Durante los días del 16 al 24 de Agosto se
hizo el IV Campamento de Verano organizado por la Asociación de Hermanamientos de los pueblos del mundo y la Fundación Ruy López y en colaboración con el I.M.D. (Instituto Municipal de Deportes) del Ayuntamiento de Sevilla.
Hemos roto la tradición de hacerlo en la granja escuela de Cala, para ir a la pequeña localidad malacitana de Cañete la Real, en donde se haya el Albergue Al-jalid, allí el domingo a las 20.00 horas de la tarde, nos ubicamos para disfrutar de este campamento, en el que destaco el hecho de la gran diversidad de nacionalidades: Rusia, Rumanía, Bolivia, Ecuador, Cuba, Ucrania y españoles de Sevilla, que son únicos (o eso dicen ellos).
La primera noche siempre es la mas complicada, los chicos están
nerviosos, no conocen a sus compañeros de habitación y empiezan a jugar a horas intempestivas. A pesar de que a la mañana siguiente nos habíamos citado a las 8.30 h, para ir a desayunar, una hora antes estaban ya todos despiertos e incluso media hora antes (después del desayuno) para hacer varias de las actividades típicas de este albergue: Rocódromo, Tiro con Arco, Orientación o Senderismo, serían las cosas que tenían que hacer este lunes. El rocódromo quedó en evidencia a los mas deportistas por no hacer un calentamiento previo y sufrir pequeños tirones musculares. En el tiro con arco, los globos iban saliendo ilesos de las flechas que lanzaban de forma inocente los
chicos.
Por la tarde los dejamos sin siesta, (castigo por la noche anterior) y bien pronto dividimos los grupos entre mayores y chicos para hacer una ruta de senderismo, los mayores subirían a la Sierra del Padrastro a 1.019 metros de altitud, y los pequeños harían una subida mas leve y mas tendida para no agotarles este primer día. La subida al Padrastro era muy curiosa, llegar a esa altura era ponerse por encima de los buitres leonados y eso siempre es un aliciente. También ver una sima o fractura de la roca y por la que te ibas introduciento varios metros de profundidad, notando la bajada de la temperatura (que se agradecía) y echando en falta material de Espeleología para seguir investigando y profundizando en esa cueva natural.
Desde las cimas de ambos lugares se veían varios castillos de la Comarca del Río Guadalteba: El Castillo Peña de Ardales: Sajra Fardaris, el Castillo de Cañete la Real: Hins Qannit, o el Castillo de Teba: Castillo de la Estrella.
Curiosamente a pesar de los bonitos paisajes que se vislumbraban, los chicos no les veían sentido al esfuerzo que habían hecho para ver “eso” cuando ellos en su ordenador ponen “paisajes bonitos” y les salen cosas mas hermosas que lo que estaban viendo en ese momento. Sin comentarios.
Al día siguiente, les esperaba un esfuerzo aún mayor, si el día anterior habían trepado por el rocódromo, ahora les tocaba hacerlo en la piedra
natural, donde los agarres son mas complejos, la zona es más áspera y hay que andar media hora para llegar al sitio (con la ilusión que les hacía las rutas andadas), si a eso le sumamos que hizo un sol de justicia, los chicos tenían argumentos de sobra para quejarse y sin embargo no lo hicieron de forma tan expresiva como el día anterior. En el otro grupo fuimos a ver el castillo Hins Qannit, y en el que nuestro guía nos comentaba que llevaban mas de 15 años restaurándolo gracias a campamentos de trabajo de 15 días, el ayuntamiento también pone de su parte al haber puesto una torre del homenaje nueva y en la que dentro hay un museo con todas las piezas que se van recopilando de la zona y varían desde la época del Neardenthal, pasando por las romanas y las más abundantes mozárabes. Esto si les gustó mas a los chicos, que se imaginaban las batallas de la época y preguntaban sobre cuestiones diversas.
Por la tarde deberíamos haber ido a hacer una ruta de orientación con unas balizas, pero el calor que hacía nos hizo cambiar la ruta del campo por la población de Cañete la Real, se les daba un folio con una serie de
instrucciones y deberían de llegar al albergue tras pasar por una serie de lugares. Algún grupo se perdió por la pequeña localidad y llegó cerca de 1 hora tarde, pero todos hicieron la ruta y al fin, eso es lo que cuenta. Con ello también descubrieron algunos rincones escondidos de Cañete y notar en las piernas que las calles están realmente empinadas, es lo malo que tienen los pueblos serranos...
A partir del Miércoles empecé con las clases de ajedrez y como suele ocurrir en estos casos, apenas había chicos que sabían mover las piezas, ya ni hablar del conocimiento de las reglas básicas, así que
nuevamente clases de iniciación al ajedrez. Estas clases se iban intercalando con talleres de manualidades, y con muchas actividades deportivas, ya fuese un torneo de balocncesto y otro de fútbol, que a la vez sirvió de pequeña preparación frente a un duelo contra el club de la localidad, quisiera obviar el resultado que se dio en el cesped artificial de la instalación deportiva, digamos que los chicos se lo pasaron en grande, que no hubo lesiones y que las chicas que fueron a ver nuestra derrota animaron hasta el último segundo a pesar del resultado. En las horas nocturnas y antes de ir a acostarse les proponíamos una serie de juegos y dinámicas que acogieron con entusiasmo, también lo alternábamos con películas en la parte ajardinada del albergue y en la que se estaba muy agradablemente, viendo esas películas, o fotos del campamento o escuchando música o porque no, simplemente charlando y comentando las situaciones y anécdotas de la jornada.
Durante la tarde siempre tenían una hora de piscina para dispersarse un poco, quemar energías y hacer un poco de hueco en el estómago para la
cena. En la sala de juegos siempre había algún tablero de ajedrez ocupado por varios chavales intentando descubrir el secreto de este milenario juego, sin querer se estaban enganchando, y no eran los únicos, los monitores también se picaban con los chicos y esto me hacía feliz.
Antes del sábado teníamos que preparar una serie de actuaciones, que iban a servir para que los chavales mostrasen a sus padres las cosas que habían aprendido durante la semana, sobretodo eran actuaciones musicales, al margen de mi gusto musical, hay que valorar el esfuerzo que hicieron en coreografía y diseño de los trajes para los bailes. Tampoco he de olvidar que uno de los monitores (Mirko) se preocupaba de crear junto con los alumnos una hoja informativa diaria en el quehacer del campamento, con pequeñas entrevistas a algunos monitores y que al final de la fiesta se le suministró a los padres un ejemplar.
Recuerdo también que al estar la piscina municipal al lado del albergue,
muchos chicos y chicas de la localidad se hicieron amigos de los “sevillanos” y tanta amistad cogieron que en el día de la despedida hubo mas de una lágrima furtiva que se escapaba por la mejilla... y maldita sea, esos ojos rojos que no se pueden disimular.
Hay muchas anécdotas del campamento, pero no creo que sea buena idea llenar este artículo de esas cosas, sin embargo, los chicos en un 98% se integraron bien en la dinámica del campamento, cuando tuvieron que hacer los talleres, dinámicas, juegos, clases, lo hicieron, excepto algún mal ejemplo al que no le quiero dar importancia. Y cuando hubo que
mandarles a que adecentaran la habitación, porque aquello no lo parecía, también se pusieron manos a la obra. No les miento, hubo disputas y peleas, encontronazos, pero en mayor o menor medida todos se arreglaron de la única manera posible, dialogando. Y cuando no quisieron entrar en razón pues se les dejaba meditando su postura, hasta que se daban cuenta de que así no podían seguir, el aislamiento iba unido al aburrimiento, y por eso al final todos aprendieron esa lección, pedir perdón es mejor que estar solo y aburrido.
Por lo tanto vuelvo a valorar esta experiencia como muy positiva, ha sido un placer conocer a gente de otras poblaciones como Cañete
con toda su historia (que no es poca), o a nuevos monitores con los que uno tiene una sensación muy familiar y de conectar rápidamente, el saber que hay 40 niños mas que saben jugar al ajedrez siempre es una buena noticia para los que nos gusta este juego; haber conocido a chicos de otros países que por circunstancias diversas han ido a parar a nuestro país y donde han cogido ciertas costumbres lingüistas de Sevilla y es que llama la atención que rusos y rumanos, que apenas sabían algo en castellano, el illo lo dominaban con gran facilidad. Y por cierto, que los chicos que no sabían castellano pues apenas llevaban 6 meses en España, al final, casi que hablaban por los codos, rompieron su timidez y se soltaron por completo. ¿Se puede pedir mas en 8 días?
Francisco Macías Rodríguez