiendas a Lamothe y su verbo, no creo que lo necesite, se defiende cojonudamente sólo.
Parece que el Sr. Honinbo se siente picado con el nivel Literato de Lamothe y querer demostrarle que su nivel cultural no es tanto como aparenta, Yo sinceramente creo que no es el tema y que si hay por la red un Foro de Envidias id allí y discutid quien es mas listo, más pretencioso…hasta que regreséis al tema que nos apunta y del que tan poco se habla.
Como no citar al Sr.Lamothe alma máter de ésta sección, una persona con esa capacidad de análisis tiene que ser por narices un buen jugador de ajedrez, pero por lo visto prefiere demostrarnos que no sólo de ajedrez vive el ser humano, que hay muchos libros por leer y de los cuáles extraerles algo con los que se le puede retar intelectualmente a alguien, siempre desde un respeto, algo poco común hoy en día, escribiendo de una forma creativa y poniendo al límite nuestros conocimientos y siempre obligándote a tomar esa Enciclopedia olvidada en aquél rincón de la estantería y desempolvarla, con esos largos intervalos de tiempo entre mensaje y mensaje dando a entender que lo que se ha de escribir se ha de pensar muy bien, que no nos deben de influir los acaloramientos, ni la pasión. ¿Pero adónde nos han de llevar estas reflexiones? Creo que están en la gran variedad de temas que se van tocando, no hay nada de superficialidad – já- y todos los temas son tan interesantes que opino que difícilmente llegaremos al final de cada uno, las conclusiones al final serán muy personales y cualquiera sabe si valdrán para que uno juegue mejor al ajedrez, pero sin duda, todos los que escribimos en esta sección sacamos lo mejor de nosotros mismos para ponernos al gran nivel que nos exige el Sr. Lamothe, agradezcámosle el esfuerzo que hace y a todos los que colaboran.
| | Juan Antonio Montero Posts: 12 (27/7/04 3:04 am) | Compendio Estimado Mir: no está bien que le quites a un servidor el trabajo, porque si te das cuenta, el compendio que has realizado es más de las características de los participantes que del contenido de las participaciones. Si realizas un compendio de estas últimas -cosa harto difícil-, a mí por lo menos me gustaría leerlo, aunque el compendio se hace al final, y no creo que este tema esté ni mucho menos ya concluido. Muchos de los participantes hemos arrimado el ascua a nuestra sardina, y como dices, ha aparecido el matemático, el literato, el filósofo, etc. Mi conclusión -que no es un prodigio de complejidad, lo reconozco- es que tal como planteó el tema el señor La Mothe, el secreto del ajedrez (o en traducción libre: por qué el ajedrez sigue siendo, a pesar de tantos siglos, un juego fascinante) consiste en que abarca múltiples facetas, y éstas en un doble sentido: en sí mismo como juego y en relación con los participantes. No me aventuro más en mis conclusiones porque opinar en el tema en estos momentos se ha vuelto sumamente exigente, de lo cual me alegro. Sí echo de menos la opinión, (y no porque nadie esté obligado a intervenir, sino porque creo que sería muy interesante de escuchar) de alguno de los jugadores de muy alto nivel que hay en Extremadura. Me gustaría conocer su opinión al respecto. Quizás nos sorprendiera lo que piensan los profesionales o cuasi profesionales sobre ello. Yo he escuchado a algunos hablar sobre lo que es el ajedrez, y me ha llamado poderosamente la atención hasta qué extremo consideraban sencillo lo que éste era y lo que éste significaba. Quizás para ellos, el secreto de ganar al ajedrez -no el secreto del ajedrez- es que éste es un juego que se ciñe a unas pautas muy simples, y entre ellas prima -y es una opinión que creo generalizada en estos niveles- la agresividad. Como en los duelos fratricidas. Recuerda la historia de Caín y Abel, Mir. Es broma. Un saludo. | | |
| Autor | Comentario | | Alanmoore Posts: 57 (31/7/04 11:43 am) | Critica de la razón critica Estimado Mir, va usted a obligarme a incumplir mi promesa de dejar de lado la defensa personal y centrarme en la sustancia del discurso. Bien sabe el motor inmovil o principio rector del universo las pocas ganas que tengo de hacerlo, pero nobleza obliga. Me acusa usted (de verdad, que monotono se esta volviendo esto) de no dar opiniones propia y darlas solo ajenas, y propone como prueba del nueve el abundante caudal de citas que manejo. Le dire, Sr. Mir, ilustre pero en este caso dudosamente ilustrado que lo que usted considera apropiación indevida de opiniones ajenas yo lo considero fundamentación de la opinión propia. Tenga usted en cuenta, y aunque no se lo crea yo le aseguro que es cierto, que el que suscribe maneja en su acervo cultural un numero muchisismo mas extenso de opiniones ajenas, que en general suelen contradecirse entre ellas de las que ven la luz en los post. Es decir, que cuando usted me lee esgrimir una opinión ajena ha existido antes un proceso de selección de opiniones mediantes el cual se pone de manifiesto mi criterio personal y en última instancia y se que ahí le dolerá, mi propia opinión.
Pero dejemos ya tanta defensa y pasemos al ataque, pues no vasta ganar esperando que el contrario se meta un gol en propia puerta. Ganemos acosando al rival (dialectico, no me malinterprete). Para cuando la suya propia. Repasando sus intervenciones no hayo ni una sola propuesta, no ya original, si no tan siquiera una burda copia o imitación de algo que usted haya leido alguna vez. No hay absolutamente nada en sus intervenciones mas que una razón; pura critica. | | Lamothe Posts: 14 (3/8/04 2:49 pm) | Felicidades Estimado Sr. Juan Antonio Montero, permita que le felicite efusivamente por el espléndido artículo que ha publicado usted en la revista “Jaque”, del mes de Julio. Que aparezca en la más señera publicación de ajedrez de nuestro país la firma de “uno de los nuestros” es motivo más que suficiente para la alegría, y nos llena de orgullo. Creo hablar en nombre de todos al mostrarle nuestro más sincero agradecimiento por su dedicación y esfuerzo. El contenido de su “El estilo de juego” es extraordinariamente fértil en ideas, no ya sólo de raigambre psicológica sino también sociológica. Si usted no tuviera inconveniente en presentarnos aquí las ideas básicas de su publicación, la discusión resultante creo que podría resultarnos muy productiva. En todo caso, tenemos la intención, si usted nos lo permite, de hacer algún comentario al respecto en una próxima intervención. Enhorabuena. | | Mir Posts: 32 (4/8/04 6:49 pm) | ¿opino? Verás Montero no te quiero quitar trabajo todo lo contrario quiero darte mucho más, te lo dejo todo a ti, analice Vd. a todos los exponentes y tendremos un “Compendio” de 1ª categoría. Respecto a los “profesionales del ajedrez” y su opinión del tema expuesto más bien parece que o no tienen o se la reservan en la intimidad, creo simplemente que tienen pánico a entrar en esta sección y que sólo se desenvuelven bien en la polémica, yo por mi parte he invitado a varios de ellos a participar pero el caso que me han hecho habla por sí solo. Me molesta especialmente que digan que el Ajedrez es “Simple”, si fuera así el Sr. Lamothe no se habría tomado la molestia de proponer un debate sobre nuestro juego, el cual como ya hemos comentado da juego para introducir muchos temas alternativos y todos estos nos llevan de vuelta al Ajedrez, quisiera entrar en materia con unos ejemplos: Cualquier persona puede aprender el manejo de las piezas, es fácil de enseñar los conceptos del mate, el centro, etc…pero cuando más se avanza en la enseñanza de la teoría del juego más se complica el aprendizaje, ya no es tan sencillo explicar que un tiempo vale más que un peón en la mayoría de las ocasiones, o que tener ventaja material no te da derecho a una victoria simple y sí a una bonita derrota, todas estas valoraciones van quedando con la experiencia del juego y con el cúmulo de partidas jugadas. Me gustaría ver a los simplistas dar clases de ajedrez y observar muy atentamente como resuelven un “simple final de Torres y peones” para que no suelten opiniones a la ligera. Y con respecto a los duelos fratricidas te cito el refranero clásico español, “Dos personas no pelean si uno no quiere”. Y es que a Abel le iba la marcha…
El Sr. AlanMoore por fin dispara con una pseudo-opinión, realmente costó trabajo que en un post no citara a nadie(hay que ver lo que es la falta de personalidad) ,de sus agudas percepciones sobre mis supuestas ausentes opiniones, te diré varias cosas al respecto, yo no me suelo camuflar, yo si soy un paleto lo digo, si tuviese poca cultura o leyese poco sencillamente no alardearía de ello, pero mis opiniones al respecto siempre serán claras y contundentes, no me esconderé entre adjetivos…Diré las cosas para que todo el mundo me entienda. Vd. que se las quiere dar de ilustrado escritor, no le veo capacidad creativa, de la gramática digamos que es “indebida”, intentas ser gracioso y fracasas estrepitosamente, en resumen, te veo como un recopilador de opiniones y si tú a eso le llamas opinar pues que le vamos a hacer. Que hayas sido capaz de leerte unos pocos de libros no significa que tengas que ser un escritor, igual que si yo escucho un disco no soy un músico y sí juego una partida de ajedrez no he de ser un ajedrecista, pues eso que todo el mundo comprende no entra en tú ilustradísima cabecita, me cuesta mucho trabajo tener que responderte y hacerlo así, pero no me gusta que me intenten avasallar y te quedes tan fresco, espero que con esto te conformes. | | Juan Antonio Montero Posts: 13 (8/8/04 7:27 pm) | El secreto del ajedrez y otros temas. Aunque esta intervención va dirigida a todos los compañeros, como siempre, quiero expresar públicamente mi agradecimiento al sr. Lamothe por su generosa felicitación. Los elogios hay que tomárselos dependiendo de quien vengan, y los que he recibido por la publicación de mi artículo en Jaque -de Lamothe y de otros amigos comunes a los que tengo en gran estima- no pueden tener mejor procedencia. No puede haber mejor continuación para el artículo si los participantes en este debate opinaran sobre el tema. Lo que yo vengo a exponer, en resumidas cuentas, es que el juego del ajedrez no es impermeable a las influencias del entorno: a las corrientes ideológicas, científicas, artísticas y culturales. Creo que en el tema que usted propuso, El secreto del ajedrez, algunos hemos defendido que quizás el secreto, o uno de los secretos del juego, es que se ven implicadas múltiples facetas y que el estudio del juego del ajedrez puede hacerse adoptando gran variedad de puntos de vista. Nuestro compañero de debate Honimbo -"otro de los nuestros"-, ha tenido la deferencia de prestarme un magnífico libro, “La batalla de las ideas en ajedrez” del G M norteamericano Anthony Saidy, publicado por Ed. Martínez Roca en su Colección Escaques. Es un libro de los años setenta. Saidy habla del juego, de los jugadores y del estilo de juego. Y además intenta penetrar en las profundidades del ajedrez. Para orgullo de todos nosotros, muchas de sus ideas también han sido reflejadas aquí. Entresacaré algunos párrafos: “El ajedrez es más que un juego o una lucha. Aunque un sistema puramente hecho por el hombre, es un ciencia, con principios, datos registrados, hipótesis sujetas a la prueba definitiva: derrota o victoria.” “El ajedrez puede compararse a un sistema cerrado en el universo físico. Por tanto, con objeto de dominarlo, uno debe simplemente descubrir sus reglas como un químico descubre la dinámica que está por debajo de la materia”. “Además, y esto es muy importante, el ajedrez es un arte creador. Tiene dentro de sí ese elemento que, en mi opinión, deleita a la naturaleza humana incluso más que una lucha: la belleza” Y ahora, un recordatorio de Saidy para la psicología: “El ajedrez, por tanto, ha significado muchas cosas para los hombres, algunos de los cuales han dedicado la vida entera a su atracción única. Semejante juego y semejante devoción merecen nuestra atención, porque vemos en el ajedrez el funcionamiento de la mente y del corazón humanos. ...Debemos prestar crédito a los teóricos psicoanalistas que han señalado cómo “el juego regio” ofrece un medio para la alta expresión de impulsos humanos básicos”. Como vemos, Saidy encuentra relaciones entre el ajedrez y el método científico, el arte, el impulso creador, la mente humana, el instinto de lucha... También encuentra relaciones entre el ajedrez y las corrientes de su tiempo, ( y éste ya es el tema de mi artículo) aunque de una forma mucho más matizada a como yo la expuse. Habla de una época romántica en ajedrez, de una época científica, de una época hipermoderna, aunque no las relaciona claramente con los periodos correlativos de la historia de la humanidad. En mi artículo en Jaque yo apostaba claramente por ciertas ideas: el estilo de juego, “la forma de jugar” en cada periodo concreto, las nuevas teorías que surgen sobre el ajedrez (Phillidor, Steinitz, Tarrasch, los Hipermodernos) , están directamente influidos por la época correlativa: por las corrientes de pensamiento, por los estilos artísticos, por los movimientos culturales y por los avances científicos que predominan en ese periodo. Un ejemplo que creo meridianamente claro: el hipermodernismo en ajedrez. Significa darle la vuelta a los conceptos que en su momento se consideraban sagrados: la ocupación del centro por los peones, acumulación de piezas ligeras en el centro, reglas invariables sobre temas estratégicos, etc. Los postulados del hipermodernismo, con Reti, Nimzowitsch y Breyer a la cabeza, son quizás las ideas más revolucionarias y rompedoras que ha habido nunca en la historia del ajedrez. ¿Dónde y cuándo surgen? Pues surgen entre los años veinte y treinta del siglo XX, los años de la postguerra europea. Y no lo hacen en Francia, en Inglaterra, en la Unión Soviética o en Estados Unidos, en algunos casos los países vencedores en la primera Guerra Mundial y en otros casos como en la antigua URSS, países que han adoptado un camino claro y sin fisuras; el hipermodernismo nace en centroeuropa, el lugar donde hay más convulsiones, donde la crisis que ha producido la guerra provoca la pérdida de fe en las anteriores creencias, en los antiguos sistemas políticos y en los valores que llevaron a una tragedia sin precedentes. Así, en centroeuropa se produce un vuelco en una enormidad de campos: en literatura, en el arte, en las ciencias, en arquitectura, en el diseño industrial, en las artes decorativas, en la música, en el cine... y en el ajedrez. Otro ejemplo: durante más de medio siglo, desde primeros del XIX, hasta aproximadamente el final del tercer cuarto del mismo siglo, en Europa prediminó la corriente artística y literaria del Romanticismo. El Romanticismo se caracterizaba por la exaltación de la imaginación, de la fantasía y de la belleza. La pasíón y la expresión de los sentimientos eran valores supremos, y la creación de una bella obra o ser recordado para la posteridad, eran los mayores honores a que podía aspirar el hombre del romanticismo. La muerte no era una gran tragedia: siempre que fuera una muerte bella y heroica y que fuera el resultado de llevar hasta el final la pasión y los sentimientos. Bueno, si hacemos un paralelismo, Anderssen y tantos jugadores de esa misma época jugaban de esta manera: apasionadamente, buscando el culmen de la belleza en cada partida, dando rienda suelta a la imaginación, a la creatividad, a la fantasía; y si se perdía una partida, el fin (crear una obra de arte) había justificado el resultado. Espero que todos podamos continuar debatiendo sobre estos temas. Un cordial saludo. | | |
| Autor | Comentario | | Alanmoore Posts: 57 (31/7/04 11:43 am) | Critica de la razón critica Estimado Mir, va usted a obligarme a incumplir mi promesa de dejar de lado la defensa personal y centrarme en la sustancia del discurso. Bien sabe el motor inmovil o principio rector del universo las pocas ganas que tengo de hacerlo, pero nobleza obliga. Me acusa usted (de verdad, que monotono se esta volviendo esto) de no dar opiniones propia y darlas solo ajenas, y propone como prueba del nueve el abundante caudal de citas que manejo. Le dire, Sr. Mir, ilustre pero en este caso dudosamente ilustrado que lo que usted considera apropiación indevida de opiniones ajenas yo lo considero fundamentación de la opinión propia. Tenga usted en cuenta, y aunque no se lo crea yo le aseguro que es cierto, que el que suscribe maneja en su acervo cultural un numero muchisismo mas extenso de opiniones ajenas, que en general suelen contradecirse entre ellas de las que ven la luz en los post. Es decir, que cuando usted me lee esgrimir una opinión ajena ha existido antes un proceso de selección de opiniones mediantes el cual se pone de manifiesto mi criterio personal y en última instancia y se que ahí le dolerá, mi propia opinión.
Pero dejemos ya tanta defensa y pasemos al ataque, pues no vasta ganar esperando que el contrario se meta un gol en propia puerta. Ganemos acosando al rival (dialectico, no me malinterprete). Para cuando la suya propia. Repasando sus intervenciones no hayo ni una sola propuesta, no ya original, si no tan siquiera una burda copia o imitación de algo que usted haya leido alguna vez. No hay absolutamente nada en sus intervenciones mas que una razón; pura critica. | | Lamothe Posts: 14 (3/8/04 2:49 pm) | Felicidades Estimado Sr. Juan Antonio Montero, permita que le felicite efusivamente por el espléndido artículo que ha publicado usted en la revista “Jaque”, del mes de Julio. Que aparezca en la más señera publicación de ajedrez de nuestro país la firma de “uno de los nuestros” es motivo más que suficiente para la alegría, y nos llena de orgullo. Creo hablar en nombre de todos al mostrarle nuestro más sincero agradecimiento por su dedicación y esfuerzo. El contenido de su “El estilo de juego” es extraordinariamente fértil en ideas, no ya sólo de raigambre psicológica sino también sociológica. Si usted no tuviera inconveniente en presentarnos aquí las ideas básicas de su publicación, la discusión resultante creo que podría resultarnos muy productiva. En todo caso, tenemos la intención, si usted nos lo permite, de hacer algún comentario al respecto en una próxima intervención. Enhorabuena. | | Mir Posts: 32 (4/8/04 6:49 pm) | ¿opino? Verás Montero no te quiero quitar trabajo todo lo contrario quiero darte mucho más, te lo dejo todo a ti, analice Vd. a todos los exponentes y tendremos un “Compendio” de 1ª categoría. Respecto a los “profesionales del ajedrez” y su opinión del tema expuesto más bien parece que o no tienen o se la reservan en la intimidad, creo simplemente que tienen pánico a entrar en esta sección y que sólo se desenvuelven bien en la polémica, yo por mi parte he invitado a varios de ellos a participar pero el caso que me han hecho habla por sí solo. Me molesta especialmente que digan que el Ajedrez es “Simple”, si fuera así el Sr. Lamothe no se habría tomado la molestia de proponer un debate sobre nuestro juego, el cual como ya hemos comentado da juego para introducir muchos temas alternativos y todos estos nos llevan de vuelta al Ajedrez, quisiera entrar en materia con unos ejemplos: Cualquier persona puede aprender el manejo de las piezas, es fácil de enseñar los conceptos del mate, el centro, etc…pero cuando más se avanza en la enseñanza de la teoría del juego más se complica el aprendizaje, ya no es tan sencillo explicar que un tiempo vale más que un peón en la mayoría de las ocasiones, o que tener ventaja material no te da derecho a una victoria simple y sí a una bonita derrota, todas estas valoraciones van quedando con la experiencia del juego y con el cúmulo de partidas jugadas. Me gustaría ver a los simplistas dar clases de ajedrez y observar muy atentamente como resuelven un “simple final de Torres y peones” para que no suelten opiniones a la ligera. Y con respecto a los duelos fratricidas te cito el refranero clásico español, “Dos personas no pelean si uno no quiere”. Y es que a Abel le iba la marcha…
El Sr. AlanMoore por fin dispara con una pseudo-opinión, realmente costó trabajo que en un post no citara a nadie(hay que ver lo que es la falta de personalidad) ,de sus agudas percepciones sobre mis supuestas ausentes opiniones, te diré varias cosas al respecto, yo no me suelo camuflar, yo si soy un paleto lo digo, si tuviese poca cultura o leyese poco sencillamente no alardearía de ello, pero mis opiniones al respecto siempre serán claras y contundentes, no me esconderé entre adjetivos…Diré las cosas para que todo el mundo me entienda. Vd. que se las quiere dar de ilustrado escritor, no le veo capacidad creativa, de la gramática digamos que es “indebida”, intentas ser gracioso y fracasas estrepitosamente, en resumen, te veo como un recopilador de opiniones y si tú a eso le llamas opinar pues que le vamos a hacer. Que hayas sido capaz de leerte unos pocos de libros no significa que tengas que ser un escritor, igual que si yo escucho un disco no soy un músico y sí juego una partida de ajedrez no he de ser un ajedrecista, pues eso que todo el mundo comprende no entra en tú ilustradísima cabecita, me cuesta mucho trabajo tener que responderte y hacerlo así, pero no me gusta que me intenten avasallar y te quedes tan fresco, espero que con esto te conformes. | | Juan Antonio Montero Posts: 13 (8/8/04 7:27 pm) | El secreto del ajedrez y otros temas. Aunque esta intervención va dirigida a todos los compañeros, como siempre, quiero expresar públicamente mi agradecimiento al sr. Lamothe por su generosa felicitación. Los elogios hay que tomárselos dependiendo de quien vengan, y los que he recibido por la publicación de mi artículo en Jaque -de Lamothe y de otros amigos comunes a los que tengo en gran estima- no pueden tener mejor procedencia. No puede haber mejor continuación para el artículo si los participantes en este debate opinaran sobre el tema. Lo que yo vengo a exponer, en resumidas cuentas, es que el juego del ajedrez no es impermeable a las influencias del entorno: a las corrientes ideológicas, científicas, artísticas y culturales. Creo que en el tema que usted propuso, El secreto del ajedrez, algunos hemos defendido que quizás el secreto, o uno de los secretos del juego, es que se ven implicadas múltiples facetas y que el estudio del juego del ajedrez puede hacerse adoptando gran variedad de puntos de vista. Nuestro compañero de debate Honimbo -"otro de los nuestros"-, ha tenido la deferencia de prestarme un magnífico libro, “La batalla de las ideas en ajedrez” del G M norteamericano Anthony Saidy, publicado por Ed. Martínez Roca en su Colección Escaques. Es un libro de los años setenta. Saidy habla del juego, de los jugadores y del estilo de juego. Y además intenta penetrar en las profundidades del ajedrez. Para orgullo de todos nosotros, muchas de sus ideas también han sido reflejadas aquí. Entresacaré algunos párrafos: “El ajedrez es más que un juego o una lucha. Aunque un sistema puramente hecho por el hombre, es un ciencia, con principios, datos registrados, hipótesis sujetas a la prueba definitiva: derrota o victoria.” “El ajedrez puede compararse a un sistema cerrado en el universo físico. Por tanto, con objeto de dominarlo, uno debe simplemente descubrir sus reglas como un químico descubre la dinámica que está por debajo de la materia”. “Además, y esto es muy importante, el ajedrez es un arte creador. Tiene dentro de sí ese elemento que, en mi opinión, deleita a la naturaleza humana incluso más que una lucha: la belleza” Y ahora, un recordatorio de Saidy para la psicología: “El ajedrez, por tanto, ha significado muchas cosas para los hombres, algunos de los cuales han dedicado la vida entera a su atracción única. Semejante juego y semejante devoción merecen nuestra atención, porque vemos en el ajedrez el funcionamiento de la mente y del corazón humanos. ...Debemos prestar crédito a los teóricos psicoanalistas que han señalado cómo “el juego regio” ofrece un medio para la alta expresión de impulsos humanos básicos”. Como vemos, Saidy encuentra relaciones entre el ajedrez y el método científico, el arte, el impulso creador, la mente humana, el instinto de lucha... También encuentra relaciones entre el ajedrez y las corrientes de su tiempo, ( y éste ya es el tema de mi artículo) aunque de una forma mucho más matizada a como yo la expuse. Habla de una época romántica en ajedrez, de una época científica, de una época hipermoderna, aunque no las relaciona claramente con los periodos correlativos de la historia de la humanidad. En mi artículo en Jaque yo apostaba claramente por ciertas ideas: el estilo de juego, “la forma de jugar” en cada periodo concreto, las nuevas teorías que surgen sobre el ajedrez (Phillidor, Steinitz, Tarrasch, los Hipermodernos) , están directamente influidos por la época correlativa: por las corrientes de pensamiento, por los estilos artísticos, por los movimientos culturales y por los avances científicos que predominan en ese periodo. Un ejemplo que creo meridianamente claro: el hipermodernismo en ajedrez. Significa darle la vuelta a los conceptos que en su momento se consideraban sagrados: la ocupación del centro por los peones, acumulación de piezas ligeras en el centro, reglas invariables sobre temas estratégicos, etc. Los postulados del hipermodernismo, con Reti, Nimzowitsch y Breyer a la cabeza, son quizás las ideas más revolucionarias y rompedoras que ha habido nunca en la historia del ajedrez. ¿Dónde y cuándo surgen? Pues surgen entre los años veinte y treinta del siglo XX, los años de la postguerra europea. Y no lo hacen en Francia, en Inglaterra, en la Unión Soviética o en Estados Unidos, en algunos casos los países vencedores en la primera Guerra Mundial y en otros casos como en la antigua URSS, países que han adoptado un camino claro y sin fisuras; el hipermodernismo nace en centroeuropa, el lugar donde hay más convulsiones, donde la crisis que ha producido la guerra provoca la pérdida de fe en las anteriores creencias, en los antiguos sistemas políticos y en los valores que llevaron a una tragedia sin precedentes. Así, en centroeuropa se produce un vuelco en una enormidad de campos: en literatura, en el arte, en las ciencias, en arquitectura, en el diseño industrial, en las artes decorativas, en la música, en el cine... y en el ajedrez. Otro ejemplo: durante más de medio siglo, desde primeros del XIX, hasta aproximadamente el final del tercer cuarto del mismo siglo, en Europa prediminó la corriente artística y literaria del Romanticismo. El Romanticismo se caracterizaba por la exaltación de la imaginación, de la fantasía y de la belleza. La pasíón y la expresión de los sentimientos eran valores supremos, y la creación de una bella obra o ser recordado para la posteridad, eran los mayores honores a que podía aspirar el hombre del romanticismo. La muerte no era una gran tragedia: siempre que fuera una muerte bella y heroica y que fuera el resultado de llevar hasta el final la pasión y los sentimientos. Bueno, si hacemos un paralelismo, Anderssen y tantos jugadores de esa misma época jugaban de esta manera: apasionadamente, buscando el culmen de la belleza en cada partida, dando rienda suelta a la imaginación, a la creatividad, a la fantasía; y si se perdía una partida, el fin (crear una obra de arte) había justificado el resultado. Espero que todos podamos continuar debatiendo sobre estos temas. Un cordial saludo. | | Bonaventure de Fourcroy Member Posts: 1 (18/8/04 6:23 pm) | Axiomatización Estimado Monsieur La Mothe, vengo siguiendo las evoluciones de la discusión iniciada por usted y a la que tan fecundamente se han sumado un número nada desdeñable de personas vinculadas con el mundo del Ajedrez. Creo que muchos de los problemas suscitados tienen un prometedor desarrollo y confío en que dentro de algún tiempo podamos disfrutar de los primeros resultados en firme. Si me aventuro a participar es para intentar aportar más luz sobre un aspecto que tocó usted relacionado con la axiomatización y el ajedrez, aspecto para el que usted requería de los potenciales colaboradores que se avinieran a ello un análisis y exposición más detenidos. Quiero hacer constar que no estoy muy seguro de haberle entendido completamente en lo que dijo sobre este particular, por lo tanto, si me lo permite, me limitaré a exhibir los argumentos que seguidamente pasaré a tratar.
El objetivo de la axiomatización es revelar la estructura formal de un sistema. Las ventajas de realizar esta labor son enormes. Puede conducir, por ejemplo, a establecer conexiones insospechadas con áreas de conocimiento que, de acuerdo con nuestro sentido común, parecerían completamente inconciliables. La axiomatización, por otra parte, no se restringe al campo de las Matemáticas. Buena parte de la Física ha sido axiomatizada, y se espera que otras ciencias lo terminen siendo. La razón por la que todavía no se ha extendido a otras ramas del saber radica en que sólo se pueden formalizar aquellos dominios que dispongan de contrastado consenso en sus contenidos. Podríamos decir que son las ciencias más “evolucionadas” las que se prestan como candidatos ideales para la axiomatización. Sería de esperar, en consecuencia, que a medida que las ciencias avancen en el establecimiento de sus teorías, un mayor número de las mismas serán axiomatizadas, con las ventajas interdisciplinares que más arriba comentábamos.
De acuerdo con lo anterior, cabe preguntase ahora si el ajedrez podría o no axiomatizarse. Una pregunta equivalente sería la siguiente: ¿Puede establecerse con certeza que uno de los jugadores ganará o empatará siguiendo un método predeterminado? Si la respuesta es sí, entonces el ajedrez es axiomatizable.
Admitir esa posibilidad nos llevaría a imaginar una divertida situación. Uno de estos tres casos la ilustrarían: Ante la posición inicial de las piezas colocadas en el tablero, o bien “las blancas juegan y ganan”, o bien “las blancas juegan y están en zugzwang”, o bien “blancas juegan y hacen tablas”.
Hasta la fecha nadie ha conseguido concluir en uno de estos tres supuestos, lo que significa que no disponemos de un método que nos permita traducir los contenidos del ajedrez a su estructura formal. Pero en teoría es posible y es de esperar que se acabe consiguiendo. No sé si el Sr. Manolo Magic coincidirá o no conmigo, pero estoy seguro que a su vuelta de la capital hispalense, en donde disputa el Campeonato de España (suerte, amigo), nos obsequiará con una explicación más satisfactoria.
Un saludo.
Editado por: Bonaventure de Fourcroy fecha: 29/8/04 5:48 pm | | Bonaventure de Fourcroy Member Posts: 2 (23/8/04 5:42 pm) | Artículo del Sr. Montero Existen dos grandes propuestas que dividen a los sociólogos: están, por una parte, los que piensan que el estudio de la sociedad debe partir del supuesto de que hay ciertos movimientos inerciales, y de tratamiento estadístico, en los que las individualidades no tienen ningún peso específico; y está, también, un planteamiento que se sitúa en el polo contrario, y que considera que la marcha de los pueblos o de determinados movimientos sociales, ya sean de índole económica, política o cultural en un sentido lato, son el resultado de la aparición de ciertos sujetos geniales. Naturalmente, entre ese blanco y negro se despliega, no diré que una amplísima gama de grises, sino una increíble variedad de policromas teorías. Me gustaría defender una de esas teorías y ponerla en relación con lo que el Sr. Montero nos relataba en su último correo.
Hace ya muchos años leí, aconsejado por un amigo entusiasta del género, el ciclo de las Fundaciones, la conocidísima tetralogía de Asimov. En la obra se cuenta la invención de una ciencia nueva, la “Psicohistoria”, una ciencia extremadamente compleja con la que su inventor, Hari Seldon, pretendía predecir el comportamiento de la sociedad (en una expresión paradójica, la Historia futura). Según las ecuaciones, el Imperio Galáctico sufriría una crisis inevitable y milenios de barbarie le seguirían. Sin embargo, gracias al desarrollo de esta nueva disciplina, el período de debacle podría reducirse a un solo milenio introduciendo una serie de variables nuevas: La Fundación, un centro de saber avanzado dirigido por especialistas en Física. Y todo habría transcurrido según lo previsto de no ser por la aparición de una singularidad no contemplada por la teoría, un inquietante personaje llamado “El Mulo”, poseedor de poderes psíquicos extraordinarios. Esa sola singularidad podría haber dado al traste con el sistema de ecuaciones. De hecho, la Fundación fue destruida por El Mulo, y con ella todas las esperanzas depositadas en los planes de Hari Seldon. Un aterrador panorama se extendía más allá de los tiempos presentes y futuros. Pero Seldon había construido en secreto una Segunda Fundación, organizada por Psicólogos que podían hacer frente a El Mulo… Y lograron derrotarlo. No obstante, el desarrollo de los acontecimientos quedaría envuelto a partir de entonces en un halo de incertidumbre, pues no se había previsto que el destino de la civilización cayera en manos de la Segunda Fundación…
Bien, esta historia de Ciencia Ficción a mí no me parece tan “ficcional”. Es más, partiendo de ella intentaré sostener la siguiente tesis: Los procesos históricos y sociales siguen pautas inerciales imposibles de resistir, si bien pueden ser retardadas o aceleradas accidentalmente. La tesis no es marxista porque a diferencia de Marx no creo que las mencionadas pautas sean predecibles, aunque sí creo, y por eso hablo de “pautas”, que tales tendencias son “explicables”, o sea, que responden a una cierta estructura lógica que genera ciertas cadenas causales. Eso sí, y por si acaso lo aclaro, la explicación de la que hablo se atiene a los hechos consumados, pero precisamente por eso creo razonable esperar que cualquier hecho o estado de cosas del futuro podrá relacionarse con su inmediato pasado en un sentido causal: porque así podemos constatarlo desde nuestro presente respecto de lo acaecido. Para probar lo que acabo de exponer no dispongo de más recursos que el sentido común. Y de acuerdo con éste, lo que habría que examinar es nuestro concepto de “causalidad”. No hay, para decirlo con Hume, ninguna necesidad lógica en el hecho de que a la noche le seguirá un nuevo amanecer, y sin embargo, a todos nos parece razonable esperar que mañana vuelva a salir el Sol. Si alguien exigiera una prueba de que ése será el caso, no podríamos hacer otra cosa que invitarle a repasar la experiencia acumulada: ahí tiene su morada la relación de “causalidad”. Porque fue, así será; porque será, así es; porque así es, así fue: Retorno al pasado, y amanece que no es poco.
La Historia es una construcción humana, somos los humanos quienes conectamos y tejemos redes interpretativas en lo que de otro modo no serían más que una colección de hechos azarosos. La Historia no es el pasado, es la interpretación del pasado, el sentido del pasado. O de otra manera, ni existen la Historia ni las historias, lo único que tenemos son métodos –y muy imperfectos- con los que organizar los hechos del pasado, y eso incluye, además, criterios para determinar qué se considera un hecho y qué no, es decir, criterios para establecer su relevancia.
Si se habla de corrientes, modas o movimientos sociales e ideológicos, se estará entonces adscrito a un determinado método interpretativo, y lo honesto sería explicitarlo dando cuenta de él. Afirmar que en tal o cual época aconteció tal o cual cosa implica la selección de un conjunto hechos respecto a otros. No se puede escoger lo que conviene únicamente porque así se lleva a mejor puerto el encaje con doctrinas pertenecientes a otros campos; hay que postular la causalidad, no la casualidad: Toda elección debe hacer del azar un “jumento exorcizado”.
En la discusión que usted nos propone, Sr. Montero, deben establecerse cuáles son esos métodos de elección, la metodología interpretativa que hace al caso destacar ciertas corrientes respectos de otras, e incluso hacer de diversos autores una escuela de pensamiento unificada. ¿Positivismo?, ¿Romanticismo?, ¿Globalización? Flatus vocis en espera de contenido.
Dos son los “entretantos” de los que se hay que ocupar. Uno que exige definir los rasgos característicos de la escuela o de la corriente cultural, más allá de la cronología circunstancial, su diacronía: ¿Hubo un compositor, por ejemplo, más romántico que el barroco Bach? Otro que demanda señalar por qué se otorga importancia a unos movimientos en menoscabo de otros, más acá de su misma naturaleza epocal, su sincronía: Vg., ¿fue Alekhine, coetáneo de los hipermodernos, un hipermoderno o más bien su pesadilla?
Diferenciar el ámbito social, político y científico (en un sentido amplio) del ámbito artístico es el núcleo de mi tesis. Si Newton no hubiera nacido, tarde o temprano se habría descubierto la ley de la gravedad; pero si Shakespeare no hubiera existido, jamás habríamos podido imaginar si de un ruiseñor la alondra hiciera de la noche, para desgracia de los enamorados, mañana (aunque alguno, muy perspicaz, quisiera pensar que contagiado de amor, el ruiseñor en su locura no parara de cantar).
Por eso “cuestiono” (es decir, no lo veo claro) la correspondencia que el Sr. Montero trata de montar con los movimientos sociales, porque para mí el Ajedrez, lo digo sin ambages, es un Arte: cosa de individuos y de algún que otro sujeto genial.
Por la correspondencia que recientemente venimos manteniendo, sé que Monsieur La Mothe discrepa de mí, y me ha asegurado que en cuanto pueda nos dejará su respuesta. Pero si le soy sincero, Sr. Montero, y aún a riesgo de parecer un tanto desdeñoso con tan “conspicuo” Monsieur, estoy mucho más interesado en conocer su opinión y la de nuestros amigos ajedrecistas.
Un saludo.
| | ManoloMagic  Boss Posts: 144 (28/8/04 4:58 am)
| Plantón, Montero y Steinitz Temas de actualidad me obligan a participar en este debate, tal y como propone el sr. Bonaventure en la sección Tablón de Noticias, referente a la crítica vertida por Plantón sobre el artículo de Montero publicado en la Revista Jaque.
Ya dí mi opinión sobre el citado artículo, creo que está bien escrito, bien argumentado, entiendo que se trata de un artículo de divulgación, no un exhaustivo estudio de la penetración cultural y social en el juego del Ajedrez, simplemente trata de matizar y defender la tesis: " la forma de jugar al ajedrez en cada época concreta está relacionada con las características culturales, artísticas y científicas presentes en ese momento histórico determinado " (J.A. Montero "El estilo de Juego: un reflejo de su tiempo". Revista Jaque nº 580. Julio 2004).
En general, la crítica de Plantón me parece injustificada y desmesurada. No creo que nadie se vanaglorie del citado artículo, lo que si he podido percibir es satisfacción en algunos miembros de nuestra comunidad ajedrecística, entre los que me incluyo, simplemente por el hecho de que la Revista Jaque publique un artículo de uno de los "nuestros", algo muy lógico ya que por estos lares no estamos acostumbrados a conseguir estos éxitos. Como también es lógico que se despierten envidias.
Es fácil compartir la tesis de Montero, creo que es de sentido común. Los ejemplos que nos muestra en su artículo son claros en este sentido. Y si alguno destaca, creo sinceramente que es el caso de Steinitz, aunque tal vez haya motivado mi curiosidad la negación de Plantón, situando a Steinitz entre los románticos.
Evidentemente Steinitz no era alemán, nació en una Praga convulsa, bajo el dominio del Imperio Austro-Hungaro donde la élite dominante era alemana. Pero si algo era Steinitz, era judio, así se manifestó durante toda su vida. Vida que repartió entre distintos sitios donde vivió, alejado de su Praga natal.
Plantón tiene parte de razón, pero se equivoca. Steinitz comenzó como jugador al que podríamos definir como romántico, es natural, esa era su época y así se jugaba. Y como tal destacó, ya que llegó a ser uno de los mejores. Pero esta calificación inicial debemos abandonarla, ya que precisamente es Steinitz el gran revolucionario del Ajedrez, el destructor del ajedrez romántico, citando al "mediocre" Kasparov hablando de Steinitz: "Su enseñanza es un punto de inflexión en la historia del ajedrez: con Steinitz comienza la era del ajedrez moderno. La contribución del primer campeón mundial a su desarrollo es equiparable a los grandes descubrimientos científicos del siglo XIX". (Gary Kasparov. "Mis geniales predecesores volumen 1". Ediciones Meran 2003). Parece que kasparov comparte la tesis del artículo de Montero.
Tal vez para nuestro buen amigo Plantón no sea suficiente la opinión de Kasparov, persona influida por esta época de "decadencia y mediocridad". Así que me tome la molestia de bucear muy superficialmente y encontré una palabras de Steinitz en el fantástico libro "Psicología del jugador de Ajedrez" de Reuben Fine (Colección Escaques nº 52. Ediciones Martínez Roca 1986). En una carta dirigida a su biógrafo, Bachmann, le dice lo siguiente: "El ajedrez no es para los espíritus tímidos. Exige un hombre hecho y derecho, que no se ciña servilmente a lo que se le ofrece, sino que intente, con independencia, sondear las profundidades del juego. Es cierto que soy criticón y que no me siento complacido fácilmente, ¿pero no debe uno ser criticón cuando escucha con tanta frecuencia juicios superficiales sobre posiciones que sólo pueden aclararse mediante un examen a fondo y un análisis completo? ¿No debe uno preocuparse si ve cómo los métodos anticuados se empeñan en seguir vigentes, sólo para evitar que se turbe la comodidad de uno?".
Creo Plantón que las palabras de Steinitz son lo bastante convincentes. Pero si no es suficiente para tu exigente paladar, seguí buceando, siempre en la superficie, para intentar responder a tu demanda. Evidentemente me hubiera gustado tener a mi alcance la biografía de Steintiz escrita por su amigo L. Bachman "Schachmeister Steinitz" en 4 volumenes y publicada por C. Brugel and Sohn en 1910-1920, pero desgraciadamente no la tengo, ni creo que sea fácil de encontrar. Seguro que la atenta lectura de este libro nos sacaría de dudas y creo que vendría a refrendar la tesis de Montero.
Aunque para completar mi inmersión acudió de nuevo en mi ayuda el pequeño y gran libro de Fine, ya que en el cita la amistad que mantenía Steinitz con un tal Josef Popper Lynkeus, así que me puse a averiguar quien era ese personaje, acudiendo por supuesto al potentísimo Google. Y lo que encontré para mi sorpresa que ese tal Josef Popper era un individuo excepcional y también un revolucionario. Al parecer Freud, cuando buscaba respuestas a la interpretación de los sueños, encontró el libro de Popper "Fantasías de un realista". Freud se da cuenta que dejando aparte la terminología usada está diciendo lo mismo que su teoría. Freud abrumado por el encuentro con la sabiduría de Popper, lee todas sus obras, hasta hacerse una imagen del sencillo gran hombre, que era un pensador y un crítico al mismo tiempo que un bondadoso humanitario y un reformador.
Así que una vez más debemos atender a la tesis mantenida por Montero, y en el caso de Steinitz se hace evidente. Steinitz es producto de su época y se vió naturalmente influenciado por el medio donde se desarrolló, hasta sus relaciones de amistad iban en ese dirección.
Creo que el campo está abierto y esta sugerente linea de investigación puede ser ampliada por los participantes en este proyecto que bucean en las profundiades en busca del Secreto del Ajedrez. Un saludo | | Lamothe Posts: 15 (28/8/04 6:40 pm) | Del desaire Por cortesía hacia el Sr. Juan Antonio Montero, a quien felicité, y pedí que nos aportara, a los compañeros investigadores y lectores de esta sección, un resumen de su MAGNÍFICO artículo en la revista Jaque “El estilo de juego: un reflejo de su tiempo”, publicado en Julio del año en curso, intervengo ahora. Aunque no es sólo la cortesía, si he de ser franco, lo que me invita a participar en este asunto puntual (pido disculpas a los compañeros con quienes tengo cuestiones pendientes, y prometo que en breve serán atendidas), sino también y aun sobre todo, el hecho de que la descalificación del citado artículo por ¿Madame o Mademoiselle? Vanessa alcanza a quienes hicieron sobre el mismo un juicio positivo. Es decir, que en lo que sigue, véase ante todo la defensa de mi juicio cabal.
Y me pregunto, ¿no será usted, mademoiselle Vanessa, quien confunde la parte con el todo al cargar las tintas en anecdóticos “lapsus calamorum”-que si “noruego”, que si “alemán”, como si estos fueran datos esenciales en el discurso- y dejar al margen, así, la tesis de fondo? ¿Tan mediocres nos considera usted como para pensar que nadie se ha percatado de esos insustanciales deslices que con tanta delectación, a lo que parece, cita usted? Sería como si, al decirnos usted que ha estado “en la tumba del gran Anderssen”, nosotros mostráramos sorpresa por lo que se podría considerar el más afanado y escrupuloso esfuerzo de investigación desde los tiempos de Sherlock Holmes (sabemos que es un personaje de ficción, mademoiselle, algo hemos leído, nosotros, chusma decadente en estos tiempos mediocres, a su decir), pues, ¿guarda usted de la exhumación alguna reliquia a modo de prueba?, o abundando en una más morbosa curiosidad, ¿se resiente usted de alguna secuela relacionada con su estancia en aquel lóbrego –suponemos- “lecho de Procrustes”?, y, todavía más, ¿se estaba fresquito en la tumba? Ya ve, mademoiselle, lo mucho que pueden torcerse las intenciones de un autor cuando el lector deja su lacha a un lado y canaliza todas sus energías en la “pars destruens” de la crítica, alelándose de la “pars construens” exigible. No, verá, lo que ocurre es sencillamente que nosotros, como críticos atentos y lectores circunspectos, no nos hemos querido perder en el “sfumato” y hemos preferido ganar en perspectiva contemplando el texto en su conjunto. Se habrá fijado usted, si es que ha tenido la cortesía de concedernos el honor de prestarnos atención en alguna ocasión inconfesada, que nuestra valoración del artículo del Sr. Juan Antonio Montero ponderaba, precisamente, el núcleo duro de su argumentación, la “fertilidad de ideas”. Y es normal - eso lo sabe cualquiera que haya alguna vez escrito un texto de corte científico, filosófico y aun historiográfico- que algún dato concreto pueda patinar cuando se tienen las miras puestas en la tesis fundamental.
Donde uno prueba su “culturilla ajedrecística”, mademoiselle Vanessa, es en el intercambio de ideas, en el “te digo, me dirás, te diré” fundamentado, y no en complacientes retahílas ex cathedra que tienen como basamento y remate ornamental el propósito de dar hospedaje a un cada vez más quisquilloso y abultado “omphalos”. Así lo ha entendido el Sr. Juan Antonio Montero, que, con una exquisita deferencia para nuestra comunidad de amigos del ajedrez, ha querido compartir sus conocimientos. Y este es el sentido “ab ovo usque ad mala” de la Cultura, querer y saber compartirla; y no usarla como arma arrojadiza contra los demás. A mí me enseñó todas estas cosas y algunas más, que a veces olvido, un querido amigo de la infancia que participa en este proyecto de investigación, y al que, por pudor propio y seguro que ajeno, prefiero no mencionar. La amistad, chérie, es el exponente de la cultura, de ella procede y a ella coadyuva. La amistad que cultiva, por ejemplo, quien a altas horas de la madrugada escribe y publica “de urgencia”, con indignación contenida, un comentario que exige contrastación de fuentes diversas y elaboración de argumentos consistentes en defensa del trabajo de un amigo, que, él mismo lo reconoce con sensatez, no habría sido posible sin las relaciones de amistad mantenidas a lo largo de los años. Cultivemos la amistad si queremos cultivar la Cultura. La amistad y no el amiguismo, mademoiselle, que algunos, pese a la peste que usted atribuye a estos tiempos que corren y que todo lo empapan, sabemos diferenciar. Mire, si no, lo que dice mi amigo Cicerón:
“Sed nescio quo modo verum est, quod in Andria familiaris meus dicit: Obsequium amicos, veritas odium parit. Molesta veritas, siquidem ex ea nascitur odium, quod est venenum amicitiae, sed obsequium multo molestius, quod peccatis indulgens praecipitem amicum ferri sinit; maxuma autem culpa in eo, qui et veritatem aspernatur et in fraudem obsequio inpellitur. Omni igitur hac in re habenda ratio et diligentia est, primum ut monitio acerbitate, deinde ut obiurgatio contumelia careat; in obsequio autem, quoniam Terentiano verbo lubenter utimur, comitas adsit, adsentatio, vitiorum adiutrix, procul amoveatur, quae non modo amico, sed ne libero quidem digna est; aliter enim cum tyranno, aliter cum amico vivitur.”
Cuya traducción, que seguramente usted no necesitará, de Vicente López Soto, ofrezco a quienes por no haber tenido en su área de atención el aprendizaje de la lengua del Latium, no se merecen, desde luego, que se los equipare con analfabetos funcionales (por hacer una comparación caricaturesca que es fiel reflejo, à rebourse, de su hybris, mademoiselle): “Pero ignoro hasta qué punto puede ser verdad lo que mi amigo (Terencio) dice en “Andrea”: “El obsequio nos proporciona amigos; la verdad, odio.” La verdad es molesta, en el supuesto de que de ella se origina el odio, que es veneno para la amistad; pero la condescendencia es mucho más molesta, más penosa, porque, al dejarle pasar sus pecados, consentimos que el amigo se precipite en el abismo; mas la mayor culpa está en el que con conocimiento de la verdad se atreve, por condescendencia, a dejarse arrastrar al engaño. Por lo tanto, hay que tener en esto cálculo y escrupulosidad: primero, QUE EN LA ADVERTENCIA NO HAYA ASPEREZA, Y EN LA REPRENSIÓN, ULTRAJE; pero en el obsequio, porque a gusto usamos el vocablo de Terencio, haya afabilidad, y déjese lejos la adulación, auxiliar de vicios, que no sólo no es digna de un amigo, sino tampoco de un hombre libre; pues de una manera se convive con un tirano y de otra con un amigo.” (En “Lelio o De la amistad”. Editorial Juventud, Barcelona, 1982. Mayúsculas de Lamothe.)
Por lo demás, ¿cuál es su tesis?, ¿su propuesta? Aquí ha habido caballeros, como el Sr. Bonaventure de Fourcroy, que se han esforzado en construir un argumento, alternativo al del Sr. Montero, tomándose las tesis de éste en serio. No se lee allí ninguna invocación a Dios o María Santísima, sino, antes al contrario, el deseo de profundizar en nuestro conocimiento sobre el asunto. El señor de Fourcroy, a mi juicio, se equivoca, y será, en su momento, oportuna y satisfactoriamente, en eso confío, rebatido. En esa línea ha ido ya la excelente contribución del Sr. Manolo Magic, cuando nos escribe acerca de Josef Popper Lynkeus y Sigmund Freud, aunque, por motivos obvios, nuestro querido compañero no ha podido desarrollar el tema.
Le aseguro, ma petite mademoiselle (perdóneme este trato familiar, que sólo busca, y ojalá consiga, tender puentes de entendimiento con usted y ganarle para nuestra causa investigadora), que pocas cosas nos serían más gratas que contar con sus amplios conocimientos sobre Ajedrez en la discusión que tenemos aquí planteada. Hágalo, por favor, no se esfuerce en ignorarnos, sé muy bien, y lo digo sin ironías, que todos saldríamos ganando, si se aviniera a incorporarse con sus fúlgidas ideas, a nuestro programa de investigación.
Editado por: Lamothe fecha: 29/8/04 4:08 pm | | Heinrich Ignaz Franz Von Biber Member Posts: 1 (28/8/04 11:42 pm) | La Música de las Esferas Al fin he encontrado un lugar donde explayar mis pensamientos. Nos veremos pronto, muy pronto... | | ManoloMagic Boss Posts: 145 (31/8/04 3:13 am)
| Ajedrez y Matemáticas II Vuelvo a retomar el tema de Ajedrez y Matemáticas para intentar matizar la pasada intervención de mi buen amigo Lamothe, donde en una extensa intervención intentaba poner los puntos sobre las ies de las distintas lineas de investigación abiertas en este subforo del "Secreto del Ajedrez", entre ellas mi breve reflexión sobre Ajedrez y Matemáticas.
La cuestión de la verdad matemática es muy vieja, desde los primeros filósofos y matemáticos griegos se ha ido desarrollando. Una obra genial impregna todo el desarrollo posterior, me refiero a la increible obra de Euclides "Los elementos", en ella el genial matemático griego desarrolla toda su geometría a partir de cinco axiomas que considera evidente para los sentidos.
Durante más de dos mil años "Los elementos" fueron el libro de texto de todos aquellos que pretendían introducirse en el conocimiento matemático. No deja de ser curioso que esta magna obra haya "desaparecido", y que cualquier bachiller, que ya se maneja en el cálculo diferencial e integral, desconozca totalmente su contenido.
Lo que no nos cuenta nuestro amigo Lamothe, tal vez por desconocimiento, es que a partir del siglo XIX las Matemáticas se desarrollan fuertemente, fundamentalmente debido a nuevos y potentes métodos de demostración. Matemáticos como Cantor, Hilbert, Poincaré logran avances importantes en distintos campos. Estos nuevos métodos implicaban el considerar conjuntos con un número infinito de elementos y las demostraciones tenían éxito porque era posible considerar a estos conjuntos como objetos en acto, es decir totalidades completas existentes, con una existencia más allá de la simple existencia en potencia. Así se admite la existencia del conjunto de los números naturales, como algo realizado, y nosotros se lo enseñamos a nuestrso tiernos infantes sin que nadie pestañee.
En este campo los trabajos de Cantor, con sus números transfinitos y sus ordenaciones, es decir no todos los conjuntos infinitos tienen el mismo cardinal, hay infinitos más grandes que otros, supusieron una auténtica revolución que costó mucho trabajo digerir. Explico que el infinito más pequeño es el de los números naturales, ¿y el siguiente? podría ser el conjunto de las partes de los naturales (Hipótesis del continuo). Hilbert, gran partidario de Cantor y uno de los matemáticos más influyentes de su época, fue el gran responsable de que la comunidad matemática aceptara estos nuevos métodos.
Sin embargo la confianza en estos nuevos métodos quedo destrozada cuando Bertrand Russell presento su célebre paradoja. Era evidente que las cosas se habían ido de las manos y que era conveniente ser mucho más preciso, era necesario que los razonamientos permitidos estuvieran libres de contradicción y que permitan que, a partir de enunciados verdaderos, sólo se deriven enunciados verdaderos. Así Hilbert se propuso establecer un sistema que incluiría todos los tipos de razonamiento matemáticamente correctos pretendiendo que fuese posible demostrar que el sistema esta libre de contradicción. El problema lo expresó de la siguiente manera:
1. ¿Son completas las matemáticas? es decir, ¿puede cualquier sentencia del lenguaje de las matemáticas ser demostrada o rebatida?
2. Son consistentes? es decir, ¿no ocurrirá la desgracia de que alguna sentencia sea demostrable y también lo sea su negación? ¿se puede demostrar que dentro del propio marco de las matemáticas eso no ocurre?
3. ¿Son computables? es decir, ¿existe un procedimiento mecánico mediante el cual, teniendo como entrada la proposición que se va a demostrar, se produzca como salida, tras un número finito de pasos, la respuesta correcta de su veracidad o falsedad, o su independencia del marco axiomático?
La respuesta a estas sesudas preguntas llegó más tarde. Fue el genial Gödel quien en su famoso Teorema de Incompletitud demostró que la Aritmética era incompleta y además que su consistencia no puede ser demostrada dentro del propio marco axiomático, es decir la consistencia es indecidible. Más tarde Turing, otro genio del siglo XX, vino a demostrar que para ciertos problemas, a pesar de estar perfectamente planteados, puede no existir un procedimento mecánico, que en un número finito de pasos, lo resuelva. Así el programa de Hilbert saltó hecho añicos y las matemáticas se mueven sobre terreno resbaladizo.
¿Cabría plantearnos un programa semejante para el Ajedrez? La respuesta es evidentemente negativa, debido fundamentalmente a la finitud del juego. Si los matemáticos de hoy aceptan con normalidad la existencia del conjunto de números naturales, deberíamos aceptar, con mayor facilidad, que se podría construir el computador que completase todas las posibles partidas de Ajedrez, y por lo tanto, cualquier pregunta que nos planteásemos sobre cualquier posición en Ajedrez quedaría resuelta. Es decir, desde este punto de vista el Ajedrez es un juego computable, hecho que parece "molestar" a nuestro sabio Lamothe.
Creo que queda debidamente justificado mi punto de vista que ya expresé, rechazando el método matemático para nuestra investigación "meta-ajedrecística" y mi aseveración de que el Ajedrez era una forma de matemáticas triviales, sin que este comentario llevará ninguna dosis de menosprecio.
Bajo mi punto de vista, los grandes intentos de desvelar los secretos del ajedrez fueron realizados por Steinitz, Lasker y Nimzovitsch, que marcaron una época y la evolución posterior de nuestro amado juego. Esos trabajos son portentosos y tienen en mi persona a un profundo admirador. Para mí sería necesaria una relectura detenida de ese material, pero tras una pequeña reflexión, considero que todos se podrían enmarcar dentro del método de las Ciencias Naturales, aunque entiendo que mi propuesta merece una buena argumentación, pero me temo que en estos momentos no estoy lo suficientemente preparado. El libro de Watson, que ya mencioné en mi anterior intervención, es una referencia necesaria porque reflexiona sobre la evolución del pensamiento ajedrecístico desde Nimzovitsch y plantea una multitud de excepciones, que podrían pasar a ampliar el arsenal estratégico del Ajedrez.
Queda pendiente un interesante tema que ya ha sido mencionado, aunque en este caso no he entendido muy bien la tajante postura de nuestro "filósofo-director". Creo que la relación ajedrez-informática debería ser tratada con un poco más de extensión. Fundamentalmente en el sentido ¿piensa el ordenador desde el punto de vista ajedrecístico?. Este debate, en su versión total, ¿puede pensar un ordenador?, ha originado mucha literatura y la intervención de sesudos contrincantes. Creo que nosotros podríamos limitar el debate a la práctica ajedrecística y pediría como primer aperitivo que nuestro amigo Lamothe justificará esa renuncia tan explicita al test de Turing, aunque sólo sea por la hermosa película "Blade Runner", que a buen seguro ambos hemos saboreado con pasión y disfrute. | | JMacias Colaborador Posts: 6 (2/9/04 10:35 pm) | El desprecio por la diagonal En uno de sus primeros post, Alanmoore (ya ven que soy de metabolismo lento) nos advierte bienintencionadamente de que " no busquemos la esencia del ajedrez en que el alfil se mueva en diagonal (...)", entre otras recomendaciones de dónde no buscar. Me sorprendió que los alfiles no tuvieran nada que ver con la esencia del ajedrez y a punto estuve de meter un puñado en la licuadora y observar qué salía, pero claro un alfil en esencia es una diagonal y una diagonal es una línea recta que une los vértices no inmediatos de un polígono, y eso en mi licuadora no hay forma de meterlo. El otro día releyendo el libro donde nació Sherlock Holmes, "Un estudio en escarlata" de A. Conan Doyle volví a toparme con una frase que es un gran consejo; "No hay cosa pequeña para una inteligencia grande", decía el presuntuoso de Holmes; pero creo que tenía razón y no lo digo porque mi inteligencia sea grande sino ( y considero que es lo valioso de la frase) porque no hay que despreciar las cosas pequeñas. Siendo el alfil una simpleza geométrica metámoslo en una licuadora imaginaria. A bote pronto y sin confirmar los datos creo recordar que los primeros símbolos geométricos aparecen en el arte rupestre y que los arqueólogos los interpretan como un avance en el pensamiento simbólico, igualmente las obras de arte de los aborígenes australianos repiten elementos geométricos y recuerdo un artículo asombroso de Vargas Losa en El País contando cómo esas pinturas eran música, literalmente, y no de un modo figurado. Al parecer los egipcios desarrollaron la trigonometría por la necesidad de volver a deslindar los campos tras las inundaciones anuales del Nilo y es sabido que la geometría egipcia fue adoptada por los griegos y fue la inspiración suprema de la secta de los pitagóricos, a los cuales Platón debe tanto, no hay que olvidar tampoco que la concepción de los números que tenían los pitagóricos era esencialmente geométrica, es decir, que cada número se correspondía con una figura geométrica y por supuesto para ellos los números estaban cargados de significados y constituían los elementos básicos que forman nuestro universo ... En fin, lo que quiero decir es que la geometría ha sido muy importante en los orígenes del pensamiento y de la ciencia, no en vano una línea recta es una abstracción porque en la realidad toda línea recta tiene imperfecciones que hacen que no sea recta, y lo mismo ocurre con el resto de las figuras geométricas, son abstracciones de líneas de figuras reales que nos sirven para operar con ellas de un modo más cómodo. Esto ha sido importante para el desarrollo de la humanidad pero también lo es para el desarrollo del pensamiento de cada individuo, el niño que dibuja una casa con un cuadrado y un triángulo encima está haciendo una abstracción de una casa real, ha captado la relación entre la realidad y la representación; del mismo modo un niño que no sabe leer puede entender sobre el tablero de ajedrez lo que es una línea recta, lo que es una línea horizontal o vertical, lo que es una diagonal y una línea paralela; y en cuanto reconozca las letras y pueda escribirlas (sin leer todavía) ese mismo niño puede anotar una partida de ajedrez y trabajar por lo tanto con un eje de coordenadas muchos cursos antes de que un profesor de matemáticas le explique qué es. En conclusión, aunque ciertamente los movimientos de las piezas de ajedrez son arbitrarios y han ido evolucionando a lo largo de la historia (como creo que quería recalcar Alanmoore), el que respondan a elementos geométricos lo relacionan directamente con las capacidades humanas de representación simbólica y espacial, fundamentales a la hora de crear lo que entendemos por inteligencia humana y además ayudan a desarrollarla en el caso de ejercitarlas en niños. No es poca cosa para un juego que no tiene pilas ni botones y que, si no pierdes ninguna pieza (sobre todo el alfil), te dura toda la vida.
Dos consideraciones finales que me han surgido al hilo de la redacción, la primera es que tengo la impresión de que ninguna de nuestras intervenciones ha indagado en la vía genealógica para intentar explicar el éxito o el secreto del ajedrez y quizás sus orígenes y su historia nos pudieran dar muchas claves. La segunda es que tengo la impresión de que entre todos estamos aportando mucho material para hacer "unidades didácticas" sobre el ajedrez, hay que buscar el método y los medios pero es una tarea que creo que merece la pena y sobre la que tengo alguna idea, pero la expondré en otro momento cuando la ocasión sea propicia. Salud, Gens una sumus! | | |
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